Felisa Martín Bravo, primera doctora en Física del estado español

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Felisa Martín Bravo nació en Donostia el 11 de junio de 1898. Creció junto a sus padres Enrique y Rosalía y su hermana pequeña Rosalía en la residencia familiar situada en la calle Urbieta del barrio de Amara. Realizó sus estudios secundarios en el Instituto General y Técnico de Gipuzkoa hasta terminar el bachillerato, cuyo título fue emitido por el Rectorado de Valladolid el 1 de mayo de 1919.

Continuó su andadura estudiantil en Madrid, donde cursó la carrera de Ciencias Físicas en la Universidad Central mientras trabajaba dando clases en el Departamento de Ciencias del Instituto Escuela perteneciente a la Junta de Ampliación de Estudios (JAE), para obtener el título de profesora de instituto.

Al licenciarse en 1922, se incorporó al programa de investigación que dirigía el físico Julio Palacios en el Laboratorio de Investigaciones Físicas (LIF), que había sido fundado por la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), en 1910, bajo la dirección del físico Blas Cabrera. Felisa Martín Bravo asistió primero a las prácticas de física con las que se iniciaba a los alumnos recién llegados al Laboratorio de Investigaciones Físicas (LIF) y que impartía el propio Blas Cabrera con la colaboración de J. Torroja.

En 1922 se creó en el LIF una sección de Rayos X para contribuir, a través del análisis de la estructura cristalina, a los trabajos de Cabrera sobre magnetismo en las tierras raras. En un primer momento, a la espera de los nuevos aparatos, se construyó una instalación provisional, en la que, pese a los escasos medios, se alcanzaron medidas de gran precisión.

Julio Palacios

Julio Palacios

Dos años después, Felisa Martín se hizo socia de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias (AEPPC) cuyo objetivo era investigar y, sobre todo, divulgar los conocimientos de la época. Contó con pocas mujeres. En 1912, sólo eran 8 de un total de 710 socios, número que en 1931 subió a 18 de un total de 1.261. Al parecer, las mujeres que habían tenido la posibilidad de adquirir estudios especializados preferían asociarse en su campo de especialidad.

En febrero de 1925, Felisa solicitó una pensión a la JAE para proseguir con el doctorado. Conocedora del inglés, francés, italiano y alemán, tenía el propósito de ampliar sus estudios y terminar la tesis en el extranjero. Sin embargo, al final, insegura con el futuro de su carrera científica decidió presentarse a oposiciones a cátedras de instituto y aplazó el proyecto. Las becas que concedía la Junta a «aquellas señoritas que no pudiendo costear sus estudios se distinguen por su actitud y aprovechamiento» cubrían aproximadamente la mitad del coste de la vida en la Residencia de Estudiantes y sólo podían disfrutarse durante dos cursos completos a cambio de algún servicio que la becaria prestaba a la Residencia. En el caso de Felisa Martín, por su formación, se encargó de impartir Física y Matemáticas.

Durante el curso 1925-1926, simultaneó su labor como profesora del Instituto-Escuela y como profesora ayudante de la Facultad de Ciencias, con sus investigaciones bajo la dirección de Julio Palacios. Como becaria del LIF, se ejercitó en el manejo de los nuevos instrumentos de espectrometría y consiguió llegar a establecer, por el método de Bragg y el de Debye-Scherrer, la estructura de los óxidos de níquel y de cobalto, y del sulfuro de plomo. Estos resultados constituyeron el material de su tesis de doctorado que presentó en 1926 y que la convirtió en la primera doctora en física del estado español. Ese mismo año, publicó los primeros resultados del trabajo de la Sección de Rayos X del LIF «Determinación de la estructura cristalina del óxido de níquel, del óxido de cobalto y el sulfuro de plomo» (1926), cuya producción en sus seis primeros años se limitó a dos artículos. Esto pudo deberse a la escasez que padecían pero, aun así, cabe destacar que fuera precisamente el artículo de Felisa Martín el primero de los dos publicados.

En septiembre de 1926, ya doctora en ciencias físicas, volvió a solicitar la ayuda de la JAE para viajar a Estados Unidos. Había sido invitada por el Connecticut College de New London para dar un curso de Física y otro de Lengua Castellana, haciéndose cargo el College de la manutención pero no de los viajes. Se la concedieron el 6 de octubre, por una duración de siete meses, con una asignación mensual de 300 pesetas. En diciembre ya se encontraba en el Connecticut College, un colegio bastante moderno que contaba con 650 alumnas, de entre las cuales 140 seguían cursos de español aunque, en palabras de Felisa tenían «un desconocimiento completo de Europa y en particular de España».

Gracias a las cartas que intercambió con el encargado del servicio de pensiones Gonzalo Jiménez de la Espada y los certificados mensuales que tenía que enviar, sabemos que las cartas tardaban casi un mes en llegar y que los americanos eran poco cumplidores en el seguimiento del trabajo de las becarias. A este respecto, Felisa escribe lo siguiente:

Hasta hoy no he tenido los certificados que el presidente de este colegio me acaba de hacer. Como V. ve, tampoco tienen un aspecto muy  solemne, pero dicen que es como ellos extienden siempre los certificados. La verdad es que no se preocupan tanto como nosotros de estos detalles. De todos modos están mucho mejor que los del agente consular; ya me parecía a mí que éstos no estaban muy bien, pero como en New York me dijeron que sí, los envié. Por cierto que me ha costado trabajo hacer comprender a la secretaria cómo había de redactar el certificado, pues no le cabía en la cabeza que tuviera que mandar uno solamente para decir que estoy aquí. Creía que tendría que decir algo respecto a mi comportamiento, etc. Y por fin, según veo, se ha salido un poco con la suya.

Satisfecho con su trabajo, el Connecticut College le ofreció un considerable aumento de sueldo si prorrogaba su estancia durante el siguiente periodo lectivo. En New London, además de las clases, también daba algunas charlas en el Club Español y en abril de 1927, aprovechando las vacaciones de Pascua, visitó Harvard, Yale y el Wellesley College para conocer sus laboratorios y los avances que en ellos tenían lugar. Ese mismo verano aceptó un puesto en la Spanish School del Middlebury College, donde se reencontró con José Vallejo, a quien ya conocía del Instituto-Escuela y con quien contrajo matrimonio al regrasar a Madrid a finales de agosto.

En 1928 aprobó las oposiciones al Cuerpo de Meteorólogos y Auxiliares de Meteorología y un año después, tras realizar el curso de formación, fue nombrada Auxiliar de Meteorología con la categoría de «Oficial 3º de administración». Sin embargo, como en aquel momento no había vacantes, se quedó «en expectativa de destino» hasta que en 1931 se incorporaría a la Oficina Central en Madrid, como paso previo a su destino definitivo en el Observatorio de La Coruña.

Mientras tanto, seguía como profesora ayudante de Física de la Universidad Central y becaria del grupo de Julio Palacios. En septiembre de 1929, los equipos ubicados en el LIF se trasladaron al nuevo Instituto Nacional de Física y Química (INFQ) y Felisa continuó sus investigaciones en la sección de Rayos X del Instituto, que pasa a llamarse Cátedra Cajal. Como miembro del grupo de Julio Palacios, estudió la constitución química de algunos cuerpos y comprobó las teorías de Kronig sobre la estructura fina del espectro utilizando cristales mixtos de cobre y cinc. Según Felisa, algunas dificultades técnicas les impidieron extraer conclusiones definitivas al respecto.

Un año más tarde presentó una nueva instancia de solicitud de beca a la JAE para estudiar Espectrografía de Rayos X en la Universidad de Cambridge. Le fue concedida el 24 de junio de 1932, por un periodo de diez meses a partir del 1 de octubre. Durante su estancia, Felisa Martín, si bien en un principio prosiguió con sus estudios en el área de los rayos X en el laboratorio Cavendish, acabó relegándolos en favor de la meteorología, ya que desde el Servicio Meteorológico se le encargaron sondeos atmosféricos con aplicación a la protección de vuelos.

En Inglaterra volvió a tener problemas con los justificados que debían remitirse a la JAE. Quienes hacían los certificados no comprendían que tuviese que constar su nombre y no el de su marido. Tal y como expresó Felisa en una carta, el 7 de noviembre: «Le adjunto el certificado extendido en la forma debida. Trabajo le costó al Dr. Searle enterarse de lo que se trataba, pues aquí la mujer casada aparece para todo con el nombre de su marido».

En los observatorios de Duxford y Kew llevó a cabo trabajos relativos a la electricidad atmosférica que continuó en el Solar Physics Observatory de Cambridge, bajo la dirección de Wilson, profesor de Electricidad Atmosférica, y Wormell, profesor de la asignatura de Alta Atmósfera. El resultado de dichas investigaciones dio lugar a la memoria que presentó a la JAE como resultado de su estancia: «Corrientes eléctricas verticales originadas por la acción de las puntas bajo nubes de tormenta, chaparrones, etc.».

Instituto Nacional de Física y Química (INFQ)

Instituto Nacional de Física y Química (INFQ)

Concluido el curso, en verano de 1933, escribió al secretario de la JAE solicitando una prórroga de su ayuda para continuar con el trabajo que había tenido que interrumpir por el término de la misma. Añadió también, que los resultados obtenidos hasta entonces, habían sido revisados por los profesores Wilson y Wormell, quienes los habían aprobado para su publicación. Sin embargo, la prórroga le fue denegada porque Blas Cabrera no consideró que estuviese suficientemente justificada:

Mi querido amigo y compañero: he visto ya la memoria y las gráficas que envía doña Felisa Martín solicitando la prórroga de su pensión. Conozco a esta señora, a quien considero altamente estimable y por ello informé favorablemente sobre su instancia. Pero en el momento actual no me atrevo a prestar mi conformidad a dicha prórroga si ha de justificarse en dicho trabajo, pues ello me pondría en contradicción con mi proceder en casos análogos. Créame usted que experimento con ello una contrariedad que explica el mucho tiempo que he tardado en formular esta respuesta.

A Felisa se le comunicó la decisión, sin citar a Cabrera, el 13 de diciembre de 1933.

Así que en 1934 regresó a España e ingresó en el Servicio de Meteorología hasta la llegada de la Guerra Civil.

En julio de 1936, el Servicio Servicio Meteorológico Nacional, como se llamaba desde 1932, se había escindido en dos partes. En la zona “nacional” se reorganizó como un órgano del ejército, mientras que en la republicana en la que continuó trabajando Felisa, mantuvo la denominación de Servicio Meteorológico Nacional y continuó como un organismo civil.

El levantamiento del 18 de julio sorprendió a Felisa Martín Bravo en Madrid, camino de sus vacaciones en San Sebastián. En octubre, con el frente ya cerca de la capital, la agencia meteorológica republicana se trasladó a Valencia y, en 1937, ordenó a sus trabajadores que se incorporasen a la nueva sede en tierras valencianas. Felisa no se presentó al puesto y fue separada del Servicio.

La guerra civil supuso el exilio y el final de la carrera científica de muchas jóvenes. Tras la guerra, el Servicio Meteorológico Nacional se convirtió en un punto estratégico de comunicación, se adscribió al Ejército del Aire y cerró el ingreso a las mujeres. Por este motivo, hasta bien entrados los años sesenta, las únicas que continuaron trabajando en él fueron las que habían ingresado antes de la guerra y eran cercanas al nuevo régimen o habían sido readmitidas tras superar con éxito el expediente de responsabilidades o de depuración.

En 1937, mientras Felisa sufría las consecuencias de rechazar el traslado forzoso a Valencia, el observatorio Igeldo vivía una situación jurídica complicada. Su dirección correspondía al Ejército del Aire mientras que el mantenimiento del edificio y su gestión corrían a cargo de la Diputación Foral de Gipuzkoa. Tras la marcha de su director Juan López Cayetano a Salamanca debido a los problemas que tenía su unidad, el ejército no disponía de candidatos suficientemente preparados y la Diputación no podía nombrar un responsable. Por este motivo, se decidió ocupar el puesto con un civil que hubiese trabajado en la Agencia Estatal de Meteorología. En noviembre de 1937, Felisa fue designada como «directora accidental», cargo que ocuparía hasta junio de 1940. Su sucesor, propuesto por la propia Felisa fue el matemático y meterólogo Carlos Santamaria Ansa.

De regreso a Madrid Felisa y su marido tuvieron que superar un expediente de depuración. Felisa se vio obligada a dar cuenta de su trabajo en el bando republicano y de la relación que mantenía con el dramaturgo Alejandro Casona, casado con su hermana Rosalía y exiliado en Méjico. Ambos pasaron el expediente y Felisa ingresó el en Servicio General de Meteorología, donde comenzó como ayudante y con los años, pasaría a ser metoróloga. Los resultados de sus investigaciones sobre electricidad atmosférica fueron expuestas en varios artículos que escribió durante 1943 y 1954. Permaneció en la entidad hasta su jubilación.

En 1962 se fundó la Asociación Meteorológica Española (AME). Según lo que figura en su boletín, Felisa hizo interesantes contribuciones a las primeras jornadas científicas de la asociación, celebradas en Salamanca en torno al tema de «Meteorología y automatismo». Durante 1973 – 74, revalidó su carácter de pionera al convertirse en la primera presidenta de la Asociación Meteorológica Española.

La primera española doctora en Física falleció en Madrid el 29 de octubre de 1979.

Bibliografía:

Uxune Martínez, «Felisa Martín Bravo (1898-1974), la primera doctora en física», Mujeres con ciencia.

Magallón Portolés, Carmen, «Del laboratorio de investigaciones físicas a la meteorología: la primera española doctora en Física, Felisa Martín Bravo»

Magallón Pórtoles, Carmen, «Pioneras españolas en las ciencias experimentales». 100coas@Uned, 8. alea, 127-135

Magallón Pórtoles, Carmen, «Científicas en las Sección de Rayos X del Rockefeller», Actas del III Simposio «Ciencias y Técnica en España de 1898 a 1945: Cabrera, Cajal, Torres Quevedo (2001)». Amigos de la Cultura Científica, Madrid, 43-52

Acerca de Laura Morrón Ruiz de Gordejuela

Licenciada en Física por la Universidad de Barcelona y máster en Ingeniería y Gestión de las energías renovables por IL3. Tras años dedicada a la protección radiológica, he encontrado un empleo como directora y editora de Next Door Publishers, que aúna mi pasión por la divulgación científica y la literatura. Aparte de esta labor, también ejerzo de divulgadora científica en mi blog «Los Mundos de Brana» —premiado en la VI edición del Concurso de Divulgación Científica del CPAN—, en el podcast para niñas y niños «Crecer soñando ciencia» y en las plataformas «Naukas» y «Hablando de Ciencia». He colaborado en el blog «Desayuno con fotones» y en los podcasts de ciencia «La Buhardilla 2.0» y «Pa ciència, la nostra». Soy socia de ADCMurcia, Cienciaterapia y ARP-SAPC. En 2015 tuve el honor de ser galardonada con el premio Tesla de divulgación científica de «Naukas».
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14 respuestas a Felisa Martín Bravo, primera doctora en Física del estado español

  1. Carmen dijo:

    ¡Gracias por este magnífico trabajo de divulgación!

  2. Melli Toral dijo:

    Genial como todas tus biografías. Llenas d “alma”

  3. Jose Antonio Estupiñán dijo:

    Felicidades Laura. Me ha encantado la manera en que has contado la historia de Felisa. Que la desconocía. Y también te envío mis felicitaciones por tus anteriores artículos. En todos luce la brillantez de la excelente exposición que haces.
    Hace un tiempo te dije que nadie, al menos que yo sepa, había indagado sobre la evolución y desarrollo de la Física y las Matemáticas durante el periodo entre guerras mundiales y en la etapa de la guerra fría. Creo, a mi entender, que hay madera para rato y gratas sorpresas de gentes que no han sido conocidos por el gran público. Muchas Gracias por Ilustrarnos.

  4. Me ha encantado. Al mismo tiempo, me ha entristecido no conocerla antes. Y mucho más habiendo estudiado física.

  5. Reblogueó esto en Bitácora de Leoncio López-Ocóny comentado:
    Interesante noticia biografica de la profesora e investigadora Felisa Martín Bravo. Su corresponsal en la JAE al que se menciona en el artículo no es Gonzalo de la Espada, sino Gonzalo Jiménez de la Espada, estrecho colaborador de José Castillejo e hijo del naturalista e historiador americanista Marcos Jiménez de la Espada

  6. radiator dijo:

    Muy interesant y muy bien escrito Muchas gracias por darnos a conocer a esta fantástica mujer

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