Eleonora Viezzer: La física que persigue el “Sol en la Tierra”

En la historia de la física moderna, pocas metas han capturado tanto la imaginación científica y pública como la fusión nuclear: la posibilidad de reproducir en la Tierra el proceso que alimenta las estrellas para generar energía limpia e ilimitada. Entre quienes trabajan en este desafío, una figura destaca por su combinación de rigor científico, liderazgo internacional y comunicación clara: Eleonora Viezzer, física de plasmas, profesora en la Universidad de Sevilla y pionera en el estudio de la física de la fusión nuclear. Su trayectoria, sus logros y su visión nos cuentan no solo la historia de una investigadora brillante, sino también cómo la física fundamental sigue siendo una herramienta para responder a las grandes preguntas de nuestra era.

Una niña curiosa frente al Universo

Nacida en Viena en 1986, hija de una familia europea multicultural, Eleonora se interesó desde muy joven por las grandes preguntas de la naturaleza. Sus profesores de física y matemáticas en el instituto reconocieron en ella una mezcla rara de curiosidad, perseverancia y claridad conceptual, cualidades que la impulsaron a estudiar física y matemáticas en la Universidad Leopold‑Franzens de Innsbruck (Austria) y luego en la Universidad Ludwig‑Maximilian de Múnich (Alemania). Allí, en un entorno científico vibrante, Eleonora abrazó un reto que pocos escogen: entender la materia en sus condiciones más extremas, donde las leyes del electromagnetismo y la termodinámica se entrelazan en formas complejas y hermosas. Tras licenciarse con honores, se embarcó en un doctorado conjunto entre la Universidad de Múnich y el prestigioso Instituto Max Planck de Física del Plasma, donde en 2013 defendió su tesis con mención magna cum laude. Era solo el principio de un camino que la llevaría a liderar investigaciones en los laboratorios y tokamaks más avanzados del mundo.

Pero, antes de seguir con la carrera de nuestra protagonista, hagamos una parada en boxes para repasar la física que nos ocupa.

¿Qué es la fusión nuclear y cuál es su importancia?

Para comprender el impacto del trabajo de Viezzer, primero hay que entender qué es la fusión nuclear y por qué la física del plasma es su piedra angular.

La fusión nuclear es el proceso mediante el cual dos núcleos atómicos ligeros se combinan para formar uno más pesado, liberando energía. Este fenómeno es el motor de las estrellas: en el corazón del Sol, el hidrógeno se fusiona para formar helio, liberando la energía que ha sustentado la vida en la Tierra durante miles de millones de años.

Para ir a su descubrimiento, debemos retroceder al siglo XX y conocer la contribución de diferentes gigantes y gigantas (aunque muchos nombres de ellas nunca los conoceremos). A principios del siglo XX, Jean Perrin y Ernest Rutherford identificaron las estructuras del átomo y plantearon que podría haber procesos internos capaces de liberar enormes cantidades de energía. En 1920 Arthur Eddington fue uno de los primeros en sugerir que las estrellas, incluido el Sol, obtienen su energía a través de la fusión de núcleos de hidrógeno. Fue una hipótesis revolucionaria para explicar la energía estelar. Y, en 1925, la astrónoma y astrofísica Cecilia Payne-Gaposchkin (1900–1979), en su tesis doctoral, demostró que el Sol y las estrellas están compuestos principalmente de hidrógeno, lo que fue fundamental para ratificar que la fusión del hidrógeno es la fuente de energía estelar. Además, su descubrimiento fue clave para que teorías como la de Hans Bethe sobre la fusión en el interior de las estrellas tuvieran fundamento empírico. Bethe describió matemáticamente el ciclo del carbono-nitrógine-oxígeno (CNO) y la cadena protón-protón, por lo que recibiría el Premio Nobel de Física en 1967.

Por lo que al trabajo experimental se refiere, Harold Urey (1931) y Mark Oliphant (1934) descubrieron el deuterio (un isótopo del hidrógeno) y demostraron experimentalmente que podía fusionarse con tritio para formar helio, un proceso que libera energía. También fue Mark Oliphant quien llevó a cabo la primera reacción de fusión inducida artificialmente en 1934, logrando fusionar deuterio y observar la liberación de energía.

La fusión controlada en laboratorio se intentó durante la segunda mitad del siglo XX. El mayor hito técnico, como veremos más adelante, fue la creación del tokamak en la URSS en los años 50 y el desarrollo posterior de reactores experimentales como JET, ITER y SMART.

Por tanto, Hans Bethe es considerado el “padre” del modelo teórico de la fusión estelar, mientras que Mark Oliphant contribuyó decisivamente a demostrarla experimentalmente en la Tierra.

La promesa de la fusión en la Tierra es enorme debido a las siguientes características:

  • Abundancia: el combustible, isótopos del hidrógenos como el deuterio, está disponible incluso en el agua de mar.
  • Limpieza: no genera residuos radiactivos de larga duración como la fisión nuclear.
  • Seguridad: no hay riesgo de “derretimiento” porque el proceso se detiene si las condiciones se alteran.

Y todo este potencial ha llevado a la fusión a ser descrita como el “Santo Grial” de las fuentes de energía del futuro: limpia, segura, prácticamente inagotable y capaz de satisfacer la demanda mundial sin emisiones de carbono significativas.

Sin embargo, y aquí vienen las malas noticias, lograr la fusión en un reactor en la Tierra no es trivial en absoluto: para que los núcleos se fusionen hay que alcanzar temperaturas de cientos de millones de grados, creando un estado de la materia extremadamente caliente y energético llamado plasma.

Plasma: El cuarto estado de la materia

Si la física clásica nos enseñó tres estados de la materia: sólido, líquido y gas, el plasma es un cuarto estado que domina el universo visible. Cuando un gas se calienta tanto que los átomos se separan en electrones y núcleos, obtenemos un conjunto de partículas cargadas eléctricamente que responden de forma compleja a campos magnéticos y eléctricos. Ese es el plasma: un mar de partículas que parecen tener vida propia.

En la fusión nuclear, el plasma es el “combustible vivo”. Su comportamiento determina si un reactor puede sostener las condiciones necesarias para que ocurra la fusión. Pero dominar un fuego tan extremo es como intentar domesticar una tormenta: las partículas pueden moverse, fluctuar y generar turbulencias que afectan la estabilidad global del sistema.

Lámpara de plasma.

Los tokamaks: jaulas magnéticas para atrapar estrellas

Uno de los diseños más estudiados para contener plasma caliente es el tokamak: un reactor en forma de toroide (parecido a un donut) rodeado por potentes campos magnéticos. Estos campos actúan como una jaula invisible que impide que el plasma, a temperaturas superiores a la superficie del Sol, toque las paredes del reactor y se enfríe o destruya los materiales.

El concepto fue desarrollado en la Unión Soviética en la década de 1950 y desde entonces ha evolucionado hasta convertirse en la base de los principales experimentos de fusión del mundo, incluido el enorme proyecto internacional ITER, que busca producir plasma de fusión sostenible.

La física del plasma: más allá de la teoría

La física del plasma es una mezcla fascinante de teoría, simulación y experimentación. No basta con calentar el gas: hay que controlarlo, comprender cómo las partículas interactúan con los campos magnéticos, cómo se generan las turbulencias y cómo esas turbulencias transportan energía y partículas fuera de la región central donde debería producirse la fusión. Estos problemas están en el corazón del trabajo de Eleonora Viezzer.

Su investigación se ha centrado en entender estos mecanismos complejos, especialmente cómo las fluctuaciones internas del plasma interactúan con las ondas electromagnéticas y las partículas individuales, afectando la estabilidad global del sistema. Estos fenómenos son cruciales para diseñar reactores que no solo generen plasma caliente, sino que lo mantengan en condiciones óptimas durante el tiempo suficiente para producir energía neta.

Un recorrido entre becas, laboratorios y colaboraciones internacionales

Tras completar su doctorado, Viezzer obtuvo la prestigiosa EUROfusion Research Fellowship, que la llevó a realizar un contrato postdoctoral en el Instituto Max Planck, donde ampliaría su experiencia en física de plasmas y experimentos con tokamaks.

Su carrera científica en España comenzó con otros reconocimientos competitivos, como la beca Juan de la Cierva y la Marie Sklodowska‑Curie, que le permitieron establecerse en la Universidad de Sevilla. Allí se incorporó al Departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear, logrando en 2020 una plaza de profesora titular y codirigiendo el laboratorio Plasma Science and Fusion Technology (PSFT).

En Sevilla, Viezzer ha construido un equipo internacional fuerte, colaborando con instituciones como el Massachusetts Institute of Technology (MIT), el Princeton Plasma Physics Laboratory, el Instituto Max Planck de Física del Plasma, la Universidad de Oxford y el CIEMAT en Madrid, entre otros.

Premios e hitos científicos

La trayectoria de Viezzer ha estado jalonada por reconocimientos relevantes:

  • ERC Starting Grant (2018), una de las becas europeas más competitivas para investigadores emergentes.
  • Premio Young Scientist Prize de la International Union of Pure and Applied Physics (2018).
  • Premio Fundación Princesa de Girona en Investigación Científica (2022).
  • ERC Consolidator Grant (2023), consolidando su línea de investigación.

Estos galardones no solo reconocen la excelencia de sus aportaciones, sino que también reflejan la importancia estratégica de su trabajo en un campo científico de enorme impacto potencial.

2025: un año histórico — TURBO4ENERGY y la tercera ERC

El 9 de diciembre de 2025 marcó un nuevo hito en la trayectoria de Eleonora Viezzer: obtuvo su tercer proyecto financiado por el Consejo Europeo de Investigación (ERC), siendo seleccionada nuevamente para una ERC Consolidator Grant, esta vez para desarrollar un ambicioso proyecto denominado TURBO4ENERGY.

Este logro la convierte en la primera investigadora de fusión en Europa con tres subvenciones ERC (dos Consolidator y una Starting) y evidencia su posición como líder científica en la física de plasmas y la energía de fusión.

La subvención, dotada con 2,4 millones de euros para cinco años, financiará un programa de investigación centrado en un desafío fundamental: la interacción onda‑partícula en plasmas magnetizados, un fenómeno que influye de manera decisiva en la estabilidad del plasma y en la eficiencia de los futuros reactores de fusión.

Tokamak SMART

TURBO4ENERGY: un proyecto para domesticar la turbulencia

El nombre del proyecto TURBO4ENERGY (Turbulence Optimization in Magnetized Plasmas) expresa su propósito: mejorar la comprensión y control de la turbulencia en plasmas confinados magnéticamente.

¿Por qué la turbulencia importa?

En un reactor de fusión, la turbulencia es uno de los mayores obstáculos para mantener el plasma estable. Las fluctuaciones internas pueden transportar partículas y energía hacia afuera, enfriando el plasma y reduciendo la eficacia del confinamiento. Comprender cómo estas turbulencias se generan y cómo interactúan con las partículas individuales y las ondas electromagnéticas es esencial para diseñar reactores más eficientes.

¿Qué propone TURBO4ENERGY?

El proyecto pretende desarrollar técnicas de imagen avanzadas capaces de medir simultáneamente el comportamiento de iones y electrones en el plasma con una precisión espacio‑temporal sin precedentes. Estas mediciones permitirán observar directamente cómo se originan y evolucionan las turbulencias y cómo interactúan con las ondas internas del plasma.

Al capturar esta dinámica compleja, los investigadores aspiran a:

  • Mejorar la predicción de turbulencias en reactores de fusión.
  • Optimizar el diseño de campos magnéticos para reducir pérdidas de energía.
  • Diseñar reactores de fusión más compactos y eficientes, acercando la fusión a la viabilidad comercial.
  • Aportar datos que puedan ser útiles incluso fuera de la fusión, como en la predicción de fenómenos solares y sus efectos sobre la Tierra.

En cierto sentido, TURBO4ENERGY es un proyecto que va al corazón mismo de uno de los problemas clásicos de la física: cómo describir y controlar sistemas complejos lejos del equilibrio. En el caso de un plasma de fusión, esta complejidad es tanto una barrera como una fuente de nueva física por descubrir.

Más allá del laboratorio: comunicación, enseñanza y futuro

Además de sus investigaciones técnicas, Viezzer ha sabido comunicar estos conceptos complejos con sencillez y claridad. En entrevistas y charlas públicas, suele explicar la fusión nuclear como la aspiración de traer el Sol a la Tierra, haciendo accesibles fenómenos que, de otra manera, parecerían exclusivos de especialistas.

Como profesora, también se dedica a formar a la siguiente generación de físicos, transmitiendo no solo conocimientos, sino también la pasión por una ciencia que podría cambiar radicalmente el futuro energético del planeta.

Hacia un futuro con energía de fusión

En los últimos años, la física de la fusión ha avanzado como nunca antes. Proyectos como ITER, junto con iniciativas privadas y experimentos nacionales, están empezando a mover la fusión del laboratorio hacia prototipos de generación de energía neta. Incluso en España, proyectos como SMART, un tokamak compacto liderado también por equipos de la Universidad de Sevilla, han entrado en etapas avanzadas de desarrollo tecnológico y podrían operar como prototipos en la próxima década.

En este contexto, trabajos como los de Eleonora Viezzer no solo contribuyen a un conocimiento más profundo de la física de plasmas, sino que también ayudan a trazar el camino tecnológico que, ojalá en las próximas décadas, conduzca a reactores de fusión eficientes, seguros y comercialmente viables.

Conclusión: una física con alma de Sol

La historia de Eleonora Viezzer es una de esas narrativas que combina rigor científico, curiosidad intelectual y una dimensión profundamente humana: la búsqueda de soluciones para los retos colectivos de la humanidad. Desde sus primeros pasos como estudiante hasta convertirse en una referencia internacional en la física del plasma y la fusión nuclear, su trayectoria refleja cómo la investigación fundamental puede, al mismo tiempo, abrir ventanas hacia un futuro sostenible.

Con TURBO4ENERGY, Viezzer no solo aborda uno de los problemas más difíciles de la física contemporánea, sino que también impulsa una visión estética de la ciencia: comprender los sistemas más dinámicos del cosmos para domarlos, con el fin de iluminar el futuro energético de la Tierra.

En esa búsqueda, quienes estudian la fusión nuclear nos recuerdan que la historia de la física no es solo una colección de ecuaciones y experimentos, sino una narrativa humana que, generación tras generación, sigue expandiendo los límites de lo posible.

Bibliografía

  1. Fundación BBVA. “Eleonora Viezzer”. fbbva.es, 2022.
  2. Viezzer, Eleonora. “La investigadora Eleonora Viezzer logra una ERC Consolidator Grant para avanzar hacia el reactor de fusión del futuro”. Universidad de Sevilla – us.es, 2025.
  3. Mateo, Ana. “Eleonora Viezzer, física: ‘En una década, con un vaso de agua se abastecerá de energía a una familia durante 80 años’”. El País, 2022.
  4. FECYT. “Eleonora Viezzer”. cientificasinnovadoras.fecyt.es, 2023.
  5. Red Leonardo – Fundación BBVA. “Eleonora Viezzer, 3,5 millones de euros para investigar energía de fusión”. redleonardo.es, 2023.
  6. Buscamos Científicas. “Eleonora Viezzer, física de fusión”. buscamoscientificas.com, 2022.
  7. Horizon Europe España. “26 investigadores e investigadoras en España consolidan su liderazgo científico con las ERC Consolidator Grants”. horizonteeuropa.es, 2025.
  8. La Voz de Galicia / XLSemanal. “Eleonora Viezzer: Anatomía de una fusión nuclear”. lavozdegalicia.es, 2022.
  9. Wikipedia. “Eleonora Viezzer”. es.wikipedia.org, última consulta diciembre de 2025.

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Hasta siempre Next Door

Next Door cierra.

Duele escribir estas palabras.

También fue muy duro tener que decirle adiós. Lo más duro. Pero sabía que era el último intento para salvarla.

Quería escribir un post sobre mi despedida, pero era demasiado reciente. Es demasiado reciente. Escuece todavía.

Pero Next Door se acaba y tengo cosas pendientes. Necesito decir todo lo que me ha aportado esta editorial que he querido como si fuera “mi niña”.  No arriesgué mi dinero, pero puse mucho corazón y desde ahí es desde donde voy a escribir. Desde el corazón, desde las entrañas.

Porque la niña me dio algunas penas y muchísimas alegrías. Momentos que me llevo para siempre.

El honor de editar a personas sabias y fascinantes. Personas que admiro. Personas de las que he aprendido a través de sus textos y su forma de comportarse. Gracias Maestras y Maestros.

El orgullo de publicar libros capaces de modificar vidas. Libros espectaculares que volvería a publicar. Libros que enriquecen la cultura científica y todo el mundo debería leer. Libros que no tuvieron las ventas que merecían dada su calidad. Y diréis, “qué vas a decir, tú”, pues lo digo desde fuera de Next Door porque SIEMPRE me sentiré orgullosa de cada uno de los libros y ojalá se vendan este marzo porque, repito, TODO EL MUNDO DEBERÍA LEERLOS.

El placer de conversar con libreras y libreros y ver los libros en sus librerías. Nunca olvidaré aquellas librerías que nos apoyaron, pese a ser pequeños, que apostaron por Next Door. Gracias.

La alegría de acompañar a autoras y autores a firmar en Sant Jordi y estar “al otro lado”. Gracias librería Alibri por hacerlo posible.

El sueño de publicar un libro de homenaje a las Gigantas de la ciencia (A hombros de gigantas) y de poder hacerlo con tres Gigantas como madrina (Marta Macho), editora (Estíbaliz Espinosa) y diseñadora (Itziar Goñi).

La felicidad de compartir el camino, el proyecto, con grandes personas…

El equipo. Un recuerdo especial para Xavi, Itziar, Núria, Camila y Mamen.

Argi, la colaboradora.

Las autoras y autores.

Las lectoras y lectores.

Y, sobre todo, el papá de la criatura. Gracias Oihan por confiar en mí, por todo el apoyo en los momentos malos, por las risas en tantos momentos buenos, por luchar tanto por Next Door hasta el final.

Si volviera a estar en ese bar de la Central, volvería a decirte que sí.

Hasta siempre Next Door, la experiencia laboral más especial de mi vida.

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Utilizar mal la IA es un ataque a la divulgación científica

Imagen de Chati y yo después de demasiados intentos. Y no, la IA no sabe cómo son los cajones.

Últimamente se está hablando mucho de la utilidad y peligros de la IA en la publicación de libros de divulgación científica y me apetece daros mi punto de vista sobre el asunto como editora.

Lo primero de todo que quiero aclarar es que tengo alma analógica, supongo que por la edad y todo el romanticismo del pasado del mundo editorial, pero tengo los pies en el suelo. Y más cuando se trata de algo que me parece tan importante como la comunicación de la ciencia. Por ello, trato de estar al día de todas las herramientas de IA que pueden ayudar a hacer una mejor labor en el mundo editorial.

No voy a hacer elucubraciones sobre el futuro ni remontarme a las revoluciones tecnológicas pasadas. Voy a hablar sobre el presente y voy a ir al grano.

La IA no puede escribir textos ni elaborar contenidos gráficos de divulgación científica rigurosos sin el control y seguimiento específico y detallado de un experto en la materia. Y con control estoy hablando de prompts específicos de inicio y de mil idas y venidas por cada error o incertidumbre sobre lo que escribe. Alguien con los conocimientos necesarios puede utilizarlo puntualmente como copiloto, pero quien no domine el tema, no puede hacerlo, no puede identificar los errores. Elaborar ese texto con IA sería una irresponsabilidad. Bueno, al igual que ya es irresponsable publicar manuscritos sin nadie que los edite ni sepa si son científicos o acientíficos. Que solo mire si van a tener público o no. Quizás el problema no sea la IA, sino la ética de cada cual.

Lo más importante en un contenido divulgativo es el conocimiento de quien lo escribe y su capacidad de comunicarlo de forma divulgativa. Ese es el tesoro del libro y lo que se debe preservar. La persona autora debe estar al corriente de todo el proceso editorial y ser consultada para que no se produzcan errores conceptuales.

En eso puede ayudar la figura de la editora o editor de dos formas principales:

-revisar que no se haya colado ningún error,

-proponer cambios en el texto que puedan mejorar su comunicación respetando al máximo el tono y el escrito original. Jamás se reescribe, se hacen indicaciones.

Quien edita puede tener de copiloto a la IA dándole las instrucciones precisas para que busque alguna información (con la fuente correspondiente) o le haga algunas sugerencias, pero debe contar con la capacidad y experiencia en divulgación necesarias para tratar y mejorar el texto con respeto. Y siempre estableciendo una comunicación fluida con la parte autora.

Las correcciones de estilo siempre deben estar sujetas a la revisión última de quien lo ha escrito. Puede que algún concepto quede mejor expresado de otra forma, pero que esa nueva forma signifique todo lo contrario a lo que se quería decir. En ciencia hay expresiones que deben respetarse y quienes lo leen tienen que saber que aquello se designa de esa manera. Hay correctores de IA que pueden reescribir el texto para mejorar el estilo, incluso hacerlo de una forma más o menos intrusiva, pero recordemos que jamás se debe reescribir un manuscrito de divulgación científica. No se reescribe, se sugiere y quien da el visto bueno en última instancia SIEMPRE es la parte autora. Lo repetiré las veces que sea necesario. Creo, sinceramente, que a estas alturas, divulgadoras y divulgadores necesitan a alguien que vele por sus intereses y porque se respete su texto.

En cuanto a la portada, algunas editoriales han visto la luz, la forma de ahorrar dinero en diseñadores y artistas. Parece la mejor forma porque es cuestión de márquetin y ahí no entra la autoría. Craso error. Si bien la editorial tiene mayores conocimientos de márquetin y en ese punto puede haber alguna discrepancia con la parte autora, esta siempre tiene que ver la portada para asegurarse de que no hay ningún error de concepto. Es quien entiende del tema del libro y es la única que puede saber a ciencia cierta si se está cometiendo un error. Personalmente, creo que la IA en la portada y el diseño puede ser utilizada por las y los profesionales del diseño como ayudante para darles ideas, pero que estos últimos deben ser los artífices de la misma.

La IA está haciendo cosas increíbles y debemos aprovecharlas. Pero debemos tener en cuenta que cuela alucinaciones y errores y lo hace tan bien que es imposible darse cuenta.

Hacer libros de divulgación científica es una gran responsabilidad con quiénes los escriben y con el público. Utilizar la IA de forma irresponsable es un ataque a la divulgación de la ciencia.

Y, si me seguís, ya sabéis que, en mi opinión, sin buena divulgación, la ciencia está condenada.

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De #AHombrosdeGigantas a #GigantasEnVerso

No he venido a hablar de mi libro. Bueno, lo justo. Solo para deciros que a finales del 2023 tuvo descendencia.

Hace tiempo que os lo quería contar, pero se me acumulaba el trabajo y lo dejaba para más adelante. Y lo siento mucho porque deberíais haber sido las primeras personas en saberlo ya que, tal y como puse en el libro, sin vuestro apoyo, ni libro ni nada.

El peque ha tenido una retoña. Una niña preciosa con la que se me cae la baba: la sección #GigantasEnVerso del blog referencia de divulgación sobre mujeres científicas Mujeres con Ciencia.

Los lunes alternos podéis encontrar en este blog de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV scikus dedicados a gigantas que admiro muchísimo y que no están en A Hombros de Gigantas. Porque entonces hubiera sido más grueso que el Libro Gordo de Petete (1)

Para celebrar el acontecimiento en este blog pondré una imagen similar a las que aparecen en la sección #GigantasEnVerso con un poema dedicado a la editora de Mujeres con Ciencia, mi querida y admirada Marta Macho Stadler.

Podéis consultar los scikus publicados en este enlace.

Fotografía de Mikel Mtz. de Trespuentes. UPV/EHU.

(1) Referencia vintage. Si a alguien le interesa, este era Petete.

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La revolución newtoniana a pesar de Newton

Los Principia de Issac Newton revolucionaron la Física.

¿Los Principia de Issac Newton revolucionaron la Física?

¿Cuántas personas los leyeron?

¿Fueron suficientes para generar la revolución Newtoniana?

¿Qué papel jugó la divulgación para damas?

Respondí a estas y otras preguntas en la charla de este año en Naukas Bilbao. Expresé mi opinión sobre la importancia de la divulgación científica y el papel fundamental de las mujeres en la difusión del conocimiento.

Espero que la disfrutes.

Para saber más:

María Molero Aparicio y Adela Salvador Alcaide, «Madame de Châtelet» (1706-1749)

Alejandro Pla, «Émilie du Châtelet: divulgadora de Newton y Leibniz en Francia», Mujeres con Ciencia

American Physical Society. 2008, «December 1706: Birth of Émilie du Châtelet», APS Physics

Robin Arianrhod, «Émilie du Châtelet: the woman science forgot», Cosmos

Quique Royuela, «Émilie du Châtelet, tesón y ciencia ilustrada», Principia

Hacyan, Shahen. 2007. «Émilie de Breteuil, Marquesa du Châtelet, científica del Siglo de la Luces». Revista Ciencias

Amelia Verdejo Rodríguez, «Laura Bassi (Bolonia, 1711-1778)», Mujeres con Ciencia

Noelia Freire, «Laura Bassi, la primera científica profesional de la historia», National Geographic

Agustí Nieto-Galán, Los públicos de la ciencia

Londa L. Schiebinger, Tiene sexo la mente

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Recordando a Emily Warren Roebling en el Día Internacional de las Mujeres en la Ingeniería

Entrelazados

tu destino y el puente.

Coraje y voz.

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El 23 de junio se celebra el Día Internacional de las Mujeres en la Ingeniería, que busca promover la participación de las mujeres en el campo de la ingeniería y resaltar sus contribuciones en esta área. Se estableció en 2014 por la Sociedad de Ingenieras y Científicas del Reino Unido (WES, por sus siglas en inglés) para abordar la brecha de género en el campo de la ingeniería. El objetivo de esta celebración es aumentar la visibilidad de las mujeres ingenieras, alentar a las niñas y jóvenes a considerar carreras en ingeniería y fomentar entornos inclusivos en la industria.

Para celebrar este día quiero recordar a Emily Warren Roebling, la intrépida ingeniera que desafió las convenciones de su tiempo y dejó una huella indeleble en la construcción del icónico puente de Brooklyn. Cuando su esposo, Washington Roebling, quedó parcialmente incapacitado y no pudo continuar con su labor como ingeniero jefe, fue Emily quien emergió como líder técnica y primera ingeniera de campo en este ambicioso proyecto.

Emily nació como Emily Warren el 23 de septiembre de 1843, en una familia establecida desde hacía mucho tiempo en Cold Spring, a orillas del río Hudson. Fue la penúltima de los doce hijos de Sylvanus Warren y su esposa Phoebe Lickley Warren. Estudió en la escuela Georgetown Visitation Convent, donde cursó, además de las asignaturas típicas asociadas a su género, otras como historia, matemáticas o geografía. Conoció a Washington Roebling en 1864, en un baile de oficiales que tuvo lugar durante la Guerra Civil. Él era coronel del ejército norteamericano y servía bajo el mando del hermano de Emily, el general Kemble Warren. Ambos se enamoraron y contrajeron matrimonio un año más tarde.

Poco después de la guerra, Washington fue llamado a Cincinnati para ayudar a su padre, el ingeniero civil John Augustus Roebling, a completar el gran puente colgante sobre el río Ohio. Asumió que Emily se quedaría con sus padres en Cold Spring, pero ella quería formar parte de la vida y el trabajo de su esposo e insistió en unirse a él en Cincinnati.

En 1869, Washington y Emily se mudaron a Nueva York para trabajar con John A. Roebling en el nuevo puente que iba a conectar las crecientes ciudades de Nueva York y Brooklyn. Por desgracia, John Roebling falleció ese mismo año como resultado de un accidente, así que Washington asumió la responsabilidad de su padre convirtiéndose en el ingeniero jefe del puente.

Cuando en 1872, Washington padeció el síndrome de descompresión como resultado de su trabajo en las bases submarinas de las torres de la tremenda estructura, Emily dio un paso al frente. Se sumergió en el aprendizaje de las complejidades de la ingeniería de puentes: matemáticas avanzadas, estudio de la resistencia de materiales, análisis de tensiones y la construcción de cables de acero.

En estrecha colaboración con su esposo, Emily y Washington planificaron meticulosamente la continuación de la construcción del puente. Sin embargo, fue ella quien asumió la responsabilidad de supervisar las tareas diarias, gestionar proyectos y enfrentar los desafíos que surgían. Se convirtió en la cara visible del proyecto, lidiando con políticos, ingenieros rivales y todos aquellos asociados al trabajo en el puente. Debido a esto la gente llegó a creer que ella era la única mente maestra detrás del diseño.

Su determinación y liderazgo destacaron en la historia de la ingeniería, rompiendo las barreras de género y demostrando el inmenso potencial de las mujeres en campos técnicos.

El puente de Brooklyn, símbolo de audacia y grandeza, finalmente se completó en 1883, y gracias al legado de Emily y Washington, su historia perdura en cada rincón de su majestuosa estructura. En honor a la incansable labor de Emily Warren Roebling, fue la primera persona en cruzarlo en carruaje y una placa conmemorativa se erige para recordar un legado que trasciende generaciones.

Referencias

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Sesgos androcéntricos en las nuevas tecnologías

Los Estudios de Género y Ciencia introdujeron el género como categoría analítica a la hora de estudiar todos los factores que influyen en la actividad científica y pusieron de manifiesto como la ciencia occidental se ha visto condicionada por el eurocentrismo, el racismo, el heterosexismo y el androcentrismo. Este último, cuya raíz proviene del griego andros (hombre) sitúa al hombre como medida y patrón de todas las cosas. Lo coloca en el centro del Universo como representante de toda la humanidad omitiendo la existencia y la mirada de las mujeres. Convierte a la ciencia, pretendidamente objetiva y neutra, en una ciencia que no ha tenido en cuenta a la mitad de la humanidad en su construcción y producción.

Las nuevas tecnologías, a pesar de ser “nuevas”, cuentan con sesgos androcéntricos que afectan a su diseño, producción y uso. Lo que ha logrado la labor histórica de muchas personas por mejorar la situación de las mujeres en la ciencia, ha sido que los sesgos se hayan detectado más pronto que en otras áreas de la ciencia cuyo origen es mucho más antiguo.

Existe una infrarrepresentación de mujeres trabajando en el campo de las TIC y las que lo hacen tienen peores condiciones laborales que los hombres que están en su misma posición y no ocupan puestos decisorios ni espacios de participación social y política digital. Estas condiciones no facilitan su permanencia en este campo, ni la posibilidad de poder cambiarlo. Si queremos revertir la crisis de vocaciones femeninas existente en las carreras relacionadas con las TIC, debemos mejorar la situación de quienes ya están dentro. Las jóvenes no se sienten atraídas por el modelo del geek y necesitan referentes vivas*, cercanas, que puedan presentarles un área atractiva y acogedora. Incluso aquellas que se sienten atraídas por los aspectos más lúdicos de las TIC, como los videojuegos, se encuentran con ambientes tóxicos que las ningunean.

La falta de desarrolladoras, el desconocimiento (por parte de ellas y ellos) de los sesgos androcéntricos que se pueden cometer y las bases de datos distorsionadas por la carencia de diversidad condicionan los algoritmos de las inteligencias artificiales que intervienen en nuestro día a día. Y que todavía lo harán más.

Por lo que respecta a las usuarias, existe un menor acceso a las infraestructuras y herramientas digitales por parte de las mujeres. Esto reduce su accesibilidad al mercado de trabajo y su papel de público activo que detecta problemas y propone cambios.

Si los Estudios de Género y Ciencia nos han permitido detectar los sesgos con mayor rapidez, es importante tenerlos en cuenta y emprender las acciones necesarias para cambiar las cosas.  


*Afortunadamente, una parte de la prensa científica y tecnológica cada vez tiene más en cuenta la importancia de ampliar la mirada a la hora de entrevistar a referentes en la inteligencia artificial y cada vez aparecen más mujeres. Así que, desde la minúscula aportación que puedo hacer yo, voy a tuitear a estas científicas y tecnólogas con la etiqueta #GigantAsDeLaIA para contribuir en lo posible en darles más visibilidad.

Esta es una tarea de la asignatura Ciencia y género que imparte María M. Álvarez Lires en el Máster de Cultura Científica de la UPNA y la UPV/EHU.

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La invisibilidad de las mujeres en la medicina

«La ausencia de investigación específica en la salud de las mujeres ha hecho invisibles para la ciencia médica los aspectos biológicos, clínicos, psicológicos, sociales, culturales y medioambientales de las diferencias».

Carme Valls Llobet, ‘Mujeres invisibles para la medicina‘ (Ed. Capitan Swing, 2021)

Nuestra salud es el resultado de un gran número de condicionantes que la medicina tradicional no ha tenido en cuenta. Entre estos no se encuentran solo los orgánicos (genéticos, biológicos, fisiológicos, endocrinos o psicológicos), sino también aquellos que tienen en cuenta que el cuerpo está inmerso en una cultura que puede manipularlo (la cultura de la pastilla en occidente, la ablación en países africanos, etc.) y en un medioambiente con el que interacciona y afecta a su salud (presencia de disruptores endocrinos). Todo esto, además, en el caso particular de las mujeres suele ir acompañado de una autoestima baja y una voluntad continua de buscar la perfección que es causa de sentimiento de culpa, angustia y ansiedad.

Es decir, dado que nuestra biología tiene unas características diferentes a la de los hombres y nuestro entorno es el de una sociedad androcéntrica, la medicina solo podrá estudiar y mejorar nuestra salud atendiendo a estas diferencias. Pero, por desgracia, esto nunca ha sido así. Gracias a décadas de intensa labor por parte de investigadoras como la endocrinóloga Carme Valls Llobet, la situación está mejorando. Pero queda camino por recorrer y debería ser un tema prioritario. Porque nuestra salud está en juego.

Los estereotipos de género de la medicina nos han hecho invisibles, han llevado a considerar que nuestras enfermedades y problemas son menos importantes que los de los hombres o a la voluntad de controlar nuestro cuerpo. Un organismo del que la medicina tiene un conocimiento muy precario. Y esto es debido a que la investigación médica y farmacológica (ausencia de ratas hembra en ensayos preclínicos), la docencia y la asistencia sanitaria han identificado el cuerpo masculino como el patrón para todas las enfermedades, salvo las que consideraban específicas de las mujeres (ligadas únicamente a la salud reproductiva), y han ignorado la morbilidad[1] diferencial condenándonos al sufrimiento, la resignación y la sumisión.  

Las mujeres padecemos más enfermedades crónicas. Somos las que demandamos más atención de los servicios sanitarios ambulatorios y las que, en proporción, presentamos la mayoría de los síntomas sin diagnóstico. O con diagnósticos erróneos que etiquetan síntomas como el cansancio, el dolor generalizado o la falta de memoria y concentración de problemas psicológicos cuando esta sintomatología inespecífica es compartida por muchas de las enfermedades que más nos aquejan.

Urge introducir la perspectiva de género en el terreno sanitario tal y como impone la ley orgánica 3/2007 porque, no hacerlo, no solo incumple la ley sino que atenta contra nuestra salud.

Para saber más:

Carme Valls Llobet, «Las causas orgánicas del malestar de las mujeres», Revista Mujeres y Salud

Carme Valls Llobet, Mujeres con ciencia

Carme Valls Llobet, Mujeres invisibles para la medicina, Ed. Capitan Swing

Esta es una tarea de la asignatura Ciencia y género que imparte María M. Álvarez Lires en el Máster de Cultura Científica de la UPNA y la UPV/EHU.


[1] La morbilidad diferencial es el conjunto de enfermedades, motivos de consulta o factores de riesgo que merecen una atención específica hacia las mujeres, sea porque sólo en ellas se pueden presentar dichos problemas o porque éstos tengan una alta prevalencia en el sexo femenino.

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Rosalind Elise Franklin y sus aportaciones a la ciencia

En la asignatura Ciencia y género que imparte María M. Álvarez Lires en el Máster de Cultura Científica de la UPNA y la UPV/EHU, nos encargaron realizar una presentación sobre la biografía de Rosalind Franklin.

Me ha gustado mucho investigar para hacerla y descubrir las importantísimas aportaciones que hizo gracias a su brillante manejo de la técnica de la difracción de rayos X. Espero que os resulte interesante y que sirva, al menos, para tener claro que la contribución de Rosalind Franklin a la ciencia va mucho más allá de la fotografía 51.

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Vivir la Antártida a través de Josefina Castellví

En el laboratorio original de la BAE que está en el CosmoCaixa

«Quien la sigue, la consigue», a veces, no nos pongamos como el Sr. Maravilloso. El relato que quiero compartir es sobre una de esas ocasiones afortunadas en la que esta afirmación se cumple.

En este blog no acostumbro a hablar de los libros publicados por Next Door Publishers —salvo de «El peque» porque tenía la necesidad de venir a hablar de mi libro— porque todos me parecen fabulosos y no creo adecuado ni justo ensalzar unos por encima de otros. Pero, en este caso voy a hacer una excepción convencida de que nuestras autoras y autores lo comprenderán. Porque más que de un libro, voy a hablaros de una aventura personal y de una científica cuyas palabras han cambiado mi mirada del mundo. Esta es la narración de mi romance con el libro de Josefina Castellví Yo he vivido en la Antártida.

«La frase tan repetida de “vivir de recuerdos” creo que es válida, siempre y cuando se haya hecho una acumulación de experiencias que hayan llenado una vida. Estas vivencias son las que ninguna decisión administrativa podrá borrar jamás. Con toda seguridad puedo decir que yo he vivido en la Antártida. Y me siento capaz de alimentarme de sus recuerdos el resto de mi vida».

Josefina Castellví i Piulachs

Él vino al mundo en 1996 gracias a Círculo de lectores y yo tuve la oportunidad de conocerlo pocos años después. Fue un amor a primera lectura. Las palabras de Castellví te atrapan desde la primera línea en una historia repleta de aventura, fascinación por la naturaleza, poesía, salseo sobre los intríngulis de la empresa científica y las vivencias en la base antártica, y emoción. Es la bitácora de una pionera que, con su determinación y coraje, se convierte en un torrente de inspiración.  

Me pareció el libro ideal de divulgación científica ya que aporta mucha información de interés sobre la Antártida y la historia de la investigación española en este continente de manera atractiva y clara. Contagia amor por la naturaleza y la ciencia. Nos permite “vivir” la Antártida en sus líneas y apreciar la heroicidad de las personas cuya pasión y empeño hicieron posible la constitución de la BAE en un tiempo récord.

Entenderéis mi frustración cuando años después comprobé que estaba descatalogado y solo podía encontrarse en librerías de viejo.  Mi amado no podía llegar a manos de nuevas y nuevos lectores, se perdía una obra referente en la historia de la oceanografía. Y yo no podía hacer nada más allá de lamentarme en la intimidad.

Hasta que entré a trabajar en Next Door, una editorial de divulgación científica. El primer año bastante tuve con formarme todo lo que pude sobre el mundo del libro y cumplir con mi trabajo diario, pero no tardé mucho en proponerle a Oihan Iturbide, director de la editorial, publicar el libro de Castellví. Tal y como lo veía y lo veo, encajaba en la línea editorial como un guante:

  • Visibilizaba la labor de una de nuestras grandes científicas.
  • Rescataba un libro histórico de la historia de la ciencia.
  • Difundía algunos de los mecanismos de la actividad científica.
  • Fomentaba el amor a la naturaleza.
  • Emocionaba al lector.

Afortunadamente, Oihan estuvo encantado y me propuso el formato ilustrado de nuestra colección Lienzos y Matraces para expresar en la forma el poder evocador de su contenido. Ya solo faltaba contactar con la autora.

Leyendo el libro con Miquelet

Como Josefina está delicada de salud, hice las gestiones y me tomé muchos cafés con su sobrina Txus Guinea. Se la veía ilusionada desde el principio y hubo mucho feeling en nuestro primer encuentro. Pero entre las gestiones que había que hacer y la pandemia de por medio, Txus fue dejando pasar el proyecto pensando que era solo la idea de una editora ilusionada. Pero la editora pesada, yo, siguió insistiendo y, al final, conseguimos que la reedición de Yo he vivido en la Antártida se pusiera en marcha en Next Door Publishers.

Para hacerlo recurrimos al talento de la ilustradora científica Yolanda González, a quien conocíamos de Animales ejemplares y Botánica insólita, y sabíamos que representa como nadie el mundo natural. El soporte fotográfico nos lo cedió generosamente el director de cine Albert Solé. Quien también nos regaló un precioso último capítulo sobre la experiencia que tuvo con Josefina durante la grabación del documental Los recuerdos de hielo.

Por lo que a la parte científica se refiere, puesto que es un libro de divulgación, me parecía que lo más adecuado era actualizar los datos que aportaba Josefina en 1996 mediante notas al pie. Para hacerlas consulté con los científicos especialistas de PolarCSIC: Carolina Gabarrò (ICM), Asunción de los Ríos (MNCN), Joan Riba (UTM), Marisa Montoya (UCM), Erica Sparaventi (Univ. Cádiz), Andrés Barbosa (MNCN) y María Gema Llorens (GEO3BCN).

Me siento muy feliz de haber podido rescatar Yo he vivido en la Antártida y deseo que disfrutéis de su lectura tanto como lo hice yo, y que hagáis que otros lo descubran. Porque los libros solo perduran con lectores. ¿No sería bonito que fuese el libro más vendido en Sant Jordi/el Día del libro?

Y como de bien nacida es ser agradecida, entre todas aquellas personas que compartáis este post con el hashtag #YoHeVividoEnLaAntártida sortearé un ejemplar del libro. El plazo termina el 30 de abril a las 24h.

Gracias por seguir aquí. Os dejo con la presentación del libro que tuvo lugar en el Institut de Ciències del Mar.

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