Tempus fugit

Norvhic Fernandez Austria

Norvhic Fernandez Austria

El paso del tiempo se mide en cicatrices.

Demasiados tropiezos, golpes sin esquivar, brechas abiertas.

Arrugas sobre el reflejo blanco y negro. Deterioro esculpido, condena.

Recuerdos errantes. Memoria cansada que desaprende a encontrar.

Eco de amor en vacío de ausencias. Soledad empapada.

Rendición y espera.

Último aliento.

Telón.

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Este texto está inspirado en la iniciativa de este mes de @Divagacionistas que tiene el «tiempo» como tema principal.

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Vera

Tan pronto como me interesé en la astronomía decidí que eso era lo que haría durante el resto de mi vida. Pero no solo era la astronomía, era la maravilla de todo. Pensaba cómo se podía vivir en la tierra y no querer estudiar todas esas cosas.

Vera Rubin

—No podrás cruzar esta línea —dice Ruth con las mejillas encendidas.

Vera sonríe, ha salido ganando.

A ninguna de las dos les gustó la nueva casa. Debían compartir el territorio. Los juguetes iban de un lado a otro tomando posiciones. Conquistadores de plástico. Las riñas se sucedían, la paz parecía inalcanzable. Se impuso el ultimátum paterno: debían aprender a convivir.

Llegaron a una tregua. Se dividieron la habitación y trazaron una frontera imaginaria. La cama de Vera quedó situada al lado del ventanal orientado al norte. Descubrió algo más apasionante que cualquier juego: el cielo nocturno.

Tiene once años y sabe que va a ser astrónoma. Su hermana duerme a pocos metros, ajena al espectáculo que les ofrece el cosmos, al espectáculo que Vera memoriza y dibuja cada mañana. Visita la biblioteca con asiduidad, empieza a leer sobre el universo, a conocerlo. Unos amigos de la familia la llevan a Virginia a hacer observaciones astronómicas, le nombran las constelaciones.

Con la ayuda de su padre construye su mayor tesoro: un telescopio de dos pulgadas de diámetro. Fotografía el cielo, escribe sobre él. Los juguetes descansan olvidados en su mitad del dormitorio.

Cae la noche, las estrellas bailan para Vera.

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Este relato participa en la iniciativa de @Divagacionistas con «los juguetes» como tema principal y está dedicado a la astrónoma Vera Cooper Rubin que nos dejó el pasado 25 de diciembre en Nueva Jersey.

Para saber más sobre la carrera científica de Vera Rubin:

— Entradas en Los Mundos de Brana.

— Entradas en el blog Mujeres con Ciencia.

— Especial de Los 3 Chanchitos sobre Vera Rubin.

— Especial de Coffee Break sobre Vera Rubin.

Vera Cooper Rubin '48

 

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Celebrad el mundo mutilado

leyendonieve

Hay algo de inexacto en los recuerdos:
una línea difusa que es de sombra,
de error favorecido.

Felipe Benítez Reyes, Valor del pasado

Consumismo, derroche energético, muchedumbre, empachos, borracheras, engaño, hipocresía,…  Y, sin embargo, me enternecen estas fechas. Seguramente se deba a lo mucho que las disfrutaba de pequeña o al buen trabajo que ha hecho mi memoria desdibujando el pasado.

Lo pasaba pipa adornando el árbol de navidad y montando el belén con su nacimiento, su pozo, su caganer, sus reyes magos y su legión de pastorets, que aumentaba cada año con algún nuevo fichaje de la fira de santa Llúcia. Escribir la carta a los Reyes Magos exigía máxima concentración, debía argumentar con claridad por qué merecía los regalos, no dejarme ninguno por incluir en la lista. Llevársela al paje real no debía de atraerme demasiado, o, al menos, eso da a entender la cara de circunstancias que pongo en las fotografías que aparezco junto al susodicho. Nunca esperé regalo de Papá Noël. Las pelis me habían dejado claro lo ocupadísimo que estaba haciendo milagros a los neoyorquinos incrédulos. En Noche Vieja, la familia se reunía para llevar a cabo una práctica de alto riesgo: (tratar de) comer las uvas al son de las campanadas de televisión española. Silencio absoluto, tensión,  fracaso. Nunca nadie lo consiguió, siempre nos felicitamos el año entre gruñidos y la boca llena de granos por engullir. El colofón de las fiestas era la generosa aparición de los Reyes Magos. La noche en vela, nerviosa, inmóvil, emocionada. La mañana triunfal de apertura de paquetes. El resto del día dedicado a jugar. En definitiva, unos buenos recuerdos con los que alimentar mi aprecio por estas fechas.

Las pasadas navidades fueron especiales en muchos sentidos. Los Reyes Magos pasaron antes de tiempo y el uno de enero estrenaba nueva vida. Ha sido un año de muchos comienzos, con las alegrías y dificultades que esto conlleva. Por mucho que ame a mi pareja, por buena que haya sido la acogida, tener a mi familia y amigos de siempre a más de 800 km de distancia no es fácil. Empezar un trabajo en el que no tenía experiencia, tampoco. Menos aún siendo consciente de que era una oportunidad única de dedicarme a lo que me gusta. Se dispara la autoexigencia, la necesidad de estar a la altura. En estos meses he aprendido muchísimo sobre el mundo editorial y he trabajado duro pero, aun así, mi falta de bagaje en este campo me ha costado algún disgusto.

Mi objetivo en  2017 es poner todo mi empeño en conseguir que la noche que me visite el fantasma de las navidades futuras, encontremos a la editora y coordinadora editorial que el equipo, los autores y los lectores de Next Door merecen compartiendo su vida con las personas que quiere.

Mi regalo es este poema/consejo de Adam Zagajewski, que yo misma trataré de seguir pase lo que pase —ya sabemos que las cosas no son siempre como nos gustaría—.

Felices fiestas.

Os deseo lo mejor.

Intenta celebrar el mundo mutilado.
Recuerda los largos días de junio
y las fresas silvestres, las gotas de vino rosé.
Las ortigas, que con esmero cubrían
las fincas abandonadas de los exiliados.
Tienes que celebrar el mundo mutilado.
Mirabas los yates y los barcos lujosos;
uno de ellos tenía un largo viaje por hacer,
a otros solo les aguardaba un vacío salado.
Has visto a refugiados con rumbo a ninguna parte,
has oído a verdugos que cantaban con gozo.
Deberías celebrar el mundo mutilado.
Recuerda los momentos cuando estabais juntos,
en una habitación blanca se movió la cortina.
Que tu pensamiento vuelva al concierto cuando estalló la música.
Durante el otoño cogías bellotas en el parque
mientras las hojas se arremolinaban en las cicatrices de la tierra.
Celebra el mundo mutilado,
y la pluma gris que un tordo ha perdido,
y la luz delicada que yerra y desaparece
y regresa.

Fotografía de Ricardo Morrón

Fotografía de Ricardo Morrón

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Marina

Joaquín Sorolla «Niña»

Joaquín Sorolla
«Niña»

El olfato es un poderoso hechicero que nos transporta a través de miles de millas y de todos los años que hemos vivido. El olor a fruta me lleva a mi casa sureña, a mis juegos de niña en la huerta de durazno. Otros olores, instantáneos y fugaces, hacen que mi corazón se llene de alegría o se achique con el recuerdo del dolor.

Helen Keller

Paso apresurado por un pueblo fantasma. Por unas calles que meses después recorrerán manadas de veraneantes. Haces malabarismos para sostener el maletín, el bolso y el paraguas plegable que apenas te resguarda de la lluvia. Según las indicaciones del mapa, la clínica tiene que estar cerca. Pasas por delante de una tienda “para turistas” que desafía el decorado invernal. De pronto, tienes ocho años.

Sobre la toalla esperas a que pase el tiempo suficiente para que se diluya el amenazante corte de digestión. El mar, todavía dormido, ronronea suavemente sobre la orilla. Hundes tus pies en la arena, notas la caricia. El calor del sol soñoliento te reconforta. La brisa juega con tus mechones mientras te entretienes buscando pechinas. Te gusta llevarte un poco de playa a casa. Mirar de noche el bote de cristal, imaginar el refugio.

Te sumerges poco a poco en el agua salada. Sientes su abrazo. Juegas con las olas, danzas a su compás. Desaparece la angustia, el miedo. Solo tú y el mar. Cierras los ojos. Eres feliz. Estás a salvo.

Un claxon te devuelve a la realidad, te aleja de aquella niña que apenas recuerdas. En el expositor del quiosco la máquina del tiempo. El verano de tu infancia olía a after sun.

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Este relato participa en la iniciativa de @Divagacionistas de esta semana, con «los olores» como tema principal.

Para saber más sobre la relación entre el sentido del olfato y la memoria:

 

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Dos colecciones: dos formas de divulgar la ciencia

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Voy a dejarlo claro desde un principio. He venido a hablar de “mis” libros.

El pasado 18 de junio, poco antes de que se presentase Disecciones en la librería La Extravagante de Sevilla, Oihana me anunciaba que, aparte de mis labores de edición y coordinación editorial, dirigiría las dos colecciones de divulgación científica de Next Door. Me sentí pletórica. No pude sacármelo de la cabeza durante toda la tarde. La sonrisa que luzco en las fotografías de la presentación da buena cuenta de ello.

Pero las buenas noticias seguían. Como directora, podía elegir su nombre. Me puse a pensar, a fantasear… Le pasé a Oihana una lista con distintas posibilidades para cada una y mis favoritas salieron victoriosas: Lienzos y Matraces y El Café Cajal. Ambas colecciones tratan la ciencia desde el contexto humanista identitario de la editorial, pero cada una cuenta con características propias:

Lienzos y Matraces reúne aquellas obras en las que la ciencia se trasmite a través del arte o junto a él. Busca divulgar la excelencia del contenido deslumbrando. Su presentación defiere en cada obra adecuándose a la clase de motivo expuesto. Siempre son ediciones de lujo, filigranas editoriales.

A esta colección pertenece The art of transforming science de José María Gil-Vernet y el libro de José Ramón Alonso y Yolanda González, Botánica insólita. En esta obra, de reciente publicación, el abrazo entre la narrativa magistral de José Ramón y las ilustraciones delicadas y poderosas de Yolanda alcanza la perfecta armonía. El contenido de las historias atrapa, su conversión en obra de arte envuelve. La ciencia inspira al arte que al emerger la subraya, la ilumina. El amor a los libros se palpa en cada una de las hojas de esta obra destinada a descubrir un mundo vegetal nuevo y seductor, insólito.

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El Café Cajal quiere dar voz a aquellos textos que invitan a la reflexión, que enseñan cosas nuevas al tiempo que incitan a seguir aprendiendo. Los libros de esta colección, presentados con la elegancia marca de la casa, no terminan en la última página, permanecen en el lector y lo transforman.

Esta colección se estrena con Las mujeres de la Luna de Daniel Roberto Altschuler y Fernando J. Ballesteros. Un libro, coeditado con Jot Down Books, que nos acerca la vida de aquellas 28 mujeres que han sido honradas con un nombre de cráter lunar. Sus historias de amor, dolor y valor merecen ser recordadas y son una fuente de inspiración en nuestro camino hacia una sociedad más igualitaria. Un mundo más justo que quizá en un futuro, también se vea reflejado en la nomenclatura de los accidentes selenográficos de nuestro satélite, tan bellamente representado por Iñigo Saldaña en la cubierta del libro.

En una editorial pequeña como la nuestra que no cuenta con un gran volumen de publicaciones al año, debemos ser muy selectivos a la hora de elegir manuscritos. Tanto en el caso de Botánica insólita como en el de Las mujeres de la Luna, no hubo ninguna duda: eran dos obras excepcionales que seguían nuestra línea editorial y que queríamos convertir en libros imprescindibles. Y, honestamente, gracias a la participación de un gran equipo humano, creo que lo hemos conseguido.

Me gustaría que los comprarais para poder seguir publicando joyas como estas pero, sobre todo, porque creo sinceramente que merecen ser leídos.

 

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Melli Toral: Divulgando con el corazón

portada

En las proximidades del stand de la Asociación de Divulgación y Comunicación Científica de la Región de Murcia en la SECYT, se ha formado un corro de niños. No pierden detalle. Algunos se ponen de puntillas para escuchar bien. A todos les brillan los ojos. En el centro está la profesora Mª Remedios Toral Noguera —nuestra Melli— contándoles un cuento.

En este blog ya conocemos del empeño de Melli por mejorar el mundo. Aparte de su labor en el aula, lleva años dedicando su tiempo libre a la creación de actividades que permitan transmitir la ciencia de otra manera, que logren mostrar su atractivo a un público más amplio.  Una de ellas son los cuentos que hace tiempo que explica a los pequeños y que, por fin, podremos disfrutar y compartir todos nosotros gracias a 8 cuentos en un matraz. Proyecto en el que he tenido el honor de ser invitada a participar,  junto a grandiosos divulgadores, con la grabación de uno de los relatos.

Un caldo de lombarda cascarrabias, un gas Oxígeno bastante presumido, unas moléculas de agua algo impacientes, unos globos juguetones e imprudentes, dos gases que siempre tienen la maleta preparada, una bola de algodón y una pieza de hierro que aparentan lo que no son, un electrón malhumorado y un pequeño satélite que ha tenido que emigrar a otra galaxia son los protagonistas de las historias que he metido en este gran matraz.

Este libro, elaborado con tanto corazón, ha sido ilustrado por María Isabel Aguilera Velayos, una brillante alumna de Melli que actualmente cursa 1º de bachillerato. El encargado de introducir los dibujos en el texto ha sido Miguel Ángel Pérez,  un exalumno que está haciendo la doble titulación de Empresariales y Derecho. La maquetación ha corrido a cargo del hijo de Melli, Isidoro  y le hemos puesto voz a los cuentos: Maria José Moreno, Daniel Torregrosa y familia, Jose Manuel López Nicolás y su hija Rhut, Jose Blas García, Eugenio Manuel Fernández y Carlos Lobato, Natalia Ruiz, Santi García Cremades y servidora. Podéis leer el prólogo de las profesoras Juana María Madrid Marín y Margarita Tortosa Martínez y escuchar todos los audios en este enlace.

Pero esto no es todo. Además del valor del libro en sí y de los extras, su compra ayuda a la mejora de las aulas hospitalarias puesto que lo recaudado por la venta de este libro, se donará íntegramente a las distintas asociaciones que se dedican a hacer que el día a día de los niños hospitalizados esté lo más normalizado posible.

Su precio es de 12 € y para adquirirlo, solo tenéis que escribir a remediostoral@gmail.com y Melli os lo mandará contrareembolso.

La Ciencia es divertida y explica distintos acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor.

Espero que os lo paséis Ciencia con estos relatos y que al realizar sus correspondientes prácticas entendáis mucho mejor el porqué de las cosas.

Melli Toral

Para acabar, deciros que todos los visitantes de Los Mundos de Brana que compartáis esta entrada junto al hashtag #8cuentosenunmatraz entraréis en el sorteo de un ejemplar dedicado por Melli.

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Actualización: El ganador del ejemplar de Los Mundos de Brana ha sido Emilio Molina que se lo regalará a su futura hija Adhara. Os confieso que saber que el libro será para ella, que se lo leerá de aquí unos añitos, me hace muchísima ilusión. Adhara, una chiquitina que vendrá con un libro bajo el brazo.

Fotografía de Emilio Molina

Fotografía de Emilio Molina

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La espera

―Lo más probable es que no sea nada.

No tiene ni idea. La diversidad de pruebas lo corrobora. Pero me muerdo la lengua y asiento educada. Es lo que procede en esta situación. Me retiro como un alma en pena. Me someto a una retahíla de exámenes y analíticas. Me aterra lo que puedan encontrar. Soy cobarde.

―Puede venir a recoger los resultados el jueves.

No. Me asfixio. No puedo estar tres días esperando la sentencia. Demasiado tiempo para distraer a un Monstruo que tiene carnaza para una aparición estelar. Ya siento angustia y todavía no he abandonado la habitación. Sigo como un pasmarote delante de la enfermera que me mira desconfiada.

―¿Puede darme algo que me deje inconsciente hasta el jueves? ―deseo decirle.

Pero no lo hago. Sería inapropiado y, además, sé muy bien que no existe dicha posibilidad. Opto por despedirme muy digna e iniciar el calvario. Me pongo en lo peor. Pienso en cómo se lo diré. No quiero que sufra. Me siento vulnerable. A pesar de mi hipocondría nunca había pensado seriamente que esto pudiera acabarse.

―No pienses.

No entiendo la fijación de algunas personas en aconsejarme eso. No sé cómo se hace. Soy incapaz. Los engranajes nunca descansan, nunca se detienen.

Intento serenarme.

«Lo más probable es que no sea nada».

«Lo más probable es que no sea nada».

«Lo más probable es que no sea nada».

Habrá desarrollado cierta intuición tras tantos años de experiencia. Me engaño. Actúo como un autómata. La incertidumbre oprime.

La soledad en la sala de espera. Otros individuos como yo, desviando la mirada, ausentes. Todos islas. Distrayendo un tiempo que se dilata poco a poco. Pronuncian mi nombre como si pasaran lista. Taquicardia.

―Adelante.

Inspiro.

***

Este relato participa en la iniciativa de @Divagacionistas de esta semana, con «la espera» como tema principal.

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