El viajero marciano

Recreación artística del Spirit en su lugar de descanso definitivo, la zona Troy. Créditos: NASA/JPL.

El explorador yace para siempre sobre la tierra inanimada del planeta rojo. Durante seis años lo recorrió, lo estudió, descubrió algunos de sus secretos. No se trataba solo de un deber impuesto por la agencia espacial. Necesitaba conocer su hogar, su único amigo. Su hermano estaba demasiado lejos. Ambos tenían una labor importante que realizar, ambos estaban condenados a la soledad y al destierro.

En el ejercicio de su misión fue el primer robot en coronar la cima de una montaña de otro mundo. Sus huellas sobre la piel marciana contribuyeron a que cumpliese el objetivo de encontrar rastros de agua en el planeta. Se creció ante las adversidades. Resistió tres fríos inviernos, luchó por sobrevivir. Contempló muchas más puestas de Sol de las que hubiesen podido imaginar sus creadores. Superó todas las expectativas. Pero no pudo burlar a la muerte.

Puesta de sol en Marte vista por Spirit. Créditos: NASA/JPL.

El 29 de abril de 2009 quedó atascado en una roca puntiaguda, en una trampa de la que fue imposible liberarlo. No volvió a pasear por las tierras encarnadas de su compañero, pero no se rindió. Continuó investigando desde allí como plataforma científica estacionaria.

Se acababa el tiempo.

Spirit mandó su última señal a la Tierra el 22 de marzo de 2010. Su mensaje de despedida antes de emprender el eterno invierno.

Material de color blanco en la región de Paso Robles, que se comprobó que contenía sales sulfatadas con agua en su interior. Créditos: NASA/JPL.

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Este relato participa en la iniciativa de @Divagacionistas con «Huellas» como tema principal y está basado en la misión del rover Spirit. Para conocer mejor su historia y la de su hermano el Opportunity os recomiendo vivamente que os deleitéis con este maravilloso post de Daniel Marín (@Eurekablog). Es completísimo y está escrito con una redacción absolutamente deliciosa.

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Anna Connelly en ‘Crecer soñando ciencia’

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Sara Keane
‘Anna Connelly’
(http://www.sarahkeane.com/new-gallery-2/)

Escuchar el inicio del nuevo episodio de Crecer soñando ciencia me ha emocionado. Paola, hermana de Yolanda, pone voz al relato que hice en homenaje a Mary Adela Blagg y, honestamente os diré, que lo lee con tanta dulzura y tan bien, que el texto gana mucho.

A continuación, además, Yolanda nos habla de la vida y los logros científicos de Blagg y nos pone en conocimiento de la existencia de un cráter dedicado a ella.

En la quinta entrega de la sección de «Inventos e inventores», os traigo la figura de Anna Connelly, quien con su invento, la escalera de incendios, evitó que las personas muriesen atrapadas en los incendios que se producían en sus edificios.

Nuestro buen amigo Ángel López (El lobo rayado) nos explica las características de Neptuno, que fue encontrado gracias a las matemáticas, y comparte con nosotros lo que sintió al ver las primeras imágenes del planeta registradas por la Voyager 2. La mitología asociada a Neptuno, nos la cuenta Yolanda.

Y es la misma Yolanda quien también nos trae una noticia espectacular: la detección a través de la luz y las ondas gravitacionales de la fusión de dos estrellas de neutrones.

Os dejo con «¿Llegamos al último planeta del sistema solar?», un capítulo muy completo que espero que disfrutéis. En el blog de Crecer soñando ciencia, podéis encontrar toda la información detallada del capítulo con algunos extras como fotos del cráter de Mary Adela Blagg, del invento de Anna Connelly, de Neptuno y un fabuloso vídeo que han elaborado para explicar los puntos cardinales, la salida y la puesta del Sol.

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Nuestra presentadora ya es astronauta.

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Celebremos San Alberto #CienciaMagna

ALBERTO MAGNO

La doctrina aristotélica

te instó a investigar la naturaleza.

Te condujo hacia la ciencia.

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Este sciku participa en la iniciativa de BCNspiracy de celebrar la fiesta de San Alberto.

Cómo extra, os enlazo este fabuloso artículo del Dr. Manuel Castillo Martos, catedrático jubilado de Universidad del Área de Conocimiento de Historia de la Ciencia, que me ha servido de fuente de inspiración:

Manuel Castillo, «Alberto Magno: Precursor de la Ciencia Renacentista»,Thémata, 17, 91-106

 

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Ordenar el universo #PVorden

Diana Sudyka

Taxonomía

para ordenar el cosmos,

clasificarlo.

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Este sciku participa en la iniciativa de @hypatiacafe con «el orden» como tema principal.

 

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Mi participación en el concurso: «Bolas de Nieve Matemáticas»

Del 8 al 12 de noviembre se celebró Zientzia Astea (XVII Semana de la ciencia, la tecnología y la innovación) con un gran número de actividades en las que se pudo ver, observar, tocar, probar y experimentar la ciencia, de forma gratuita, en diferentes formatos. Unos días en los que profesores e investigadores explicaron lo que se cuece en la UPV/EHU.

Las iniciativas presenciales se desarrollaron en Bilbao, San Sebastián, Vitoria-Gasteiz y Barakaldo, otras, como la que os describiré a continuación, se pudieron realizar desde cualquier lugar con conexión a la red. Gracias a esto, desde el precioso pueblo de Frigiliana, pude disfrutar de Zientzia Astea. Y quiero manifestar mi profunda gratitud a los organizadores por ofrecer esta posibilidad.

Participé en el concurso «Bolas de Nieve Matemáticas» que descubrí gracias a un tuit de mi admirada Marta Macho, en el que enlazaba la página con las bases.

Como se explica en esta página:

Una bola de nieve de longitud n es un poema cuyo primer verso está formado por una palabra de una única letra, el segundo por una palabra con dos letras, etc. hasta el n-ésimo que consta de un verso con n.

Una bola de nieve de longitud n derritiéndose empieza con un verso de letras, que se ‘va derritiendo’ hasta llegar a una única letra.

Un rombo es la concatenación de una bola de nieve y una bola de nieve derritiéndose.

Yo opté por hacer una bola de nieve derritiéndose y, entre nosotros, me costó lo mío. Me tiraría una media hora sentada en la terraza de la bella localidad de la Axarquía pensando en  palabras y contando letras. Y lo pasé genial, la verdad.

Pero además, ese momento tan placentero, no ha sido lo único que me he llevado de concursar, también ¡he sido premiada con el accésit en lengua castellana! Y me hace tanta ilusión que necesitaba compartirlo con vosotros.

En este enlace podéis leer las bolas de nieve ganadoras. Aquí os dejo la que escribí:

Matemática

abstracta

describe

melodía

Cosmos

verso

nota

oda

al

¡Gracias Zientzia Astea!

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Mesa redonda «Presente y Futuro de la divulgación científica»

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La semana pasada tuve el honor de recibir la invitación de Fernando Martín, de Caminos y Ciencia, a participar en la mesa redonda que cerrará los Talleres y sesiones formativas en divulgación científica que se llevarán a cabo durante las mañanas del 9 y 10 de noviembre, en la Facultad de Biología – Edificio Rojo (Aula 2.03).

Estos talleres están organizados por Caminos y Ciencia y la Universidad de Sevilla y tienen como objetivo, formar al PDI y a la comunidad universitaria interesada en la divulgación en nuevas forma de comunicación aplicada a la divulgación científica.

La mesa redonda «Presente y Futuro de la divulgación científica», en la que participaré, tendrá lugar el viernes 10 de noviembre a las 12:00 h (hasta las 13:00). Será moderada por Fernando Martín y me acompañarán Ángel León, Isabel López Calderón y Ricardo Chacartegui. Servirá para reflexionar sobre el presente y futuro de los ámbitos de la divulgación a los que nos dedicamos cada uno (en mi caso el de los libros).

Serán unas jornadas muy interesantes a las que te animo a venir. La entrada es gratuita, tan solo debes inscribirte en este enlace. Las inscripciones se cierran el 8 de noviembre.

Para más información, no dudes en visitar la web del evento.

¡Os espero!

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Margarita Salas, pasión por la biología molecular

Margarita Salas, junto a su marido Eladio Viñuela, inició el desarrollo de la biología molecular en España. Su estudio sobre el virus bacteriano Phi29 nos ha permitido conocer cómo funciona el ADN, cómo sus instrucciones se transforman en proteínas y cómo estas proteínas se relacionan entre ellas para formar un virus funcional.

Se define a sí misma como una persona sencilla y muy trabajadora. Se emociona con la suite de violoncello de Bach y recuerda el efecto que le produjo la lectura de El segundo sexo de Simone de Beauvoir.

Amante de la pintura y la escultura moderna, tiene un grabado de Chillida, que compró al regresar de Nueva York. La virtud que más admira y necesita es la honestidad y su paisaje favorito, después de la campiña asturiana, es el laboratorio. Allí se olvida del mundo.

Margarita nació en noviembre de 1938 en un pueblecito de la costa asturiana llamado Canero. Cuando contaba con un año de edad, se trasladó junto a su familia a Gijón, donde se criarían los pequeños. Vivían en la primera planta del sanatorio psiquiátrico que tenía su padre y los hermanos, muchas veces, jugaban con los pacientes. En el exterior, el centro contaba con un jardín con una cancha de tenis en la que Margarita desarrollaría su gran afición hacia este deporte.

Por lo que se refiere a su formación, sus padres siempre tuvieron muy claro que sus tres hijos tenían que hacer una carrera universitaria y, en consecuencia, las hermanas no sufrieron ningún tipo de discriminación respecto a su hermano varón.  Margarita entró en un colegio de monjas a los tres años y prosiguió allí sus estudios hasta finalizar los seis años de bachiller. En el centro se daba una formación muy completa tanto en humanidades como en ciencias y a Margarita le gustaban ambas. Sin embargo, en el curso preuniversitario que debía hacer para acceder a la universidad, se vio obligada a elegir y se inclinó por las ciencias. Le parecían más interesantes.

Al acabar este curso, llegó la hora de escoger carrera y no acababa de decidirse entre las Ciencias Químicas y la Medicina. Así que optó por ir a Madrid para estudiar un curso selectivo que le valdría para ambas. Este contaba con cinco asignaturas (Física, Química, Matemáticas, Biología y Geología) que había que aprobar para seguir la carrera de Química. Para hacer la de Medicina, en cambio, no hacía falta superar la Geología, asignatura que a Margarita no le entusiasmaba. Así y todo, la estudió la noche antes del examen y la aprobó. Abierta la posibilidad de cursar ambos estudios, finalmente se decidió por la Química, lo que fue una buena elección puesto que muy pronto se dio cuenta del entusiasmo que le generaba pasar horas en el laboratorio de Química Orgánica. Tanto es así, que al terminar el tercer curso pensó que su futuro podría ser la investigación en esta materia. Salas ha afirmado en diversas ocasiones que «la vocación científica no nace, se hace», y la suya surgió en aquella época. A las puertas de un verano que le cambiaría la vida.

Margarita conoció a Severo Ochoa comiendo paella. Su padre, primo político y compañero de la Residencia de Estudiantes del científico, le había invitado a comer. Durante el almuerzo, Severo Ochoa les propuso acompañarle a una conferencia que daba al día siguiente en Oviedo y aceptaron encantados. La charla, que versaba sobre su investigación, dejó fascinada a Margarita y despertó su atracción por la bioquímica. Todavía no la había dado en la carrera, puesto que se impartía en cuarto curso, pero al transmitirle a Severo Ochoa su interés, este le dijo que le enviaría un libro de bioquímica cuando llegase a Nueva York y así lo hizo.

El cuarto curso no solo estaría marcado por el inicio del estudio de la bioquímica y la consolidación de su preferencia por la misma. También conoció al que sería el amor de su vida, su amigo y el mayor de sus maestros: Eladio Viñuela. Eladio era un hombre inteligente, guapo e interesante —la madre de Margarita le veía parecido con Marlon Brando— con múltiples intereses. Años antes se había trasladado a Madrid para estudiar Agrónomos, pero, más tarde, decepcionado con esta carrera, se cambió a Biología, que tampoco le satisfizo. Por aquel entonces esta licenciatura era muy descriptiva y lo que le gustaba a Eladio era la genética. Por esta razón decidió pasarse a Químicas y allí compartió clases con Margarita. Ambos se gustaron enseguida y al acabar la carrera, se hicieron novios.

En sus conversaciones con Severo Ochoa, este le había aconsejado realizar una tesis doctoral en Madrid bajo la dirección de Alberto Sols, excelente bioquímico, para después hacer una estancia postdoctoral con él en el departamento de bioquímica de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York.

Para conseguir que Alberto Sols la admitiese como doctoranda, Ochoa le escribió una carta de recomendación. Por aquel entonces, Sols esperaba muy poco del trabajo científico de una mujer, pero no pudo negarse a la petición del premio Nobel. Años más tarde, en la entrega del premio Severo Ochoa de investigación de la Fundación Ferrer a Margarita, Sols reconocería que cuando esta fue a su laboratorio a pedir plaza para llevar a cabo su tesis, pensó: «Bah, una chica. Le daré un tema de trabajo sin demasiado interés, pues si no lo saca adelante no importa». Esta anécdota da idea del pensamiento de Sols en aquella época y del machismo que tuvo que sufrir Margarita durante toda su tesis doctoral.

Eladio, por su parte, empezó su doctorado en genética en el mismo centro de investigación biológica que ella, pero se dio cuenta de que el tipo de genética que se estudiaba no era el que le gustaba en realidad. Él estaba interesado en una genética más bioquímica, más molecular. En consecuencia, le pidió a Sols si podía hacer la tesis con él y este le acogió encantado.

Ambos contrajeron matrimonio en 1963, gracias a la beca que la Fundación March concedió a Margarita tras finalizar su tesis. La beca era de 12 000 pesetas, una cantidad muy superior a las 500 pesetas que ganaba cada uno como becario del CSIC. Una suma que les permitió casarse y alquilar un piso.

Un año más tarde, al concluir los trabajos que estaban desarrollando en el laboratorio de Sols, decidieron seguir el consejo que Severo Ochoa le había dado a Margarita en su momento y se trasladaron al laboratorio que este tenía en Nueva York. De nuevo, pudieron hacer realidad sus deseos gracias al aporte económico de sus respectivas becas.

En el laboratorio de Ochoa, Margarita nunca se sintió discriminada por ser mujer. Sus logros obtenían el reconocimiento que merecían. Lo primero que hizo Ochoa fue poner a Eladio y a ella en diferentes grupos de trabajo. La razón que les dio fue que, de esta manera, al menos, aprenderían inglés. Pero parece más plausible, tal y como apunta la propia Margarita, que el premio nobel buscase que cada uno de ellos desarrollase su propia personalidad científica.

Después de tres años en el laboratorio de Ochoa, de disfrutar de la oferta cultural de Nueva York, decidieron volver a España para desarrollar la biología molecular. O, al menos, intentarlo. Eran muy conscientes de que podían encontrarse con un desierto científico en el que fuese imposible investigar. En caso de darse esta situación, volverían a Estados Unidos.

La primera cuestión importante que debían plantearse era la elección del tema de trabajo. No tenía sentido seguir con las investigaciones que habían llevado a cabo en el laboratorio de Ochoa puesto que en España no podrían competir con dicho centro. Lo más sensato era unir esfuerzos y trabajar en un tema común. El elegido para hacerlo fue el estudio del fago Phi29, pequeño, pero morfológicamente complejo. Ambos habían hecho un curso sobre fagos, virus que infectan bacterias, en EE. UU. y les parecían muy interesantes puesto que este tipo de virus había dado lugar a las primeras aportaciones a la genética molecular en la década de los cincuenta. Querían desentrañar los mecanismos utilizados por el virus para su morfogénesis, es decir, para formar las partículas del virus a partir de sus componentes: las proteínas y el material genético.

Pero para poder cumplir con su objetivo, necesitaban capital extranjero. En España no había dinero para investigación y Severo Ochoa les consiguió financiación de la Memorial Fund for Medical Research. Iniciaron su andadura española como únicos investigadores de un laboratorio todavía por equipar.

Afortunadamente, pocos meses después se convocaron las primeras becas del plan de formación de personal investigador y pudieron seleccionar a su primer estudiante de doctorado, Enrique Méndez. Después de él se incorporaron Jesús Ávila, Antonio Talavera, Juan Ortín, José Miguel Hermoso y Víctor Rubio. Margarita dirigía de una forma más directa a tres de los seis estudiantes y Eladio a los otros tres. Seis doctorandos hombres porque ninguna mujer había solicitado realizar la tesis doctoral en el laboratorio. Las únicas dos mujeres que entraron a formar parte del equipo fueron dos técnicas de laboratorio facilitadas por el centro.

En España volvió a sentirse discriminada. Si bien dentro de su equipo nunca tuvo ningún problema con sus doctorandos, de cara al exterior solo era la mujer de Eladio Viñuela. Algo que a Eladio le parecía terriblemente injusto. Por ello, con el fin de que el trabajo de Margarita fuese valorado como merecía, en 1970 decidió iniciar el estudio del virus de la peste porcina africana y la investigación del Phi29 quedó, exclusivamente, bajo la dirección de Margarita. De esa forma pudo demostrar que era capaz de sacar adelante la investigación por sí misma y se convirtió en una científica con nombre propio y no solo en “la mujer de”.

Eladio era extremeño y había visto los destrozos que causaba el virus de la peste porcina africana en esas tierras. Sentía un gran interés por estudiar el virus a nivel molecular y encontrar una aplicación para erradicarlo. Logró secuenciar todo el genoma del virus y hacer grandes avances, pero, por desgracia, descubrió que no hay vacuna contra este virus porque produce anticuerpos que no lo neutralizan. La única forma de erradicarlo es sacrificar a los animales.

El fago Phi29 es un virus inocuo para el hombre que infecta a Bacillus subtilis. Lo primero que descubrió el equipo de Margarita fue que el ADN del Phi29 tiene, unida a sus extremos, una proteína esencial para que comience la duplicación del ADN. Fue la primera vez que se encontraba una proteína de este tipo unida al  ADN, lo que supuso el descubrimiento de un nuevo mecanismo de inicio de la replicación del material genético, y ha servido como modelo para el análisis de otros virus que, si bien también cuentan con este tipo de proteína, son de más difícil manejo.

Otro de los hallazgos, el más relevante, fue descubrir el mecanismo mediante el cual un fago infecta a una bacteria y se reproduce en su interior. El Phi29, al infectar el Bacillus subtilis, introduce su ADN dentro de la bacteria y produce una serie de proteínas, entre las cuales se encuentra la ADN polimerasa, que es la responsable de la replicación del ADN viral y cuenta con propiedades que la hacen única para la amplificación del ADN. Partiendo de cantidades muy pequeñas de ADN puede producir miles o hasta millones de copias del mismo.

En su momento, patentaron la ADN polimerasa y concedieron la licencia de explotación a una empresa americana que comercializó una serie de kits con gran éxito. Tanto es así que, durante sus años de explotación hasta que expiró en 2009, fue la patente que más regalías dio al CSIC. La aplicación práctica del Phi29 junto a su importante repercusión económica muestra, una vez más, como los resultados prácticos en muchas ocasiones no son previsibles a priori. Margarita es una firme defensora de la investigación básica, a la que considera el motor de la investigación aplicada y la tecnología. Los logros obtenidos a lo largo de su carrera científica son una buena prueba de ello.

La otra gran recompensa de esta carrera ha sido la docencia, tanto a nivel de licenciatura como a nivel de doctorado y postdoctorado. Para Margarita «es una enorme satisfacción formar a futuros científicos, dirigirlos y alentarlos a lo largo de la tesis doctoral y, sobre todo, ser testigo de sus logros». Durante 23 años fue profesora de Genética Molecular en la facultad de Químicas de la Universidad Complutense de Madrid, lo que le permitió seleccionar a excelentes estudiantes de doctorado que hicieron su tesis en el laboratorio. En sus 50 años de carrera en España, ha formado a más de cincuenta doctorandos que, junto a otros muchos doctores que han obtenido una formación postdoctoral y los técnicos, forman una gran familia de hijos, nietos y hasta bisnietos científicos.

Durante mucho tiempo Margarita se mostró reacia a ocupar puestos científicos administrativos. No quería perder tiempo en actividades que la alejasen de su investigación. No obstante, hubo un momento en el que tuvo que ceder y, en 1988, aceptó dos cargos de cuatro años de duración, casi de forma simultánea. Por un lado la presidencia de la Sociedad Española de Bioquímica y, por el otro, la dirección del Instituto de Biología Molecular del CSIC en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. Pasados los cuatro años, en 1992, se la nombró directora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa y, en 1997, presidenta de la Fundación Severo Ochoa. También pasó a formar parte de la Junta de Gobierno del CSIC y, más tarde del Consejo Rector del mismo. Desde 1989 hasta 1996, fue miembro del Comité Científico Asesor del Max-Planck Institute für Molekulare Genetik de Berlín y, en 2001, del Instituto Pasteur. Es académica de la RAE desde el 4 de junio de 2003 y pertenece a la comisión de vocabulario científico junto a un médico, un físico, un arquitecto, un traductor y tres filólogos. En 2007 se convirtió en la primera mujer española en ingresar en la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y pertenece, también, a la European Molecular Biology Organization, a la Academia Europaea, a la American Academy of Microbiology y a la American Academy of Arts and Sciences. El 18 de julio de 2016 inauguró la XVII Escuela de Biología Molecular Eladio Viñuela, que ella misma dirige en los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

A Margarita le da la sensación de que, hubo un momento a partir del cual todo lo que en su día había sido negativo por el hecho de ser mujer, se había convertido en positivo. Todos sus premios tenían mayor repercusión mediática que los de sus colegas por ser la primera vez que habían sido concedidos a una mujer y a pesar de que sus méritos científicos fueran similares a los de sus colegas varones. Eso no quita que también crea firmemente que nunca le han dado un premio por el mero hecho de ser mujer. Se ha ganado su puesto en la sociedad con esfuerzo y trabajo.

En los últimos tiempos ya no se ha visto discriminada por su género, sino por su edad. La única manera de seguir investigando después de la jubilación a los setenta años ha sido el nombramiento como profesora ad honorem del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa por parte del CSIC. Y esta es una vía que depende del presidente del CSIC y con la que no todo el mundo puede contar. Margarita afirma que cuando sea mayor quiere ser como Rita Levi-Montalcini, quien fue todos los días al laboratorio hasta los cien años.

Ella, por su parte, los días laborables en los que no tiene otros compromisos, llega al laboratorio sobre las 10 de la mañana para no coger atasco, come un sándwich, una manzana y un té en el despacho y deja las instalaciones hacia las 20. Los miércoles por la tarde y los jueves son los días destinados a la RAE.

Margarita cree en la necesidad de divulgar la ciencia a la sociedad para que esta comprenda las ventajas que tiene la investigación y los descubrimientos que se están haciendo. Piensa que en el sector científico todavía no se está haciendo la suficiente divulgación y que en el sector periodístico, si bien se divulga más y mejor, todavía falta que las televisiones hagan una clara apuesta por la ciencia y emitan programas científicos en prime time.

Durante su carrera como investigadora, Margarita ha sido reconocida con numerosas distinciones, como el Premio Rey Jaime I de Investigación (1994), el Premio de Investigación e Innovación Tecnológica de la Comunidad de Madrid (1998) y el Premio Nacional de Investigación Santiago Ramón y Cajal (1999). Ha recibido, asimismo, la Medalla del Principado de Asturias (1997), la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid (2002), la Medalla de Honor de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (2003), la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (2003), la Medalla de Honor de la Universidad Complutense (2005) y la Medalla de Oro del Mérito al Trabajo (2005). En 2008 depositó en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes dos cuadernos con la investigación realizada en el laboratorio de Severo Ochoa en la Universidad de Nueva York.

En octubre de 2014 el Consejo General de Colegios Oficiales de Químicos de España le concedió el Premio a la Excelencia Química  y en 2015 fue nombrada Asturiana Universal. En noviembre de 2016 la Universidad de Burgos la propuso como doctora honoris causa de la institución y el 7 de marzo de 2017, recibió el premio especial «Talento sin género», entregado en Madrid por la asociación Eje&Con. Desde 2015 tiene su propio museo en Luarca y es la única mujer que tiene su figura en la galería de la ciencia en el Museo de Cera de Madrid.

Margarita Salas es todo un referente de la investigación en España, una investigación que cuenta con profesionales de alto nivel que cada vez reciben menos apoyo y financiación pública. El mejor homenaje a Margarita, a todo ellos, sería recompensar su dedicación facilitándoles las herramientas necesarias para llevar a cabo su trabajo. Si no se toman las medidas necesarias para hacerlo posible, nos quedaremos sin futuro.

«Un país sin investigación es un país sin desarrollo». Margarita Salas.

Referencias

Margarita Salas, Real Academia Española

Margarita Salas, Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales

Margarita Salas, Instituto Cervantes

Margarira Salas, National Academy of Sciences

«Autobiografía intelectual» [vídeo y audio]. Conversación con la académica Soledad Puértolas en la Fundación Juan March, 10 de enero de 2012.

«Cuando era joven me discriminaban por ser mujer, ahora me siento discriminada por ser mayor»Jot Down, junio de 2015.

«Margarita Salas entrevistada por Jesús Ávila». Cuaderno de Cultura Científica, abril de 2014.

Dra. Margarita Salas, ‘Mujer y Ciencia: mi propia experiencia’, Mujeres con ciencia, En la red, 6 febrero 2015

Javier San Martín, Margarita Salas: “En España se ha escrito investigación con i minúscula”, Mujeres con ciencia, Protagonista, 22 abril 2015

Margarita salas en el programa Ellas

Pienso, luego existo: Margarita Salas, Mujeres con ciencia, En la red, 26 agosto 2014

Pasajes de la historia de la ciencia: ‘Margarita Salas’Mujeres con ciencia, En la red, 3 octubre 2015

Con ciencia: Margarita Salas, de discípula a eminencia, Mujeres con ciencia, En la red, 19 diciembre 2015

Margarita Salas, una de las mujeres que más ha aportado a la ciencia española, Mujeres con ciencia, En la red, 16 abril 2016

Entrevista [vídeo] en Canal cultura, RTVE, diciembre de 2009.

Entrevista [vídeo]. Pienso, luego existo, TVE, julio de 2013.

Margarita Salas en Entrevistas de radio: «Salud con Biomedicina».

«La ciencia en la Academia. Conversación de Margarita Salas y José Manuel Sánchez Ron». Revista Mercurio, octubre de 2014.

«Las mujeres de la Real Academia Española toman la palabra». ABC, 16 de junio de 2014.

Confesiones entre ciencia y literatura. Conversación con la escritora Rosa Montero. El País, 22 de junio de 2013.

 

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Un nuevo principio

Tardé media vida en descubrir a qué quería dedicar la otra mitad.

Corría el año 1903 cuando decidí romper mi rutina diaria durante unos meses. No iba a abandonar mi labor de ayuda comunitaria, ni las clases de catequesis que impartía en la escuela dominical de la parroquia, pero las compaginaría con la asistencia a un cursillo de extensión universitaria para adultos sobre astronomía que daba la Universidad de Oxford.

Desde pequeña me habían atraído la astronomía y las matemáticas. Estas últimas pude aprenderlas de forma autodidacta leyendo los libros que les tomaba prestados a mis hermanos. Por lo que se refiere a la astronomía, las tareas domésticas junto con mis otros compromisos con la comunidad hicieron que, con los años, el interés se fuese desvaneciendo y no llegasen a convertirse en una verdadera afición. Aquel curso era mi oportunidad de recuperar y satisfacer el amor que había sentido por la materia.  Estaba emocionada.

Joseph Alfred Hardcastle, el profesor, contaba con un talento especial para transmitirnos su pasión por la astronomía, era un excelente orador. Cada clase era una nueva aventura, un viaje al universo. Todo lo que aprendía me resultaba fascinante. Sentía que había pasado 45 años encerrada en un mundo demasiado pequeño, que me había acostumbrado a ser otra persona. Entre aquellas cuatro paredes me había vuelto a encontrar. Había descubierto que vivía en un lugar asombroso de belleza abrumadora. Deseaba pasar el resto de mi vida conociéndolo. Era consciente de que mi pobre formación científica dificultaba el sueño de dedicarme a la astronomía, pero no iba a rendirme antes de empezar. Me sinceraría con el profesor Hardcastle. Él podría indicarme si había alguna posibilidad de hacer realidad mi propósito.

Recuerdo aquella tarde, la intranquilidad, los nervios. Las palabras cordiales y esperanzadoras del astrónomo, el calor en mis mejillas. Finalmente, la ausencia de estudios no sería un impedimento. Existía un importante proyecto del astrónomo aficionado Samuel A. Sander en el que podía colaborar: cartografiaría la Luna.

Aquella noche la contemplé de otra forma. Aquel satélite seductor y hermoso que tantas veces había iluminado mi oscuridad era mi puerta al futuro.

Cráter Blagg, nombrado en reconocimiento a la labor de Mary Adela Blagg

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Este relato participa en la iniciativa de @Divagacionistas con «la Luna» como tema principal y está basado en la biografía de Mary Adela Blagg, quien sentó las bases del sistema de nomenclatura lunar que emplea hoy en día la Unión Astronómica Internacional.

 

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El microondas en ‘Crecer soñando ciencia’

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Tras las vacaciones, vuelve el programa de divulgación para niños Crecer soñando ciencia.

En él, aparte de mi sección habitual, podréis escuchar la charla que di en Naukas Bilbao sobre la gran divulgadora Jane Marcet, la primera persona en escribir un libro sobre ciencia asequible para cualquier persona con poca formación en la materia.

En la cuarta entrega de la sección «Inventos e inventores», os traigo un invento que forma parte de nuestra vida diaria: el microondas.

Ángel López (El lobo rayado) nos acerca la figura de Urano y Yolanda nos da unos apuntes de mitología.

Como colofón, Yolanda se despide de la sonda Cassini.

Os dejo con «Seguimos navegando en la ciencia?», espero que lo disfrutéis. En el blog de Crecer soñando ciencia, podéis encontrar toda la información detallada del capítulo con algunos extras como las fotos de Yolanda de sus vacaciones y un precioso vídeo de la sonda Cassini.

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Día de Ada Lovelace 2017

Ana Jiménez (gatetes.es)

Con tu ciencia poética

vislumbraste el poder de la Máquina.

El Verso se hizo programa.

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El Día de Ada Lovelace, que se celebra cada segundo martes de octubre, tiene por objetivo reconocer las contribuciones de las mujeres en los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Para celebrarlo, comparto con vosotros este scikus personal (de estructura 8/11/8) y el delicioso texto que Eduardo Galeano le dedicó en su libro Espejos.

LAS EDADES DE ADA

A los dieciocho años, se fuga en brazos de su preceptor.

A los veinte se casa, o la casan, a pesar de su notoria incompetencia para los asuntos domésticos.

A los veintiuno, se pone a estudiar, por su cuenta, lógica matemática. No son ésas las labores más adecuadas para una dama, pero la familia le acepta el capricho, porque quizás así pueda entrar en razón y salvarse de la locura a la que está destinada por herencia paterna.

A los veinticinco, inventa un sistema infalible, basado en la teoría de las probabilidades, para ganar dinero en las carreras de caballos. Apuesta las joyas de la familia. Pierde todo.

A los veintisiete, publica un trabajo revolucionario. No firma con su nombre. ¿Una obra científica firmada por una mujer? Esa obra la convierte en la primera programadora de la historia: propone un nuevo sistema para dictar tareas a una máquina que ahorra las peores rutinas a los obreros textiles.

A los treinta y cinco, cae enferma. Los médicos diagnostican histeria. Es cáncer.

En 1852, a los treinta y seis años, muere. A esa misma edad había muerto su padre, lord Byron, poeta, a quien nunca vio.

Un siglo y medio después, se llama Ada, en su homenaje, uno de los lenguajes de programación de computadoras.

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Para saber más, no dejes de visitar la web Finding Ada.

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