Marie Curie en La Buhardilla 2.0 (@buhardilla)

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Ya puedo decir que he tenido el honor de hacer un platito del día para La Buhardilla 2.0. y, como podéis imaginar por los posts anteriores, me ha hecho muchísima ilusión. ¡Quién me iba a decir a mí mientras escuchaba tantos platitos del día que un día tendría la oportunidad de hacer uno! Abraham, Kike, Javi, Álvaro, ¡gracias por la confianza!

El platito en cuestión fue sobre Marie Curie que, si bien es el icono de la mujer científica,  no es tan conocida como muchos piensan. El cómic “Marie Curie. La actividad del radio” era un buen motivo para repasar algunos aspectos más ocultos de su vida y de su propio carácter. Quedaron cosas por contar, por supuesto, ya que la vida de la física daría para horas y horas de emisión. Pero creo que pudieron tratarse temas interesantes de su biografía. Además, las preguntas que me hicieron tienen mucha miga, fueron realmente acertadas.

En el blog de La Buhardilla 2.0 está el audio para que podáis escucharlo y descargarlo.

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A continuación, os dejo las ideas que expuse y os transcribo los textos que leí por si os resulta interesante consultarlos con calma.

Empezamos el viaje transladándonos al 7 de noviembre de 1867, el día en que nació en Varsovia Marya Salomee (Manya) Sklodowska. El primer golpe duro que sufrió la niña fue la muerte de su madre a los 10 años y es remarcable porque supuso el primer episodio de una depresión recurrente que le acompañó toda su vida. Incluso su profesora le advirtió a su padre que era “extraordinariamente sensible y psicológicamente frágil”.

Años más tarde, tanto ella como su hermana Bronya querían estudiar en París. Dada la falta de recursos de la familia, ambas llegaron a un acuerdo: primero Marie le pagaría la carrera de medicina a Bronya haciendo de institutriz y más tarde la hermana, ya médico, haría lo propio. Pero al más puro estilo “Jane Austen”, mientras hizo de institutriz, Casimir, el hijo de la familia Zorawski, se enamoró de ella. El problema fue que era la vida real y los padres del chico le prohibieron que se casara con una chica pobre. Así que Marya se quedó compuesta y sin Casimir. Por suerte, había un futuro esperándola en París, aunque no parecía demasiado animada para afrontarlo:

“Querida Bronya: He sido tonta, soy tonta y seguiré siendo tonta toda la vida… Jamás he tenido suerte, no la tengo ahora y no la tendré nunca. Soñaba con París como si fuera la redención, pero hace tiempo que perdí la esperanza de ir allí y ahora que se me ofrece la posibilidad, no sé qué hacer… soy muy desgraciada en este mundo.”

Finalmente, se armó de valor, se matriculó en la Facultad de Ciencias de la Sorbona y se licenció en Ciencias físicas como primera de su promoción y, un año después, en Matemáticas como segunda. En París estuvo viviendo en una pequeña buhardilla del barrio Latino (momento complicidad del Platito).

Tuvo suerte ya que su profesor Gabriel Lippmann le concedió una beca para estudiar las propiedades magnéticas de diversos aceros y al instalarse en el laboratorio le recomendó un físico poco conocido que era el experto más eminente en las leyes del magnetismo y había inventado alguno de los mejores instrumentos de precisión (electrómetro): Pierre Curie. Su complicidad y su mutua pasión por la ciencia hicieron que se enamorasen y se casasen al año.

Mientras Marie y Pierre estrenaban vida conyugal, en 1895, Wilhelm Röntgen descubrió los rayos X y un año después, Henri Becquerel, de la dinastía de los Becquerel que contaba con cuatro generaciones de científicos, descubrió una radiación anteriormente desconocida de los compuestos del uranio que era mucho más penetrante que los rayos X. En 1897 publicó seis artículos de los rayos Becquerel pero después pensó que el tema se había quedado en nada.

Pero nuestra protagonista empezó entonces su tesis doctoral (que defendería en 1903) y su marido le propuso investigar precisamente los casi abandonados rayos Becquerel. Descubrió que la intensidad de esta nueva radiación era proporcional al contenido de uranio de la muestra y que los rayos no parecían verse afectados por procesos químicos, solventes o temperatura, lo que sugería que se trataba de una propiedad intrínseca de los átomos de uranio. A esta nueva propiedad de la materia la llamó “radio-actividad”.

marie curieCuando Becquerel se enteró de los experimentos de los Curie se puso manos a la obra y amplió el descubrimiento de Marie de que las sustancias radiactivas eran las mismas en estado líquido o en estado sólido.

El siguiente paso fue separar las impurezas presentes en el mineral crudo. El matrimonio Curie esperaban que la radioactividad aumentaría conforme el elemento se encontrara más puro. Los resultados fueron desconcertantes ya que la purificación reveló la presencia de otras sustancias que parecían ser mucho más radioactivas que el propio uranio y por tanto,  había que aislarlas. Así que usando métodos clásicos de química analítica lograron identificar y describir primero al polonio (nombrado así en honor de Polonia), y luego, su mayor descubrimiento: el radio. Este último resultó ser mucho más radioactivo que el uranio. Para poder confirmar su descubrimiento, decidieron que era necesario obtener una buena cantidad del nuevo elemento en su forma pura.

En 1901 y en 1902 el médico Charles Bouchard propuso a Marie, a Pierre y a Becquerel al Premio Nobel de Física. Pero en 1903 lo que recibió la Academia Sueca fue una carta oficial firmada por cuatro influyentes científicos en la que se proponía únicamente a Pierre y a Becquerel, sin mencionar a Marie. Lo cual era bastante idiota teniendo en cuenta que toda la comunidad científica conocía el papel que había jugado Marie y más aún tres de los cuatro firmantes. El más sorprendente fue su profesor Gabriel Lippmann a quien ella consideraba su amigo. Como era de esperar, Pierre dijo que él no podría aceptar el premio a menos que se incluyese a Marie y Charles Bouchard recordó que él ya la había incluido en sus dos candidaturas previas. Al final la situación fue tan tensa que se concedió el nobel al trio “en reconocimiento de los extraordinarios servicios rendidos en sus investigaciones conjuntas sobre los fenómenos de radiación descubiertos por Henri Becquerel”. A nivel económico decir que si bien Becquerel recibió los 70000 francos de oro, Marie y Pierre tuvieron que repartirse esa misma cantidad.

Aceptaron el premio pero declinaron la invitación a ir viajar a Suecia siendo los primeros en hacerlo. Marie acababa de sufrir un aborto cuando estaba embarazada de cinco meses.

Becquerel tuvo que hacer el sacrificio de acudir sólo a recoger el premio y escuchar como el  presidente de la Real Academia de Ciencias de Suecia le atribuía, hasta tres veces, el mérito exclusivo del descubrimiento de la radiactividad.

A partir de la concesión del Nobel se hicieron famosos, lo que para Pierre fue “el desastre de nuestra vida” y llevó siempre muy mal mientras que Marie, atendía estoica y educadamente a todos los que llamaban. Trabajaban duro en el laboratorio y decidieron darse unas vacaciones familiares para recuperarse. A la vuelta sucedió la catástrofe. Pierre Curie fue atropellado por un carro de caballos mientras iba al laboratorio en 1906. Ese día Marie no había querido acompañarle por ir de excursión con Irene y él se había sentido molesto. El sentimiento que la rompía por dentro la impulsó a escribir un diario en el que se dirigía a Pierre. En palabras de Eve Curie:

“Desde el momento en que tomó conciencia de las tres palabras “Pierre está muerto”, cayó para siempre sobre sus hombros una capa de soledad y de misterio. Ese día de abril, Madame Curie se convirtió no sólo en una viuda sino también en una mujer triste e irremediablemente solitaria”.

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Es mismo año le propusieron la cátedra de Física en la Sorbona que había sido otorgada a Pierre en 1904 y en 1906 dio su primera clase. La expectación era máxima y muy pocos repararon en el hecho de que empezaba la clase en el punto exacto en el que la había dejado Pierre. Se mostró seca y distante, pero la verdadera Marie lo vivió de una manera muy intensa:

“Ayer di mi primera clase en sustitución de mi Pierre. ¡Qué pena y qué desesperación! Te habría encantado verme de profesora de la Sorbona y yo misma la habría dado gustosamente para ti, pero darla en tu lugar, Pierre mío, nadie podría soñar nada más cruel. Cómo sufrí con ello y qué deprimida estoy. Pienso de veras que ha desaparecido toda mi voluntad de vivir y no me queda nada más que el deber de criar a mis hijas y la voluntad de continuar el trabajo que he aceptado. Es posible que también el deseo de demostrar al mundo y sobre todo a mí misma que aquello que tú amabas tanto tiene algún valor real.”

Algunas personas la han acusado de no lograr nada por sí misma desde el fallecimiento de su marido. Personalmente, no le veo sentido a la crítica puesto que el objetivo principal de Marie y de su laboratorio era la investigación médica, biológica e industrial en beneficio de la humanidad. Marie creía sinceramente que el empleo correcto de la radiactividad podía hacer un mundo mejor. Y si quería que el radio se quedase en Francia no era por ningún afán de control sino porque recordaba cómo Pierre le advirtió que las sustancias radiactivas en manos equivocadas podían provocar una enorme destrucción.

Y, entre tanta investigación surgió “El Gran Escándalo”. En 1910 Marie se convirtió en amante de Paul Langevin. El matrimonio de éste no iba muy fino y su mujer ya estaba acostumbrada a los cuernos pero que fuese la famosa Marie Curie quien se los ponía, no le hizo ninguna gracia. Así que contrató a un detective que sustrajo del escritorio de la física las cartas que se habían enviado los amantes.

Ambos asistieron al primer Congreso Solvay (el famoso de la foto) de Bruselas que resultó inolvidable para Marie gracias a dos telegramas: El primero le anunciaba la concesión del Nobel de Química “en reconocimiento de sus servicios en el avance de la Química por el descubrimiento de los elementos radio y polonio, el aislamiento del radio y el estudio de la naturaleza y compuestos de este elemento”. Con ello se convertía en la primera persona a la que se le concedían dos Premios Nobel en dos campos diferentes. El segundo telegrama le comunicaba que Jeanne Langevin había enviado sus cartas a la prensa.

Al saberlo se retiró del congreso y una vez en Francia le cayeron palos por todas partes. La acusaron de extranjero, le tiraron piedras, la llamaron roba-hombres…. Perdió casi a todas sus amistades.

De hecho, poco después de estallar el escándalo un miembro del Comité Nobel le escribió pidiéndole que se abstuviera de acudir a Suecia a recibirlo. Citando las cartas le dijo que “si la Academia hubiese creído que pudiesen ser auténticas no le hubiera concedido el premio”. Dolida por la carta respondió clara y contundente:

“El premio se ha concedido por el descubrimiento del radio y del polonio. Creo que no existe conexión alguna entre mi labor científica y mi vida privada… No puedo aceptar, en principio, la idea de que en la apreciación del valor de las investigaciones científicas deban influir la difamación y la calumnia sobre la vida privada. Estoy convencida que esta opinión es compartida por muchas personas.”

Una Madame Curie dura, orgullosa y más agresiva asistió a la ceremonia del Nobel y en su discurso dejó claro el papel que había jugado en el descubrimiento de la radiaoactividad.

Al volver a casa, sin embargo, estalló en la peor crisis depresiva que había sufrido hasta entonces y enfermó del riñón. Durante su convalecencia, el concepto de átomo se revolucionó gracias a físicos como Rutherford. Como cotilleo apuntar que la nieta de Marie, Helene está casada con el nieto de Langevin, Michel.

En 1913, y después de que muchos científicos traten de convencerla, accede a quedarse con un duplicado de su patrón internacional del radio y entregar el original al Bureau International des Poids et Mesures.

En 1914 la construcción del laboratorio Curie en el Instituto Pasteur estaba casi terminada. Pero el 3 de agosto estalló la I Guerra Mundial.

– En septiembre los alemanes entraron en Francia y avanzaban hacia París. El gobierno se trasladó a Burdeos y Marie fue en tren hasta allí con una maleta de tubos de bromuro de radio recubiertos de plomo. Su equipaje representaba todo el radio que había en Francia.

– A través de la Cruz Roja y la Unión de Mujeres de Francia, Marie Curie instaló un aparato de Rayos X en un camión Renault con sus propias manos convirtiéndolo en la primera unidad móvil de Rayos X de la historia. Llegó a equipar 20 coches (conocidos como los “petit Curie”). En ellos el cirujano se encerraba con ella en el cuarto oscuro mientras pasaban los soldados heridos uno tras otro y así durante horas, días…

No se quedó en la retaguarda, sino que fue de las que fueron al frente y mantuvo diversas peleas con los generales para poder llevar los coches hasta los hospitales del frente. Su hija Irène, con tan solo 16 años, iba con otro aparato de rayos X y ayudaba por su cuenta.

Al acabar la guerra, muy debilitada volvió a trabajar y el gobierno nombró oficialmente a Iréne su ayudante. Quería recaudar dinero para el instituto para que Iréne pudiese seguir con su labor. En una entrevista conoció a una periodista estadounidense, Missy, que le dijo entusiasmada que ella debía tener ese gramo de radio y que recaudaría cien mil dólares de las mujeres de Estados Unidos. Delineator publicó la noticia bajo el titular más efectista: “Ojalá no mueran millones de personas”. Un año más tarde se había conseguido el dinero y volvía a ser el icono en la prensa que la había destruido diez años atrás. Marie fue de bolos a Estados Unidos a recoger el dinero. Sabía que la forma de recaudar era alimentar el mito pero no le gustaba y al final de su vida trató de poner freno al mito que había contribuido a crear.

“La humanidad necesita soñadores, para quienes la búsqueda desinteresada de un fin sea tan imperiosa que les resulte imposible dedicar mucha atención a sus intereses materiales”

En 1934 murió en el sanatorio de Sancellemoz, a los 66 años de edad.

Su hija Irène y su marido Frederic ganaron el Nobel de Química un año después por el descubrimiento de la radioactividad artificial.

“Soy de los que piensan que la ciencia es enormemente bella. Un científico en su laboratorio no es solo un técnico, también es un niño colocado ante fenómenos naturales, que le impresionan como un cuento de hadas.”

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Acerca de Laura Morrón

Licenciada en Física por la Universidad de Barcelona y máster en Ingeniería y Gestión de las energías renovables por IL3. Tras años dedicada a la protección radiológica, he encontrado un empleo como directora editorial de Next Door Publishers, que aúna mi pasión por la divulgación científica y la literatura. Aparte de esta labor, también ejerzo de divulgadora científica en mi blog «Los Mundos de Brana» —premiado en la VI edición del Concurso de Divulgación Científica del CPAN—, en el podcast «Crecer soñando ciencia» y en las plataformas «Naukas» y «Hablando de Ciencia». He colaborado en el blog «Desayuno con fotones» y los podcasts de ciencia «La Buhardilla 2.0» y «Pa ciència, la nostra». Soy socia de ADCMurcia, Cienciaterapia, Asociación Podcast y ARP-SAPC. En 2015 tuve el honor de ser galardonada con el premio Tesla de divulgación científica de «Naukas».
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