El final de la historia

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Henn Kim, «The End of the Story»

Lo lees en su mirada. El silencio no deja tregua, apuñala, rompe el lazo. No hay espacio para las palabras, para excusas redentoras. Los gritos muertos te oprimen el pecho. Petrificada, eres incapaz de retenerlo.  La forma en la que el desengaño esculpe su rostro se tatúa en tu memoria. Te recordará lo que has destruido al ponerte al descubierto.

El portazo pulveriza el alma, reanuda el tiempo. Los gemidos, liberados, desgarran el vacío. Elegía de llanto y temblor por la muerte de la mujer que él amaba, la mujer que hace tiempo que ya no eres. Te desmoronas, pierdes el control. Necesitas que baje el telón, no soportarías sufrir otra pérdida.

Arrastras tus despojos hasta el baño. Buscas las pastillas que borren la realidad, que acaben con todo. Al incorporarte reconoces la expresión que hace unas horas te ha hecho pedazos. Sientes náuseas. Comprendes. Tú tampoco te soportas. Deseas alejarte de ti misma. Tus ojos mates proclaman el mismo mensaje: DECEPCIÓN.

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Este relato participa en la iniciativa de @Divagacionistas con «decepción» como tema principal.

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«Versos para recordar las cifras de Pi» #PiDaySpain

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Hoy, 14 de marzo, es Día Internacional de π, Pi Day, según la escritura de la fecha en aglosajón (3.14).

El primero en celebrar una fiesta en honor a π en esta fecha fue el físico Larry Shaw en el Exploratorium de San Francisco, en 1988. Y la idea tuvo tan buena acogida que en 2009 hubo una resolución favorable de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, en la que se declaraba oficialmente el 14 de marzo como Día Nacional de π. Pero la popularidad fue mucho más allá de las fronteras de EE. UU.

Durante los pasados años me limitaba a celebrar este día leyendo los mensajes de twitter que hablaban de él. Pero hoy es distinto. He querido escribir estas líneas en el blog como agradecimiento a los responsables de la iniciativa Sin π no soy nada, impulsada por la extraordinaria matemática y divulgadora Clara Grima, que ha conseguido convertir este día en una Gran Fiesta de las Matemáticas.

Por mi parte quiero compartir con vosotros un Piema del ingeniero colombiano Rafael Nieto París. Los Piemas, poemas que, de alguna manera, se relacionan con el número π, pueden dividirse en tres clases: aquellos destinados únicamente a recordar sus cifras decimales a partir del cómputo de las letras de cada una de sus palabras; los que tratan sobre π y mencionan sus propiedades ―como el poema de Wilsawa Szymborska que apareció en el blog―; y los que cumplen ambas funciones.

El poema que publicó Rafael Nieto París el 20 de septiembre de 1989 en Diario 16 pertenece a esta tercera categoría. Su forma sirve para memorizar las cifras de π y su fondo trata sobre el número.

VERSOS PARA RECORDAR LAS CIFRAS DE PI

Soy π, lema y razón ingeniosa
de hombre sabio, que serie preciosa
valorando enunció magistral.

Con mi ley singular bien medido
el Grande Orbe, por fin, reducido
fue al sistema ordinario usual.

Arquímedes, en ciencias preciado
crea π, monumento afamado,
y aunque intérmina dio valuación,

periferia del círculo supo,
duplicando geométrico grupo,
resolver y apreciarle extensión.

Teorema legó, memorable
como raro favor admirable
de la espléndida ciencia inmortal;

y amplia ley, filosófica fuente
de profunda verdad y ascendente
magnitud, descubrió universal.

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Diseño de @fablabsevilla, taller de fabricación digital y prototipado de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla.

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Yolanda, la podcaster que crece soñando en la ciencia

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Yolanda tiene ocho años, cursa tercero de primaria y es la presentadora del podcast Crecer soñando ciencia que realiza junto a su padre Esteban Liñares. Tal y como explica Yolanda en su primer programa, el motivo que la movió a emprender esta aventura es conseguir que otros niños también puedan disfrutar de la ciencia.

Esteban es un apasionado de la divulgación científica y ha sabido transmitir este sentimiento a todos sus hijos. Ha logrado que la ciencia les resulte cercana y atractiva. Durante las grabaciones del podcast, es feliz viendo lo bien que lo pasa Yolanda, cómo se divierte llevando a cabo los experimentos. Su objetivo no es que su benjamina sea científica, como él mismo dice: «Mi intención es que vea que tiene esa vía abierta. Luego ya decidirá su camino».

El objetivo de Crecer soñando ciencia es, como apunta Yolanda: «que los niños intentemos entender lo que nos rodea a través de la ciencia». Para ello, el programa consta de tres partes: en la primera se presenta la vida de una persona que haya destacado por su carrera científica, en la segunda se habla de algún tema que nos ayude a conocer mejor el Universo y, en la tercera, se realiza y explica un experimento científico (que también se graba en vídeo).

Yolanda en plena grabación.

Yolanda en plena grabación.

Pero además de contenidos elaborados con esmero, el programa también cuenta con colaboradores entregados e invitados de lujo. En el segundo programa, Yolanda y Esteban estuvieron acompañados por Vega, Brais y Alex y, en el tercero, participaron Hugo, Sara (hermana de Yolanda) y el grandioso astrofísico y divulgador Ángel R. López-Sánchez (El Lobo Rayado).

En la web de Crecer soñando ciencia, gestionada con tanto cariño como el podcast, podéis encontrar todos los programas para escuchar y descargar, enlaces para ampliar la información abordada en cada capítulo, fotografías inéditas del «cómo se hizo» y los vídeos protagonizados por Yolanda. Una absoluta delicia.

Desde aquí quiero agradecer a Yolanda y a Esteban su excelente labor, me da esperanza.

Os dejo con uno de sus vídeos:

 

 

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Laura en el tren de las maravillas

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Me despierta un golpe. El tren está detenido. En medio del pasillo, un joven subido en una escalera está intentando fijar lo que parece ser un péndulo al techo del vagón.

—¿Está usted bien? Parece que hubiera visto un fantasma —me pregunta el caballero sentado a mi lado.

—¿Qué hace? ¿Por qué no arrancamos?

—¿Quién? —señalo al equilibrista que ha estado a punto de pegarse un batacazo.

—El péndulo debe estar bien sujeto antes de ponernos en marcha —me contesta con retintín, como quien responde a algo demasiado obvio. Empiezo a sentirme algo incómoda…

—Pero… ¿para qué lo está colgando?

—Para hallar la aceleración constante a la que arrancará el tren a través de la desviación del péndulo… para qué va a ser…

—¿Por qué? ¿El maquinista la desconoce?

Me mira asqueado al tiempo que los pasajeros del vagón dedican un caluroso aplauso al Colgador de péndulos que ha conseguido concluir su arriesgada misión sin partirse la crisma.

Empezamos a avanzar, algunas personas se acercan al péndulo, ya desviado, para medir su distancia respecto al suelo. Dictan números que el resto apunta en sus libretas cuadriculadas. Me invade la angustia, no pueden estar todos mal de la chaveta. Intento distraerme mirando el paisaje.

Se escucha un sonido y, al rato, anuncian por megafonía: «Queridos pasajeros,  estamos viajando a una velocidad constante de 100 km/h, sin viento apreciable y la nota emitida por el silbato ha sido de una frecuencia de 300 Hz. Deben calcular qué frecuencia ha percibido una persona sentada en el bar de la estación que hemos dejado atrás».

Mi compañero se percata de mi cara de consternación.

—Lo sé, se han olvidado de decirnos la temperatura para saber la velocidad del sonido que tenemos que tomar.

De nuevo por megafonía: «Disculpen, consideren una temperatura de 20 ºC»

Mi interlocutor sonríe satisfecho.

—¿No hace los cálculos?

—¿Para qué? ¿Me van a dar un caramelo?

—No, la merienda —responde tajante—. ¿Es la primera vez que viaja en tren? Mi hermano también estaba muy alterado durante su primer trayecto.

—No me lo diga, son gemelos y ahora mismo está en una nave espacial.

—¿Cómo lo ha sabido? —exclama maravillado.

Me siento desfallecer. Me recuesto en la ventana al tiempo que aparecen por la puerta tres chicas. Dos de ellas llevan un espejo, la tercera, una linterna.

Relatividad —me explica.

El tren comienza a acelerar. Está claro, moriré en un puñetero manicomio rodante…

***

Me despierta una voz electrónica: «Próxima parada: Sevilla Santa Justa»

Sonrío aliviada. Recojo las cosas y me despido del pasajero de mi lado.

—Buenas noches, ha sido una pena que se perdiese el cálculo relativista.

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Este relato participa en la iniciativa de @Divagacionistas con «trenes» como tema principal.

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La radiactividad en «Burque al cubo»

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Ayer, domingo 12 de febrero, tuve el honor de participar en la sección «Burque al cubo» del cómico racionalista Manuel Burque, que forma parte del programa conducido por Javier del Pino, A vivir que son dos días.

Durante mi intervención traté de dar un apunte sobre la naturaleza de la radiactividad pero, para poder entender mejor en qué consiste, os invito a consultar dos entradas en las que se explica de una forma fácil y entretenida:

Mis tres científicas elegidas para los famosos Premios Burquel o torneo de científicos de Manuel Burque fueron:

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Más información sobre ellas en:

Lise Meitner:

Maria Goeppert-Mayer:

Chien-Shiung Wu:

Ir a descargar

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Gertrude Scharff Goldhaber, física nuclear

Quería entender de qué está hecho el mundo.

Gertrude Scharff Goldhaber

Gertrude Scharff Goldhaber, nacida en Mannheim, Alemania, el 14 de julio de 1911, se enamoró de los números a los cuatro años y decidió estudiar física y matemáticas siendo todavía adolescente. Un precoz interés por la ciencia que contó con el respaldo paterno, quizás porque su propio padre tuvo que renunciar al sueño de ser químico a los dieciséis años, cuando perdió a su padre y tuvo que abandonar la escuela y hacerse cargo del negocio familiar de venta al por mayor de alimentos.

Durante su infancia, Gertrude sufrió la escasez de los tiempos de guerra pero, aun así, las dificultades provocadas por hiperinflación que siguió a la Primera Guerra Mundial no impidieron que prosiguiera sus estudios.

En las aulas de la Universidad de Munich, pronto se acrecentó su pasión por la física. Una atracción que su padre, deseoso de que estudiase derecho, no apoyó como había hecho antaño. Pero no tenía nada que hacer, Gertrude no sentía el menor interés por la legislación; «quería entender de qué estaba hecho el mundo».

Como era frecuente en aquella época, pasó algunos semestres en otras universidades, como la Universidad de Friburgo, la Universidad de Zúrich o la Universidad de Berlín (donde conoció a  su futuro esposo), antes de regresar a la Universidad de Munich y conseguir un puesto con Walter Gerlach para realizar su tesis doctoral sobre los efectos de la tensión mecánica sobre la magnetización.

Mientras tanto, la situación en Alemania se había vuelto insostenible tras el ascenso al poder del partido nazi. Su padre, judío, fue arrestado y encarcelado y,  pese a pasar una corta temporada en Suiza junto a su esposa tras la liberación, ambos regresaron a Alemania y fueron víctimas del Holocausto.

Gertrude, por su parte, se resistió a abandonar Munich hasta que hubo completado su tesis doctoral. Un grado académico que le dificultó el acceso al mundo laboral al establecerse en Londres. Había demasiados científicos refugiados buscando trabajo. Ese es el mensaje que le dieron 34 de los 35 científicos a los que escribió en busca de empleo. Solamente Maurice Goldhaber le tendió una mano recomendándole que se dirigiese a Cambridge.

Finalmente, tras seis meses viviendo de los ingresos obtenidos por la venta de una cámara Leica y la traducción de manuscritos al inglés, consiguió un puesto de postdoctorado en el laboratorio de George Paget Thomson, donde investigó la difracción de los electrones.

En 1939 contrajo matrimonio con Maurice Goldhaber y se trasladó a la Universidad de Illinois, en Urbana, dónde él trabajaba. Por desgracia, las leyes contra el nepotismo impedían su contratación y solo pudo continuar con su carrera investigadora ejerciendo de ayudante no remunerada en el laboratorio de su marido, destinado a la investigación en física nuclear. Durante ese tiempo en Urbana, tuvieron dos hijos, Alfred y Michael, que acabarían siendo físicos teóricos.

Gertrude y Maurice

Gertrude y Maurice

Sus investigaciones en el campo de la física nuclear se iniciaron con el estudio de las secciones eficaces —probabilidades de aparición— de las reacciones nucleares entre neutrón-protón y neutrón-núcleo; y la emisión y absorción de radiación gamma por parte de los núcleos. También observó que la fisión nuclear espontánea va acompañada por la liberación de neutrones. Resultado que, si bien ya había sido predicho de forma teórica, no contaba con demostración experimental. Este último trabajo fue clasificado de secreto de guerra y no se publicó hasta el final de la contienda, en 1946.

La fisión espontánea, que se da en una proporción mucho menor que la fisión inducida por un núcleo excitado, es un proceso de desintegración en el que un núcleo pesado, desde su estado fundamental, se escinde en dos núcleos de masas aproximadamente iguales. El exceso de neutrones se debe a que la relación entre el número de neutrones y protones en núcleos estables aumenta conforme se incrementa el número másico —cuanto mayor es el núcleo más neutrones se necesitan para compensar la fuerza repulsiva entre protones—. Así pues, si el núcleo pesado se escinde en dos, la relación entre neutrones y protones de los productos de la fisión es mayor a la compatible con la estabilidad y, como consecuencia, se produce un exceso de neutrones.

Otra de las investigaciones en las que participó el matrimonio, poco después de la guerra, se centró en la naturaleza de las partículas elementales. Por aquel entonces se había observado que en la desintegración beta, se emitían partículas con propiedades similares a las del electrón pero todavía no se había conseguido demostrar que fuesen idénticas. Hasta el momento, la mayoría de los experimentos habían intentado dilucidarlo a través de la medida precisa de la relación carga/masa de ambas partículas, pero Gertrude y Maurice optaron por un método distinto: hicieron incidir haces de partículas beta en átomos de plomo. Si se trataba de partículas diferentes, las partículas beta podrían ocupar las mismas posiciones que los electrones fuertemente ligados emitiendo gran cantidad de energía en el proceso (radiación electromagnética). Por el contrario, en caso de ser idénticas, el principio de exclusión de Pauli lo impediría. La ausencia de rayos X (radiación electromagnética de alta energía) resultante demostró que las partículas beta debían ser indistinguibles de los electrones.

En sus últimos años en el laboratorio de la Universidad de Illinois, ambos iniciaron el estudio sobre los isómeros —estados metaestables del núcleo, producidos por la excitación de uno o más de sus nucleones—, que proseguirían en el Laboratorio Nacional Brookhaven de Long Island, al que se trasladaron en 1950. En dicha institución, Gertrude por fin pudo ver reconocido su trabajo mediante un contrato de larga duración y un sueldo fijo.

En su nuevo destino, Gertrude se centró en el estudio de la estructura del núcleo atómico. Su investigación sobre las excitaciones nucleares de baja energía establecería las bases del modelo del núcleo como sistema colectivo, por el que obtuvieron un premio Nobel Aage Bohr y Ben Mottelson.

Durante su última época en el laboratorio, antes de ser obligada a jubilarse en 1977, desarrolló junto a su hijo Alfred el Modelo VMI (Momento Variable de Inercia). Lo que pudo ser la primera colaboración entre madre e hijo en el campo de la física.

En 1985, tras ocho años alejada de aquello que más le apasionaba, pudo regresar al laboratorio como colaboradora de investigación, puesto que ocuparía hasta 1990.

A lo largo de los años, fue profesora adjunta en la Universidad de Cornell y en la Universidad Johns Hopkins. En 1947 fue elegida miembro de la American Physical Society, en 1960 fundó el ciclo de Conferencias Brookhaven y, en 1972, se convirtió en la tercera física en formar parte de la National Academy of Sciences.

Comprometida en la promoción de la educación y la igualdad de oportunidades para las mujeres, participó en la fundación de la asociación Brookhaven Women in Science y, en 1990, fue premiada con el premio Outstanding Woman Scientist por la Association for Women Scientists.

Gertrude murió el 2 de febrero de 1998, dejándonos como herencia sus importantes contribuciones a la física nuclear.

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P.D. Esta entrada participa en la propuesta de Naukas para celebrar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en Ciencia.

BIBLIOGRAFÍA

Bond, P. D.; Henley, E., «Gertrude Scharff Goldhaber 1911-1998: A Biographical Memoir (PDF)», Biographical Memoirs77, Washington, D.C.The National Academy Press.

Goldhaber, M., Gertrude Scharff Goldhaber, Contributions of 20th Century Women to Physics, University of California, Los Angeles.

Saxon, W.«Gertrude Scharff Goldhaber, 86, Crucial Scientist in Nuclear Fission»The New York Times, pp. D18.

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Celebrando el #DíaMujeryCiencia en «Ciencia en el Bulebar»

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Presentada por Alberto Márquez

El pasado miércoles 8 de febrero, tuve el honor de participar en el ciclo «Ciencia en el Bulebar», ofreciendo una charla sobre Las mujeres de la Luna en el marco de las actividades destinadas a celebrar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

Siempre me impone mucho dar una charla. Siento la responsabilidad de cumplir con las expectativas de quienes me invitan y, además, en casos como este, de las personas y entidades que represento. Quería hacerlo lo mejor posible por los organizadores de «Ciencia en el Bulebar» Alberto, Carlos, Clara y Enrique —personas gracias a las cuales empecé en esto de la divulgación—; por los autores del libro Daniel Roberto Altschuler y Fernando J. Ballesteros; por los colegas y coeditores de Jot Down; por mis compañeras y amigas de Next Door y, por supuesto, por los asistentes.

Con Gema González Santos de Jot Down.

Con Gema González Santos de Jot Down.

Durante mi intervención, a pesar de estar nerviosa, me sentí muy arropada por los organizadores y todos los amigos que se acercaron al Bulebar café. Me hicieron sentir como en casa y se lo agradezco de corazón. No imagináis lo importante que es contar con una audiencia cómplice y entregada.

Os dejo con el vídeo de la charla. Espero que os guste y os entren unas ganas locas —que no debéis reprimir— de comprar el libro. 😛

 

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