Necesito que las librerías existan

Ilustración de Ximo Abadía 

«Cada librería condensa el mundo». Jorge Carrión (Librerías)

Necesito que las librerías existan para tener esperanza. No concibo un mundo sin estos refugios, estas comunidades de amantes de la cultura.

Desde niña, entrar en una librería ha sido una celebración. No importaba lo complicada que fuera la vida fuera, allí, en ese momento, me sentía a salvo.

En estos tiempos tan duros, las librerías siguen ahí, luchando por sobrevivir, buscando nuevas formas de acogernos.

Las librerías también son negocios de personas que conocen la importancia de la lectura para el ser humano y apuestan por ella. Y, como negocios, necesitan contar con ingresos.

Por ello quiero pediros que, cuando compréis libros, lo hagáis en librerías, en nuestras manos está mantenerlas a salvo. Que, si no tienen la obra que buscáis, esperéis a que os la traigan, ¿realmente os urge tener ese libro en 24h? Que, si preferís o tenéis que comprar un libro por internet, recurráis a las tiendas online de las librerías o a la plataforma de librerías independientes todostuslibros.com. Hacerlo, puede ser nuestra pequeña contribución a la defensa de la cultura.

Os pido que, como lectores, hagamos que el Día de las Librerías sea cada día.  

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About Laura Morrón Ruiz de Gordejuela

Licenciada en Física por la Universidad de Barcelona especializada en el campo de la protección radiológica, con un máster en Ingeniería y Gestión de Energías Renovables por IL3. Técnica en divulgación en el Secretariado de Divulgación Científica y Cultural de la Universidad de Sevilla. Autora del libro "A hombros de gigantas".
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2 Responses to Necesito que las librerías existan

  1. Avatar de Pablo Pablo dice:

    No sé muy bien por qué, pero las librerías (y las bibliotecas) siempre me han fascinado como espacio físico. Si veo una, tengo que entrar.

    Hace ya 5 años emigré a los Países Bajos, un país cuya lengua oficial entonces no sabía hablar ni apenas leer. A pesar de ello, sus librerías me atraían exactamente igual que las de España, aunque con una diferencia: un punto de amarga ansiedad muy parecido al que sentía, de niño, al ir a clase sin haber hecho los deberes. «Esto tengo que sabérmelo, y ya voy tarde», pensaba. O más bien sentía.

    Relacionado con esto, una de las experiencias más alucinantes que he tenido fue la de visitar la biblioteca del Instituto Cervantes en Utrecht. Se encuentra frente a la catedral, en un lugar de inconfundible aspecto holandés… y sin embargo basta cruzar las puertas para trasladarse a un lugar con una atmósfera inconfundiblemente española.

    Poder disfrutar de las librerías y los libros que tengo a mi alrededor ha sido una poderosísima motivación para aprender esta endiablada lengua. Hace poco leí mi primera novela. No será la última.

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