María Cegarra Salcedo: química y poeta

Ilustración del Homenaje a María Cegarra editado por Santiago Delgado

Quiero ser constelación. Asomar mis instantes de
la mano a las balsas del mundo, al puente roto de los
pensamientos, ver en la llama la luz,
negar la gravedad,
y crear para creer.

Para celebrar el Día de las Escritoras quiero recordar la vida y la obra de la unionense María Cegarra Salcedo, que hizo de la poesía química y de la química poesía.

Ana María Otilia Cegarra Salcedo nació el 28 de noviembre de 1899 en la calle Mayor de La Unión, provincia de Murcia. Fue la cuarta y última de cuatro hermanos: Andrés, Pepita y Ginés. Sus padres eran Ginés Cegarra Bernal, agente comercial nacido en Alumbres y Filomena Salcedo Apolinario, maestra procedente de Córdoba.

Cursó sus primeros estudios en el Colegio-Asilo de huérfanas del Carmen, dirigido por religiosas carmelitas, en el grupo de niñas que recibían educación de pago. En palabras de su compañera Natividad Paredes Campillo: «María es una niña espigada, hasta el punto que sobresalía, en la capilla del colegio, no sólo de nosotras —sus compañeras de clase—, sino de las del curso inmediato superior; muy delgada; de ojos grandes y vivos —no vivarachos—; y mayores silencios —en los recreos, siempre estaba por algún rincón, sola o con otra del mismo estilo, o hablando con la monja—; rara vez jugaba con el grupo o en grupo, a lo más se le veía jugando a las tres en raya con otra compañera. En clase, nunca “salía” voluntaria; y cuando le preguntaban, contestaba bien y en pocas palabras. Nunca llevó “cuentos” ni chismes de otra compañera. Siempre estaba dispuesta a ayudarte en cualquier duda de ortografía o de problema de aritmética». Fran Garcerá, en la introducción de la reedición de Cristales míos —del que os hablaré al profundizar en la faceta poética— explica: «María mostró ya desde sus primeros años un carácter reservado e introvertido, algo que no le impidió implicarse en actividades escolares extras. Así, por ejemplo, durante la fiesta de fin de curso de 1916 fue ella la encargada de pronunciar un discurso en representación de todas sus compañeras». María, celosa de su intimidad, vivía en su propio mundo interior, un lugar repleto de imaginación y fantasía.

Durante la adolescencia, llegaron tiempos difíciles para la familia. Su hermano Andrés fue diagnosticado de anquilosis degenerativa y La Unión, tras la Primera Guerra Mundial, se vio sacudida por una grave crisis minera al paralizarse la exportación, trayendo un periodo de paro, hambre y precariedad. Se cerraron comercios y negocios. Las familias con mayor poder adquisitivo se trasladaron a Cartagena o a Murcia y los más pobres tuvieron que emigrar lejos en busca de un trabajo que les permitiese sobrevivir. Los que permanecieron en La Unión, como los Cegarra Salcedo, sufrieron la escasez, el abandono y la nostalgia.

María se volcó en ayudar a Andrés y hacer más llevaderos los años que le quedaban de vida: «Mi hermano estaba enfermo desde los 13 años, con una enfermedad oscura de dolores, que lo fue anquilosando lentamente, de tal forma que cuando llegó a la edad de hombre estaba inmóvil… Escribió varios libros e incluso tuvo una editorial, y luego, cuando quedó imposibilitado de brazos, siguió desarrollando esta labor, nos la dictaba, a mis padres, a mis hermanos, a mí… Y yo era una de sus amanuenses». Tal y como explica María, Andrés realizó una gran labor literaria como escritor y como fundador de la revista Juventud y de la Editorial Levante. También se preocupó por el futuro de La Unión en el trabajo La Unión, ciudad minera, en el que analizó las causas de la crisis y las medidas que podían adoptarse para solucionarla.

LA QUÍMICA

Como relataba María, fue su hermano Andrés quien la convenció de que estudiase química: «La Química no fue una decisión mía, yo no hubiera elegido nada, hubiera sido una mujer vulgar. Andrés, mi hermano, decidió que yo debía de tener un medio de vida. Así, en tierra de minas, analizar minerales podía tener futuro. No elegí Química, pero me enamoré de ella. La conjunción de la química con la poesía en mi vida es un estado de gracia».

Entre los años 1921 y 1924 trabajó como ayudante técnica en el laboratorio de análisis industriales de la viuda de Francisco Munuera y el 7 de mayo de 1928 obtuvo el título de Perito Químico en la Escuela Politécnica Superior de Alcoy (EPSA), convirtiéndose en la primera mujer perito químico de España. María, con el fin de sacar rédito a sus estudios, estableció un laboratorio de análisis químico de minerales (Laboratorio Cegarra Salcedo) en los bajos de la casa familiar, situada en el número 10 de la calle Bailén. Allí fabricó la Konglutina, un cemento para hierro revolucionario que permitía tapar poros y grietas.

Folleto de la Konglutina

En 1934, «en virtud de concurso de méritos y examen de aptitud», fue nombrada Profesor Auxiliar de Ciencias Físicas, Químicas y Naturales en la Escuela Elemental de Trabajo de Cartagena, simultaneando esta docencia con clases en la Escuela Superior de Trabajo como Auxiliar meritorio del grupo 4º desde 1932 a 1936, y desde 1939 a 1940.

En 1940 se matriculó en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Murcia y obtuvo el título de Licenciada en Ciencias Químicas en 1946. En 1950 era profesora auxiliar en la Escuela de Peritos Industriales de Cartagena y, con el tiempo, pasaría a ocupar la Cátedra de Química de dicha escuela hasta su jubilación.

LA CIUDADANA

María siempre estuvo muy comprometida con La Unión, que describe con estas palabras:

… tiene un destino inquieto y emocional. Sus minas se abren a la sorpresa —gozo y desventura—, en desasosegada existencia oscilante. Ello ha ido dejando un trazo desigual, poderoso y humilde, creando un espíritu sensible y generoso.

Paisaje desnudo y rudo. Fuerte de contornos, limpio de horizontes, brillante de rocas, oscuro de pizarras. Una luz densa, abierta, recoge el suspiro macizo de la tierra. (Los pozos son ojos para sus entrañas, que quieren asomarse al azul de los cielos).

Una soledad que no se borra, ni aún con el bullicio de la fiesta, porque es de su rostro, —de su frente de sueños—, parece que aísla a la ciudad, que la pone al margen de la vida cotidiana, en una noble aspiración de digno señorío.

Ilustración de Pedro Ginés

Fueron muchos quienes recomendaron a María abandonar La Unión, en especial, su amiga Carmen Conde, fundadora junto a su marido Antonio Oliver de la Universidad Popular de Cartagena. A Carmen la conoció a través de Andrés y, muerto este en enero de 1928, la relación entre ambas se hizo más estrecha. En numerosas ocasiones intentó que María saliese de su espacio geográfico para tener un futuro más prometedor. Le propuso continuar sus estudios en el extranjero y se ofreció a ayudarla en todo lo posible. Pero María llevaba La Unión muy adentro: «Amo mi tierra, La Unión entrañablemente. Nunca quise alejarme de ella, aunque tuve oportunidades ventajosas para hacerlo. Su vida de dicha o desdichas es para mí gozo o tristeza. Me siento amparada bajo su cielo, inmenso techo siempre azul, como el cobijo de mi propia casa, en la que no se puede permanecer indiferente, porque seduce y atrae. La Unión tiene un pasado de grandeza, cuando la plata se cosechaba de sus tierras como la yerba de los prados, y conocidas unas crisis económicas, tan profundas como sus propios pozos. Las dos situaciones ha sabido vivirlas y la han dejado marcada en un estilo, un modo de hacer y de pensar, ambicioso y humano. Así, sus ansias de superación, sus deseos de alcanzar el engrandecimiento de la ciudad y de sus hombres».

Antes de la Guerra Civil, María no estaba definida políticamente, después, como harían muchas otras mujeres, entró en la Sección Femenina de la Falange Española. Como delegada, coordinó el taller de bordado, contribuyó a la formación de jóvenes puericultoras con el fin de paliar el grave problema de mortalidad infantil de la posguerra española y llevó a cabo labores humanitarias como la distribución de ropas y alimentos a los necesitados. Era una ferviente católica que no permitió que sus creencias ni ideas políticas le impidiesen trabar amistad con personas de distinto talante político como Raimundo de los Reyes, Miguel Hernández, Ramón Sijé o la citada Carmen Conde. 

Siempre estuvo muy integrada en las actividades de la localidad y, pese a sus reticencias, se vio avocada a entrar en política en 1960 como concejal del Ayuntamiento de La Unión. María apoyaba las huelgas reivindicativas, puesto que creía que las injusticias debían darse a conocer y criticaba el trato de algunas grandes empresas hacia sus trabajadores. Su actitud fue conservadora, pero sus ideales eran la solidaridad y la paz. En 1980 le fue impuesto su nombre al Instituto de Enseñanza Secundaria de La Unión.

En 1981 fue nombrada Académica correspondiente de la Academia Alfonso X el Sabio a propuesta de Valcárcel Mayor, Colao Sánchez y Barceló Jiménez. Otros reconocimientos destacables son el nombramiento de «Mujer del Año» y el nombramiento de «Popular Tertulia Mesa-Café 1989», en 1989; el homenaje «Amas de Casa 1990» y la conferencia-homenaje en el Centro Cultural Asensio Sáez de La unión, en 1990; el homenaje del Gremio de Libreros de Murcia, la publicación de un fascículo íntegramente dedicado a ella en la colección «Escritores Murcianos de Ayer y de Hoy» y el título de «Hija Predilecta de La Unión», en 1992.

Murió en La Unión el 26 de marzo de 1993 y el Ayuntamiento de La Unión declaró dos días de luto oficial. La capilla ardiente se instaló en el Instituto Nacional de Bachillerato que actualmente lleva su nombre.

DESPUÉS
Me moriré en La Unión, junto a las minas,
con un rumor de mar a mi costado,
el cante de mi tierra como rezo
y el trovo de un amigo por corona.
Tengo miedo que me cubra la tierra,
pero el amor callado de mi ensueño
desgarrará la oscuridad silente
alcanzando la luz inconsumible.
Mi mesa con su enredo de cuartillas,
cartas que no alcanzaron su respuesta,
un libro abierto, un retrato escondido.
Envuelta en soledad de soledades,
sin que nadie la recoja y la viva,
la emoción de mis versos al olvido.

LA POETA

Como amanuense de Andrés, María se empapó de sus artículos y poemas y participó en las tertulias literarias que este mantenía en su casa con algunos de los intelectuales más destacados de su entorno. Tras la muerte del hermano, nació la poeta: «Después de morir Andrés, inmediatamente empecé yo a escribir. Antes no había hecho nada. Es posible que el haber elegido yo este camino de la literatura haya sido por prolongar la memoria de Andrés»   

La poesía de María muestra su intimidad a través de la desnudez expresiva: «Siempre he escrito la poesía dejándome llevar por los sentimientos. He dicho aquello que brotaba de mí con la necesidad de ser contado». Sigue en contacto con su hermano a través de los versos. En un primer momento transcribía los poemas que más le gustan y, poco a poco, comenzó a componer piezas propias. Poemas que iba guardando en un cajón hasta que Carmen Conde, Antonio Oliver y Ernesto Jiménez Caballero la animaron a publicarlos bajo el título de Cristales míos.  

Nueva edición de Cristales míos

Cabe decir, a modo de anécdota, que el prólogo de esta obra provocó una situación incómoda entre Carmen y María que enfrió un tanto su amistad. María deseaba que la prologuista fuera Gabriela Mistral, amiga de Carmen, así que le pidió a esta que se lo solicitase a la escritora chilena. Sin embargo, para la estupefacción de María, el libro prologado por Gabriela Mistral fue el de Carmen, Júbilos.

Antes de adentrarme en su obra, me gustaría compartir con vosotros una peculiaridad de María: el tintero de tinta verde que alimentaba su pluma. Por los múltiples textos que se conservan, puede observarse que utilizaba esta tinta con asiduidad, puede que incluso la fabricase ella misma en el laboratorio.  

CRISTALES MÍOS (1935)

82
¡Cuánto tiempo que no oigo tu voz!
Por escucharte, canto. Por saber de ti, he inventado este falso renacer.

Cristales míos consta de una colección de 82 poemas en prosa dedicados «al hermano ausente, en su retiro de eternidad» y fue publicado en la Editorial Levante, que, como hemos visto, fue creada por él. Está estructurado de la siguiente forma:

— Corpus de 48 poemas breves.
— Recuerdos de la nevada.
— Poemas de laboratorio.
— Ensayo espiritual de los perfumes.

Un mensaje elegíaco elaborado en un lenguaje sencillo y contundente, un canto al dolor en el que también están presentes otros elementos de la poesía de María como el amor, la naturaleza, nos niños, el tiempo o la muerte.  

30
Entre el mar y yo, tú. Entre mi alma y el mar una amargura infinita.

En este primer poemario, ya encontramos la voz poética de María («Siempre escuchándote, y súbita, al fin, la voz»), si bien también se puede apreciar la influencia de la poesía de Juan Ramón Jiménez, a quien consideraba su maestro y quien la felicitó por carta. Un poemario que, al igual que su título, es puro y depurado como el cristal, busca la esencia de las cosas. El prologuista Ernesto Giménez Caballero, en su texto, se refirió a esta pureza artística: «… tiene una pureza técnica que no posee casi ninguno de los poetas de esa escuela valeryana y gongorina: su sentido sincero y profesional del formulismo químico, que —aplicado a la literatura— le da ese tipo de haikai, de epigrama clásico que son sus poemas».

2
No escuchamos tu voz; pero sentimos que estás muy cerca de nosotros. Tanto, que nos llega al rostro el leve aire que desplaza tu invisible figura. Ostras veces, en cambio, te sabemos tan lejos, que miramos con ansía los remotos luceros creyendo adivinar en ellos un reflejo de tu nuevo y distante paradero.
Si supiéramos que habíamos de encontrarte recorreríamos el mundo, pero el corazón vacila inquietante sin orientarse.
¿En dónde nos esperas?

* * * * *

20
Las ausencias no lo son por el tiempo, sino por la distancia. Un minuto lejano es zanja de sepultura. Y en la invisible proximidad, saltan, seguras y apretadas, las caravanas de colores de los sentimientos.

* * * * *

33
Yo soy quien enciende las estrellas. Llevo un río condensado de luz, que hace arco con la altura.

En Cristales míos también destaca la conexión entre la química y la poesía. Esta se hace evidente en las secciones «Poemas de laboratorio» y «Ensayo espiritual de los perfumes»:

71
Hidrocarburos que dais la vida: Sabed que se puede morir aunque sigáis reaccionando; porque no tenéis risa, ni mirada, ni voz. Sólo cadenas.

* * * * *

72
La química lo afirma pero se engaña. No existe la saturación.

* * * * *

73
La sonoridad de las ebulliciones y de los alambiques, es como un viento sin mar y sin molinos.
Les falta actividad de velas agitadas de blancura.

* * * * *

74
¡Ansia de la transmutación! Para conseguirte, cada vez más pequeña, más minúscula, más átomo.

* * * * *

80
3—Las armas de amor de la química son los perfumes.
Por conductores invisibles del espíritu llega la electricidad del aroma venciendo la voluntad.
Las esencias son voces nuevas del sentimiento que arroban y conmueven, escritura indeleble en la página estremecida del éter. Decir en olor es la expresión más justa.
Todo escucha cuando nace un perfume, oratoria del silencio.

Pero empapa toda la obra a través de las palabras que emplea y las imágenes que evoca:

7
He cerrado la puerta de mi corazón con una recia muralla de indiferencia, y a través de ella se ha filtrado —ósmosis de sentimientos— el paisaje anímico de una sonrisa.

Su conexión con la vida cultural posibilitó que Cristales míos obtuviese una excelente acogida, fuese reseñado en la prensa nacional y llegase a manos de los principales integrantes de la generación del 27. Miguel Hernández, tras recibirlo, envió este mensaje a su estimada amiga: «La ternura de su libro, como temblor contenido y transparente me llegan enseguida y me hacen participar de su emoción humana, no por recogida menos visible…», y calificó los poemas como «rociados de pólenes de las minas y el corazón, sumergidos en melancolía, mar y soledades…».

MARÍA Y MIGUEL HERNÁNDEZ

María había conocido a Miguel en el Homenaje que se le tributó en Orihuela a Gabriel Miró en 1932 y, al igual que él, colaboró en la revista El Clamor de la Verdad, creada para conmemorar este hecho. Volvieron a encontrarse cuando Miguel, invitado a presentar su Perito en lunas por Antonio Oliver y Carmen Conde, acudió a la Universidad Popular de Cartagena en julio de 1933. Miguel se acercó a los amigos de María y, al verano siguiente, visitó Cabo de Palos con sus amigos cartageneros entre los que ya se encontraba María.

Cuando Miguel recibe Cristales míos está ultimando El rayo que no cesa, del que le dedicará el soneto: «para mi queridísima María Cegarra con todo el fervor de su Miguel Hernández». En otra carta le escribe: «El otro día quité de la solapa de mi chaqueta aquel nardo que me regalaste. María, ha llegado conmigo hasta Madrid; no debió mustiarse nunca… ».  

Miguel Hernández

Miguel trataba de «traerla a Madrid y convertirla en la compañera que necesita», quería que su carrera tuviera mayor difusión. Pero, como sabemos, María nunca quiso abandonar su tierra que sentía que era su vida. Así que, después de algunas cartas de Miguel que no recibieron respuesta, se rompió la relación. Miguel se casaría con Josefina Manresa y fundaría una familia. María permanecería siempre soltera entregada a los suyos, al laboratorio, las clases y los versos. Sobre la relación entre ambos, María dijo: «Miguel visitó varias veces La Unión; conoció la sierra minera, nuestros mares. Simpatizamos. Sostuvimos una breve correspondencia cuando se marchó a Madrid. La guerra civil, que tantas cosas deshizo, se lo llevó a él también».

María no volvió a hablarle a nadie de Miguel, aunque Miguel siguió presente en sus versos. Ese mismo año 1935, lo encontramos en algunos poemas inéditos como «Definitiva entrega», «Crepúsculo», «Vísperas» o «Recuerdo».

RECUERDO
Te vas perdiendo poco a poco, como un crepúsculo aferrado en las orillas vivas de los días, para morir al fin en el oscuro mar que te arrebata.

Mi pupila, taladrada de ti, quiere cegarse de olvidos y deshacer las huellas que dejó tu armonía.

Si alguna vez retornas, traerás tu voz distinta como una palma nueva, nueva y desconocida.

En 1939, su recuerdo palpita en «Último momento», al que pertenece este fragmento:

Aunque estuve contigo, no supe de tus ojos en el nacer del alba, ni en la hora profunda en que la luna entierra sus desmayos. Sólo quedó tu voz extraña y fría enroscada a mi ser como un insomnio, levantando columnas de rara arquitectura hasta llegar al cielo dehiscente.

Ya están los vientos rotos. Los cinco guardianes reciben el tesoro deshecho y vivo en su agonía. Torres desnudas, mares laminados, anchura quieta y llena del único suspiro capaz de taladrar la pupila vacía, el corazón perdido en rosas y la sien socavada de desvelo.

En ecos sin estancia, racimos de horizontes van tejiendo su ruta.

Miguel murió de tuberculosis en la cárcel de Alicante en 1942, pero siguió vivo en los poemas de María, por siempre. En algunas poesías y prosas María parece arrepentida de la decisión que tomó y quiere justificarse a sí misma:

Yo sé que perdía el afán, el orgullo; que la ambición se hacía pedazos; que me quedaba para siempre a solas con mis sueños. Una razón de amor me sujetaba; amor amplio, generoso, el que engrandece todo lo pequeño y embellece cuanto toca.

Sacrificio escondido, estrella de interiores cielos.

En la primavera de 1976, rememoró sus visitas en este poema en el que ya cita explícitamente su nombre:

Miguel estuvo aquí
en mi tierra de minas
cercana de los mares,
en mi calle,
en mi casa,
conmigo…

Miguel traía de su Oleza vegetal
una carga de sol que lo abrasaba.
Fundido en arcilla parecía,
gleba roja levantada del surco.
En los labios un silbo de poeta
apretado de versos.
Dos topacios los ojos
tallados con las luces del pensamiento,
luciérnagas de pozos infinitos
con presencia de árbol y de honduras.

Sí «la muerte llena de agujeros»
y «el luto y la tristeza» le acabaron.
Aunque la fecha es otra y diferente
y los crespones el viento se llevara,
recién muerto está, caliente para siempre,
por nacido a la vida que no acaba.
El tiempo de llorarle permanece.
Las horas de sentirlo no terminan.

Perito en lunas, amigo de los astros.
Rayo del alma sin cesar vertido.
Tu barro lumbre ahora, en la lumbre de Dios.
Inconsumible eterno fuego de bellezas.

En este recuerdo de Miguel
soy de entonces, aunque me encuentre hoy.
Y canto calladamente en sufrido destino
la nana de la cebolla con los brazos vacíos.

Y en 1979, lo recuerda en la revista Tránsito:

PRESENCIA DE MIGUEL
Nadie
—ni antes ni después de ti—
supo, sabe
pronunciar mi nombre.
Hacías una creación de la palabra,
del tono, del sonido, del acento.
Voz nueva, distinta.
Con rumor de campos.
Alzada en solitaria espiga.
Crecida en anchas claridades.
Levantada en blancuras de nubes y rebaño.
Despierta en ecos jamás aparecidos.
Tú, asombrado al oírte.
Sorprendida, yo.
Alado hallazgo.
Emocionado palpitante vuelo,
con hondura de verso.
De cielo las alturas.
¿En dónde hallaste el «¡María!»
rotundo, sonoro,
a un tiempo débil, fuerte,
limpiamente nacido
en traslúcido aliento?
¿De dónde los tactos de sus sílabas?
A tus llamadas me encontré.
Sin moverme acudía.
Entonces de mí supe
la belleza de las cálidas letras
que me envuelven y acompañan.
Entonces vinieron a mi mundo
sueños, ilusiones, esperanzas.
Entonces nacía El rayo que no cesa.
Y mis pequeños poemas, tristes, asustados.
Entonces…
Te recuerdo en mi nombre
aprendido de ti—
que conmigo, inseparable, llevo.
Inconsumible, ingrávido.
Sin muerte y sin dolor.

En sus versos se percibe un enamoramiento de María hacia Miguel que se prolongó más allá de la muerte de este.

OBSEQUIO ÚLTIMO A MANOLETE (1948)

Esta es una rareza en la carrera literaria de María que apareció en edición numerada de la Editorial Levante y con un formato peculiar: un folio plegado con una portada de Asensio Sáez. El texto resulta insólito porque María nunca había manifestado interés por la fiesta nacional. El motivo de llevar a cabo el proyecto y rendir homenaje al torero parece ser la voluntad de hacer suyo el escalofrío que experimentaron muchos españoles ante la tragedia en el ruedo. Según la propia María, sintió: «la obligación de acudir a tu duelo y llevar en el pecho la rosa negra de mi luto».

BODAS DE PLATA CON LA MUERTE (1953)

María participó en la edición homenaje numerada a su hermano Andrés Cegarra Salcedo con este poema:

ANDRÉS, AUSENTE
No puedo imaginarme el paisaje que vives,
ni cómo saltarías la escalera de nubes apretadas,
ni qué brazos de viento poderoso,
de palmera en milagro con millares de dedos afilados
sosegaría tus pulsos.
Rotas ya las incógnitas,
deshecho el enigma inquietante,
puedes mirar a Dios con tus ojos de lluvia,
contarle quedamente tus tristezas
y cómo es en los hombres la esperanza de su misericordia.
Veinticinco años tienes en la aurora divina,
en el pasmo glorioso de tu alba.
Tus padres te acompañan en la fecha celeste.
Caliente está tu madre todavía del sudor de la tierra,
pero acudió, tenue, sufrida,
a tus bodas de plata con la eternidad.
¿Con qué palabras cantas?
¿Cómo es el verso que cruza tus mundos?
¿Qué músicas desnudan tus oídos?
¿Qué sentimientos llevas en el pecho?
Correr, correr, será uno de tus cielos.
Dios te lo mandará con ímpetu suave y complacido
de premio bien ganado.
Atrás los faros, las cimas y las torres,
bajo tus pies las aves.
Los ángeles, de un vuelo, suavizarán vertientes luminosas,
para que tú discurras impalpable,
pues todo serás luz, inconsumible, abierta ,
en el gajo sin carne de la luz.
Así estamos unidos. Entre tus dedos llevas nuestro tiempo.
En nuestras frentes vas sin apagarte.
Tus hermanos sabemos cuan potente y erguida
es tu nueva existencia;
nos lo dice el amor y la fe
del callado y caliente palpitar del corazón.
Los astros serán tuyos,
podrás pisar sus cumbres y elegir un balcón
donde mirar, sereno, sonriente, desbordado en ternuras,
nuestro recuerdo vivo,
sin traiciones,
en este soplo ausente de veinticinco años.

DESVARÍO Y FÓRMULAS (1978)

Busco mi alegría.
No sé si la perdí aquella madrugada
de lágrimas y luto.

El segundo poemario de María vio la luz con motivo de las «Bodas de Oro con la Muerte» de su hermano Andrés, cuarenta y tres años después de que se publicase el primero. El título surgió de dos palabras que figuraban en el prólogo de Ernesto Giménez para Cristales míos: Desvarío y fórmulas.

AGUA
Con dos letras y un número,
el agua en la pizarra muriéndose de sed.
La primavera penetraba en el aula
abriendo sus inmensas pupilas de universo.
Arrebatando la calma y el sosiego
con su caliente aliento de vitales sorpresas.
Un dorado abejorro, irónico, zumbón,
entregaba su vuelo
a la gota de linfa desecada.
Insistía en borrar el esqueleto de tiza
indiferente.
Y surgieron, los vi, os lo aseguro,
manantiales rotundos.
Rumorosos torrentes.
Lagos serenos, mares.
Balsas verdes con mirada de hombre.
Ríos desafiando orillas.
Caprichosos arroyos…
Y la lluvia sutil y dulce
para el sofoco de la tierra.

Yo puse mis lágrimas.
Las guardadas lágrimas amargadas.

Está compuesto por 42 poemas que reflejan la identidad poética de la autora, su madurez. Poesías más extensas surgidas del quehacer cotidiano e inspiradas en sus experiencias en las aulas y en el laboratorio. Una vez más, la química es fuente de vocabulario e ideas. Sobre el poemario dice María: «Van en él mis alumnos, el laboratorio, anécdotas de clase, la mina, y otras emociones hondamente sentidas».

Praderas de números
Vertientes de letras.
Quiero espigar rosas
Y corto símbolos.
Busco el agua
En el cristal y susurro
Y surge la pizarra
Con su negro intenso.
Castigo y consuelo
Debatirse
Entre el no y el sí
De tu mandato;
Entre el sí y el no
De tu misterio.
Y llegar a encontrarse
Palpitando llena de incertidumbres
Y deseos.

* * * * *

He sido
una sencilla profesora de química.
En una ciudad luminosa del sureste.
Después de las clases contemplaba el ancho mar.
Los dilatados, infinitos horizontes.
Y los torpedos grises de guerras dormidas.
He quemado mis largas horas en la lumbre
de símbolos y fórmulas. Junto a crisoles
de arcilla al rojo vivo hasta encontrar la plata.
No he descubierto nada.
No tengo ningún premio.
A Congresos no asistí.
Medallas y diplomas
nunca me fueron dados.
Minúscula sapiencia para tan grandes sueños.
Pequeñez agobiante para inquietudes tantas.
Y rebelde ha surgido, como agua en desierto,
el manantial jugoso, intenso, apasionado,
—dulce herencia entrañable— que tiene la riqueza
de llenar de poesía tan honda desolación.

* * * * *

Sentí una honda tristeza al suspender al alumno vestido de negro.
Era como un árbol quemado.
Pantalón de hulla.
Jersey de grafito.
El cabello recordaba la turba.
Lignito en los zapatos.
Los ojos de azabache.
En un dedo un diamante
sus destellos lanzaba…
Presentó las cuartillas en blanco
sin escribir una palabra
del tema del carbono.
¡Cuánta tristeza sentí al suspenderle
siendo él yacimientos!

Es una obra llena de la sencillez resplandeciente de María, un paso más en su búsqueda de la belleza a través del verso. El último poema», se lo ofrece a su hermano Andrés.

C A R T A
ANDRÉS, inolvidable hermano:
Tu crítica presiento.
Tu juicio imagino.
Lo que escrito antecede
es tan tuyo, tan mío,
que su esencia de tu ausencia me viene,
y su latido de tu vacío nace.
Quisiera que este libro llegara
a tu lejano mundo de misterio,
donde mi desvarío encuentre,
sus ansiados ecos.
Deseo que me dictes como antes lo hicieras.
Terminar lo que quedó inconcluso.
Decir humana y bellamente
lo que nunca se dijo.
En tu deshecha tierra apoyar la mía entera.
Recoger los pensamientos de tu frente
en siega inacabable.
Anhelo ver lo que tus ojos vieran.
Cantar preciso lo que tu voz cantara.
Vivir la prisa de tus sueños siento.
Dolerme en tu dolencia necesito.
Ser tú,
—enajenado empeño—
Intento escribir y no te alcanzo.
Comienzo y no termino.
Insisto, fracaso.
Me turbo, deliro.
Lucho, me rindo.
Sollozo…
Sólo Dios conoce
el intenso amor que contiene este libro.

CADA DÍA CONMIGO. POESÍA COMPLETA (1986)

Me estoy acostumbrando
A vivir sin amor.

Cada día conmigo aparece publicado junto a los dos anteriores en su Poesía completa. Cuenta con una particularidad, empieza los versos de todos poemas con mayúscula, como Jorge Guillén. Entre los temas que trata, destacan Dios, la muerte, la maternidad y el amor. Cuenta con diferentes partes: «Los sueños», «Las soledades», «Las querencias», «Los tiempos» y «Los gozos». Está prologado por Santiago Delgado y confirma la autenticidad y armonía de su obra poética.

HOY NO PUEDO ESCRIBIR
La cuartilla es un pequeño lago frío,
Donde la letra es quilla que navega perdida.
Se deshojan las palabras
Como una rosa seca, sin olor.

Desbocados los verbos,
Culpan, acusan, nos insultan.

La voz se pierde en el hoyo repleto
Del corazón,
O cae al barro de las sucias pisadas.
Lejanos los hombres,
Descontentos, confundidos,
Sin encontrarnos…

Arcilla endurecida.

Dios está solo.

* * * * *

ESCONDIDO SENTIMIENTO
Junto a ti
Y sin poder mirarte.

Como un halo celeste y luminoso
Me envolvía tu vida.
Tu voz arrancaba del paisaje
Sus entornos inmensos y totales.

No eran para mí tus palabras
Ni la luz de tus ojos
Se fijaba en los míos.

Todo parecía sencillo, grácil.
Un sentimiento hondo,
Pozo, pecho endurecido,
Se ocultaba estrujado,

Allí estábamos
Distantes para todos.
Yo, a tu lado,
Sin poder mirarte.

* * * * *

ARENA
Necesito arena.
Un poco nada más.
La que cabe en la palma de la mano.
Pero ha de ser limpia, suave, seca,
sin conocer orillas ni marcas,
ignorando pisadas y desnudos.
Sin voces ni ruidos.
Que no sepa de peces ni de ahogados,
ni del rumor de caracolas.
Sin tortura de ramblas.
Blanca y pura arena, recogida con cuidado.
Sola.

* * * * *

Amanecía un nuevo resplandor.
Nadie me acompaña.
Me alejé de las gentes que cruzaban felices.

POEMAS PARA UN SILENCIO (1999)

EQUIVOCADAMENTE
Y te sigo esperando,
equivocadamente;
siendo tú quien me espera.

Cuando María fallece, deja una colección de poemas inéditos que había elaborado durante la enfermedad y muerte de su hermana Pepita y están dedicados a esta. La edición corre a cargo de Santiago Delgado. María deja clara la voluntad del escrito:

El contenido de este libro ha nacido como un rezo palpitante y desordenado. Sólo aspira a que, cuando lo lean los que conocieron a Pepita, le regalen a ella el oro de una oración. Muchas gracias de su hermana María

El tema principal es la ausencia de Pepita, cerrándose el ciclo poético que había iniciado con Cristales míos movido por la muerte de Andrés. El poemario cuenta con la sencillez expresiva propia de la autora, alejada de la poesía elegíaca más común. María destierra la ponderación del dolor para recurrir a los momentos íntimos compartidos, aquellos, a través de los cuales, revive a su hermana.

ENTREGA
Mi corazón, en la tristeza;
mi alma, en la esperanza.

* * * * *

ASIDERO
Digo «Mi hermana»,
y alcanzo todos los horizontes.
Sangres que a la vez palpitan
tienen el corazón en compañía.
¡Mi hermana!
No hay posesión más limpia,
hasta el infinito acendrada,
enlazadas las almas.
Asidero
que no hay fuerza que lo rinda.

* * * * *

TODAVÍA
Vienen, se marchan…
Aguardan otros,
hablan.
Yo contigo, en el silencio.
Lejano el gozo,
el desamparo alerta,
sin escuchar las voces.
Yo contigo, contigo.
Todavía…

* * * * *

SÚBITO
Tu pastilla de jabón
quedó sin terminar.
La he guardado con ansia
por si, aún, conserva
el humano tacto que la consumía.

A veces la cojo tiernamente.
Súbito,
es como si nos diésemos las manos.

* * * * *

HAY UN ANTES
Hay un antes,
atropellando el luto y la nostalgia,
sencillo, transparente.
Palabras fieles las de entonces,
de paz llenas.

La ilusión, palpitante.
Días anchos seguros,
cogidos a manos calientes y apretadas.
¡Qué hermosura de tiempo!
Lejanos, los temores;
enriquecido el corazón.

* * * * *

LAS MACETAS
Las plantas en sus macetas
te recuerdan.
Tienen una pátina amarilla de tristeza.
Les busco sol, abrigo, agua…
En nuestros silencios descubro
que les falta tu voz.
Sed de ti,
sin posible consuelo.

Una obra con tintes metafísicos en la que la muerte ocupa un papel destacado, no solo en relación a la hermana, sino también a sí misma.

POR ESTE CAMINO
Por este camino
que en sueños me acompaña,
deslumbrador, impenetrable, hondo,
que nadie pisa,
para mí destinado,
he de marcharme un día
para encontrarte.

* * * * *

TRÁNSITO
Espero.
Algo espero, sin duda.
Mi actitud quieta, callada,
así lo afirma.
Es la postura del que aguarda.
Llegan, hablan, sonríen acaso.
Una andadura inician.
Sin voz, sin latidos,
el tiempo avanza.
No abruma su silencio.
Su calma empuja, aprisiona.
Espero, digo.
Pues sé que ha de llegar
quien sin violencia
me arrebate.

* * * * *

EN GUARDIA
Haciendo guardia estoy.
En pie de marcha, quieta a la vez,
hacia un destino sin pisadas,
al que, despierta, he de llegar.
Limpia el alma,
ardido el pensamiento.

Con estas tres composiciones de despedida cierro la biografía de María Cegarra Salcedo, deseando que en un futuro cercano se publique su obra completa y su trabajo cuente con la difusión que merece en el territorio de lengua hispana.

BIBLIOGRAFÍA

José María Balcells, «Mujer y poesía española: 1980-2000», Universidad de León.

Juan Barceló Jiménez y Ana Cárceles Alemás, Escritoras, Instituto de la Mujer de la Región de Murcia, 2004 (págs. 11-13).

María Cegarra Salcedo, Cristales míos, Madrid, Torremozas, 2017.

María Cegarra Salcedo, Poemas para un silencio, Murcia, Editum, 1999.

Francisco Javier Diez de Revenga, Ana Cárceles, Dionisia García, Asensio Sáez, Carmelo Vera (Coordinador), Homenaje a María Cegarra, Santiago Delgado (Editor), Real Academia Alfonso X el Sabio.

Pilar Díez de Revenga Torres, «Lengua poética y lengua técnica: creación y ciencia», Universidad de Murcia.

María José García Bernal, «María Cegarra», Centro de Educación permanente de Adultos, Cartagena.

Marta Macho Stadler, «María Cegarra: poemas de laboratorio», Blog Mujeres con Ciencia.

Marta Macho Stadler, «María Cegarra Salcedo: la primera perito químico de España también fue poeta», The Conversation.

Bianchi Méndez, «María Cegarra: química y poetisa», Mujeres y Ciencia, Fundación Telefónica, 16 noviembre 2016.

Pedro Alonso Miguel, «He sido una sencilla profesora de química. María Cegarra», Blog La Alegría de las Musas 2, Poesía y Ciencia, Madrid, 20 septiembre 2016.

María Antonia Montoro Marín (Coordinadora), Escritoras, Instituto de la Mujer de la Región de Murcia.

María Rosa Penalva Moraga, La Obra Literaria de María Cegarra en su Entorno Vital, Tesis Doctoral, Universidad de Murcia, 2015.

«María Cegarra Salcedo», Región de Murcia Digital.

«María Cegarra Salcedo», Real Academia de la Historia.

José María Rubio Paredes, María Cegarra o la intimidad frente a la muerte, Fundación Dialnet, 1993.

«Coetáneos de Miguel Hernández: María Cegarra Salcedo», Fundación Cultural Miguel Hernández.

Acerca de Laura Morrón Ruiz de Gordejuela

Licenciada en Física por la Universidad de Barcelona y máster en Ingeniería y Gestión de las energías renovables por IL3. Tras desempeñar su labor profesional durante doce años en el campo de la protección radiológica, tuvo la oportunidad de entrar a trabajar en Next Door Publishers, donde, como directora y editora, puede aunar su pasión por la divulgación científica y los libros. Aparte de esta labor, desde 2013, ejerce de divulgadora científica en el blog «Los Mundos de Brana» —premiado en la VI edición del Concurso de Divulgación Científica del CPAN— y en las plataformas «Naukas» y «Hablando de Ciencia». Ha colaborado en los blogs «Cuentos Cuánticos» y «Desayuno con fotones» y en los podcasts de ciencia «La Buhardilla 2.0», «Crecer soñando ciencia» y «Pa ciència, la nostra». Es miembro del Grupo Especializado de Mujeres en la Física de la Real Sociedad Española de Física y socia de ADCMurcia y Cienciaterapia. En 2015 fue galardonada con el premio Tesla de divulgación científica de «Naukas».
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4 respuestas a María Cegarra Salcedo: química y poeta

  1. libreoyente dijo:

    Gracias por este maravilloso artículo

    Me gusta

  2. libreoyente dijo:

    Muchísimas gracias por tan maravilloso artículo y descubrirme esa excepcional poetisa y persona.

    Me gusta

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