Sobre la piel (cuento científico)

"El desconsol" Josep Llimona

“El desconsol” Josep Llimona

Aquella noche la sala era muy diferente. Hacía unas horas, bajo la lluvia, había tocado fondo. Sobre la mesa helada, donde en tantas ocasiones había colocado el detector de radiación, estábamos yo y mis miserias. No había alumnos a quienes describir lo que pasaba en ese tubo, cómo se generaban los rayos X que pronto atravesarían impasibles mi cuerpo. El diagnóstico sería la llave que me encerrase de forma definitiva en el infierno en el que me hallaba. El dolor insoportable que me impedía adoptar la posición correcta, daba demasiadas pistas de lo que encontrarían los malditos fotones. O mejor dicho, de lo que no encontrarían, porque ya no había húmero en el que quedar absorbidos. La sentencia era clara: habría que intervenir antes de que se soldasen los fragmentos en los que se había convertido mi hombro. Hasta entonces, mientras no hubiese habitación disponible, me colocarían en una zona común junto a varias camillas con pacientes en mi misma situación.

El tiempo se había detenido. No podía moverme ni un centímetro y retumbaban en mi cabeza palabras como prótesis, placa metálica, clavos… No tenía ganas de seguir ni de hacer frente a nada más. Llovía a cántaros en la calle y mi cama, poco a poco se empapaba de angustia. De pequeña me daba miedo la oscuridad, temía los ruidos nocturnos y los posibles fantasmas que tuviesen a bien hacerme una visita. Nunca sospeché que los verdaderos monstruos podían instalarse en la mente o aparecer, en medio de la calle, un domingo cualquiera. En aquella cama, la pesadilla era demasiado real.

La operación entrañaba gran dificultad. Tenían que reconstruir el húmero injertando material inerte y recubrirlo con una placa. Si todo iba bien, podría hacer una vida más o menos normal, aunque sin recuperar la movilidad por completo. También debía estar preparada a tener que someterme más adelante a una segunda operación. Aún así, se suponía que, como persona razonable, debía estar satisfecha de tener opciones y no quedarme inválida como ocurría tiempo atrás. Pero en aquel momento sólo sentía que no quería estar allí, que no era justo que en un instante y de la manera más absurda, se hubiese abierto un abismo.

Afortunadamente, el cirujano hizo una obra de arte tal que me puso en un aprieto. Ya no tenía excusa para dejarme caer en la desesperación, quizá había llegado el momento de tomar las riendas y aprovechar la ayuda que me habían brindado. Pero una semana más tarde, pese al éxito de la operación, el brazo estaba demasiado hinchado. Empezaba las sesiones con la fisioterapeuta que, tras el susto inicial al ver mi estado, se puso manos a la obra. Transmitía seguridad y su sonrisa eliminaba los nubarrones que se mantenían al acecho.

Calándome desde el principio, me explicó con detalle la utilidad de cada uno de los ejercicios que íbamos incorporando. Mi cuerpo se convirtió en una máquina compleja, repleta de física, que quería conocer. Mientras llevaba a cabo los diferentes movimientos pensaba en cómo estaban trabajando por dentro mis músculos, tendones y huesos, en su danza mecánica. Me había convertido en mi propio trabajo de investigación y me reconfortaba que la esperanza tuviese una base científica. Resultaba estimulante que la posible mejoría pudiese fundamentarse en certezas.

Luché día a día por vencer mi propia oscuridad y concentrarme en la asignatura que me había impuesto, en la que debía obtener la máxima nota. Y fue terriblemente duro. Muchas veces, demasiadas, sentí ganas de tirar la toalla. Pero lo logré y, con gran asombro y una tremenda alegría por parte de la fisioterapeuta, recuperé la movilidad totalmente y, con ello, puse en jaque a otro diablo interior que casi me había destruido.

Cuando la gente me pregunta sobre la importancia de la investigación, sobre cómo contribuye en mejorar nuestra calidad de vida, no necesito grandes argumentos. Ni siquiera tengo que explicar la importancia y utilidad que le doy al aumento y la búsqueda de conocimientos. Llevo tatuada la respuesta en una fina línea sobre la piel.

Pablo Gargallo

Pablo Gargallo

“Esta entrada participa en el I Certamen de Cuentos de Ciencia organizado por el blog Cuantos y cuerdas

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Acerca de Laura Morrón

Licenciada en Física por la Universidad de Barcelona y máster en Ingeniería y Gestión de las energías renovables por IL3. Tras años dedicada a la protección radiológica, he encontrado un empleo como directora editorial de Next Door Publishers, que aúna mi pasión por la divulgación científica y la literatura. Aparte de esta labor, también ejerzo de divulgadora científica en mi blog «Los Mundos de Brana» —premiado en la VI edición del Concurso de Divulgación Científica del CPAN—, en el podcast «Crecer soñando ciencia» y en las plataformas «Naukas» y «Hablando de Ciencia». He colaborado en el blog «Desayuno con fotones» y los podcasts de ciencia «La Buhardilla 2.0» y «Pa ciència, la nostra». Soy socia de ADCMurcia, Cienciaterapia, Asociación Podcast y ARP-SAPC. En 2015 tuve el honor de ser galardonada con el premio Tesla de divulgación científica de «Naukas».
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14 respuestas a Sobre la piel (cuento científico)

  1. ununcuadio dijo:

    Plas plas plas
    ¡Es extraordinario! Nunca había leído algo tan “especial”: el arte mezclado con la sensibilidad y con una percepción científica del mundo: inmejorable. Yo creo que deberías cultivar este género que se te da muy bien. E igual participar también por aquí (si no lo has hecho ya): http://www.inspiraciencia.es/es/

    • Que una persona como tú que ama la literatura me digas eso me hace una ilusión infinita.
      Estoy roja como un tomate 😉
      Yo creo que no estoy dotada para la “ficción” y los cuentos. He participado en este Certamen porque la ilusión que ha puesto Dan en organizarlo merecía el esfuerzo. Pero no es lo mío.
      Aún así me guardo este comentario como una medalla.
      Un beso muy fuerte Dolores,
      Laura

  2. Como de costumbre, Laura, escrito con una exquisita sensibilidad. Todo lo que yo pueda decir a partir de aquí es abundar en lo que ya he dicho en otras ocasiones.

    Es un placer leerte.

    🙂

    • Como de costumbre, tu comentario me hacen muy feliz y me da fuerzas para seguir adelante. Hay los visitantes de los Mundos de Brana que pasan a leer, los que dejan una flor en la puerta y saludan con un “me gusta” y los que pasáis a charlar un ratito. Me encanta que seas de los últimos. 😉

  3. María. dijo:

    Laura acabaras descubriendo la estructura atómica de la Fe.
    .

  4. Rubén García Colsa dijo:

    Así fue, tal cual. Pisé una placa de hielo y salí volando. Mi hombro derecho paró contra el borde de un escalón. Primero dijeron que parecía solo un golpe, luego fractura triple, al final fue: “Tienes el cuello del húmero hecho añicos”. Espere cuatro días totalmente drogado porque solo un traumatólogo se atrevía a operarme. Nueve meses de rehabilitación de lunes a viernes a las ocho y media de la mañana con un fisioterapeuta tan profesional como simpático. Decidimos que reírnos era lo mejor para sobrellevar los dolores y nos pasábamos la sesión de chiste en chiste. Recuperé el 70% de la movilidad lo que lejos de ponerme triste me sigue pareciendo increíble teniendo en cuenta lo que me pasó. Y ahora leo tu cuento y pienso: Así fue, ni más ni menos.

    • Rubén, la fractura de húmero es la más complicada que existe. Debes estar contento de haber recuperado el 70%.
      Y sí, sé perfectamente que fue así porque el cuento está basado en hechos reales y lo sufrí en mis propias carnes.
      A mi también me tuvieron tres días en esa sala porque era fin de semana y el cirujano estaba acojonado.
      Fue de la manera más idiota, llovía y resbalé con una placa metálica de un paso de peatones. Llevaba la mano en el bolsillo con lo cual piqué contra el codo y toda la fuerza se trasmitió al hombro.
      Por suerte, al año me dieron el alta y he podido recuperar la movilidad completamente. Tenía mucho miedo de no poder volver a nadar pero nado más y mejor que antes. ;P
      Muchos ánimos y que vayan muy bien esas sesiones. Si quieres, que me encantaría, ya me irás contando.
      Un besote,
      Laura

  5. darksapiens dijo:

    Acabo de leerlo, por fin… y me ha dejado sin palabras…

    No sé muy bien qué comentar que no hayan dicho los demás, pero… me ha encantado… 🙂 Y me ha venido un poco de dolor de hombro leyéndolo de lo bien descrito que está, claro >_<

    ¿Estás segura de que no es lo tuyo escribir estas cosas? ¡No apostaría yo por ello! 😉

    ¡Un abrazo! ¡Y me alegro de que al final todo saliese bien!

    • Hola Héctor,
      Me hace mucha ilusión leerte por aquí 🙂
      Cuando era pequeña, muy pequeña, quería ser escritora y hacía mis cuentos con sus dibujos y escribía poesías. Luego me enamoré de la ciencia pero seguía escribiendo y gané dos premios de narrativa y dos de poesía. Pero sabía que si tiraba por ciencias sin prepararme bien para escribir ya estaba eligiendo. Hice un curso de narrativa científico-tècnia y dos de poesía porque me gusta leer y tratar de escribir mejor. Pero una cosa es escribir lo mejor que puedo para mostrar algún contenido científico y otra muy distinta la ficción. Porque allí se necesita mucha imaginación, un conocimiento elevadísimo y general de los conceptos científicos y una narrativa exquisita. Porque la escritura tiene un papel mucho más relevante y tiene que ser brillante, personal, perfecta. Y no considero que cuente con estas herramientas al nivel del que debe disponerse de ellas.
      Por lo que a la poesía se refiere, yo misma le sugería a Dan la idea de incluirla y luego he pensado que es extremadamente complejo. Porque los poemas que me gustan y que siento son muy personales, universales pero de temas cercanos y la poesía científica está al lado del precipicio en el que se mueven los genios, en los que puede salir una obra magistral o una mierda absoluta.
      A mi no se me puede preguntar, que meto unos rollos.
      Un besito,
      Laura

      • ununcuadio dijo:

        Por fin, he llegado a leer tu respuesta a @darksapiens 😉 para algo sirven las vacaciones! xD Me gusta coincidir con todos los que han comentado por aquí. Todo hay que decirlo, cuando he leído Fe, he pensado en “hierro”, soy un caso 😛 jajaja. El caso es que aunque esto no sea tu fe, en el Evangelio dice que no hay que enterrar los talentos. Y tú tienes mucho y lo estás compartiendo con todos nosotros: gracias por dedicarte a la ciencia, pero no dejar de lado la literatura, ni en tu blog ni participando en las locuras de bloguilandia (léase en este caso, el concurso de Dan). Si algún día tienes tiempo (glups, he soltado la palabra maldita) y ganas, sigue escribiendo, que con todo lo que has vivido y la sensibilidad que tienes, yo soy público para cualquier cosa que escribas

      • Dolores, no sé ni qué responderte. Me emocionan mucho tus palabras porque sé cuánto valoras la literatura. Y porque palabras así de alguien que admiras y te importa hacen aún más ilusión.
        Teniendo un público como ti, no debería cerrarme en banda.
        Un besazo enorme.
        Laura

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