Razones para participar en los Premios Asociación Podcast

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Este año se celebra la VI edición de los Premios Asociación Podcast cuyo principal objetivo es dar visibilidad y difusión al podcasting y reconocer el trabajo de quienes lo hacen posible. Esto, significa, ni más ni menos, que la propia participación ya es un gran premio. Y no sólo para el podcast/podcaster que se inscribe sino para todos aquellos que formamos parte de esta comunidad, todos aquellos que disfrutamos haciendo o escuchando podcasts.

Como viene siendo habitual, desde la Asociación Podcast se han introducido algunas novedades, respecto a las ediciones anteriores, para mejorar en todo lo posible el proceso. La más destacada, a mí parecer, ha sido la constitución de un Comité, formado por socios de la Asociación, dedicado a apoyar a la Junta Directiva en todo lo relacionado con los Premios. Es decir, en la redacción de las bases, la configuración del calendario, la propuesta de categorías premiables y la gestión de las inscripciones, votaciones y posibles reclamaciones que se puedan producir durante el desarrollo de los Premios.

También se ha creado una web como punto de referencia de todo lo relacionado con los premios. Una página que también es la vuestra y que podéis enriquecer enviando cualquier material que tengáis de ediciones pasadas a premios@asociacionpodcast.es. Tened muy presente que esta web, al igual que los Premios de la Asociación Podcast, tiene como finalidad que todos gocemos del podcasting.

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PODCASTS DE CIENCIA

Por lo que se refiere a los Podcasts de Ciencia, los nominados del año pasado ya hicieron patente la gran calidad que existe. Creo que este año, la asignatura pendiente sería mostrar con contundencia la cantidad y diversidad de la oferta. Y sólo hay una forma de conseguirlo: inscribirse a los premios. Los votantes pertenecen en su mayoría al mundo del podcasting y, por tanto, sería la manera de acercar la ciencia a oyentes sin una predisposición especial a la misma. Y esa es una gran oportunidad que se presenta en contadas ocasiones. Por ello, os animo a que participéis y permitáis que os descubramos. Para hacerlo, simplemente tenéis que rellenar uno de los siguientes formularios antes del 31 de julio del 2015:

Formulario para inscribir podcasts

Formulario para inscribir podcasters

Una vez inscritos recibiréis un email a la dirección de correo que indique el feed para confirmar la inscripción, que se hará efectiva tras recibir dicha confirmación.

PARTICIPACIÓN DE LOS OYENTES

El Comité también promueve que cualquier oyente pueda invitar a inscribirse en los premios a su podcast/podcaster favorito. Para hacerlo el oyente debe introducir el email del podcast/podcaster en este formulario y el podcast/podcaster recibe la invitación a inscribirse a través de un enlace que le lleva a la página de inscripción a los Premios.

Para obtener toda la información sobre los Premios Asociación Podcast (bases, fases, categorías, etc…) podéis consultar la web dedicada a los mismos.

JORNADAS DE PODCASTING DE ZARAGOZA

Los premios se entregarán en las X Jornadas de Podcasting de Zaragoza, en las que los podcasts de ciencia también tendrán un papel especial (hasta aquí puedo leer… de momento). Así que deseo que seáis muchos los que os animéis a venir para celebrar, entre todos, que la ciencia invade las ondas con grandes podcasts. Lo mejor de estas jornadas siempre es la gente que conoces y la que te reencuentras. Espero volver a coincidir con todos los podcaster que conocí en Barcelona y poner cara a muchos otros que escucho.

¡Nos vemos en Zaragoza!

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Habemus Ardilla de Oro

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Desde Los Mundos de Brana quiero felicitar a la ardilla campeona de la I Edición del concurso de divulgación científica La Ardilla de Oro: D. José Luis “Pepelu” Bueno López.  Este estudiante de doctorado en Ingeniería Mecánica, saltando de rama en rama y respondiendo las preguntas planteadas en cada una, consiguió alzarse con el premio superando a más de un centenar de ardillas aspirantes.

También quiero felicitar al blog creador y organizador del concurso Metros por segundo, a todos los blogs anfitriones y a todas las ardillas participantes. Sin ellos no hubiese podido llevarse a cabo el concurso y creo que ha sido una magnífica iniciativa para divulgar de forma entretenida. Da gusto ver cómo en el mundo de la divulgación se puede contar con personas que siempre se brindan a colaborar y participar en los proyectos que ayudan a acercar la ciencia. Y hablando de divulgadores generosos, no puedo olvidarme de dar las gracias a todas aquellas bitácoras, que han sido muchas, que también se ofrecieron a formar parte del concurso y no pudieron ser aceptadas por motivos organizativos. Espero que se vuelvan a animar el año que viene y sean ellas las anfitrionas.

Para acabar, sólo me queda daros la respuesta a la pregunta que planteé. Reconozco que los lectores del blog lo tenían mucho más fácil pero fue mi forma de premiar todo su apoyo y sus visitas. La respuesta la encontraréis en el propio blog, concretamente en la entrada Los Anillos del Señor… James Clerk Maxwell

¡Hasta la segunda edición!

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Marietta Blau, una estrella de la Física de Partículas

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Marietta Blau nació el 29 de abril de 1894, en el seno de una familia judía de clase media que vivía en Leopoldstadt, el distrito vienés donde se había localizado el gueto judío en el siglo XVII. Sus padres Markus Blau (jurista) y Florentine Goldenzweig tuvieron cuatro hijos pero Marietta no recordaría a su hermano mayor que murió cuando ella tenía un año. El menor, Ludwig, vino al mundo un año más tarde del fallecimiento del primogénito.

Marietta cursó estudios en el Verein für erweiterte Frauenbildung (Asociación para la Formación Ampliada de la Mujer), el primer centro que posibilitó a las jóvenes la obtención del certificado general de bachillerato que era requisito indispensable para acceder a la educación universitaria. Lo superó con una clasificación de excelente e ingresó en la Universidad de Viena para estudiar física y matemáticas. Durante su estancia universitaria también estuvo en prácticas en el Instituto II de Física y en el Instituto de Investigación del Radio. Este último pertenecía a la Academia Austriaca de Ciencias y había sido fundado en 1908 gracias a una donación de un acaudalado abogado, Karl Kupelwieser. En 1919, completó su tesis de doctorado bajo la dirección de Steven Meyer y Franz Exner y pasó varios meses con Guido Holzknecht, en el Instituo Central de Rayos X del Hospital General de Viena.

Unos años antes, en su periodo universitario, Marietta había consultado a uno de sus profesores sobre la posibilidad de convertirse en profesora. La respuesta había sido contundente: «Ser judío y mujer, eso es demasiado, es poco probable». Así que, viendo que sus oportunidades de hallar trabajo académico eran escasas, encaminó su futuro hacia la industria. En 1921, se trasladó a Berlín para investigar sobre energía eléctrica y análisis espectral en la fábrica de tubos de rayos X Fürstenau, Eppens & Co pero renunció al empleo tan pronto se le brindó la oportunidad de tener un puesto de asistente en el Instituto para los Fundamentos Físicos de la Medicina en la Universidad de Frankfurt. Allí, no sólo le encomendaron el trabajo científico para la industria electrotécnica y electromédica, sino también la formación en los fundamentos teóricos y prácticos de la radiología. Junto a Kamillo Altenburger, publicó varios artículos sobre la absorción y la teoría de los efectos de los rayos X. Ambas tareas resultarían importantes cuando, más adelante, se ocupó del tratamiento del cáncer y trabajó en aplicaciones industriales de los dispositivos de conteo usando sustancias radiactivas.

En 1923, tuvo que regresar a Viena para cuidar de su madre enferma. Lo que a nivel profesional, le supuso cambiar un puesto remunerado por otro que no lo era en el Instituto para la Investigación del Radio y en el Instituto II de Física. En aquellos años, el nulo apoyo que recibían los institutos científicos por parte de las agrupaciones conservadoras y nacionalistas alemanas que ocupaban los puestos decisivos en el Estado, hacía que no pudiese pagarse a muchos de los científicos que trabajaban en ellos. Esta colaboración no retribuida requería el correspondiente apoyo financiero por parte de la familia pero ofrecía a las mujeres la posibilidad de afirmarse, de cierta manera, en la investigación científica. Por ello, no es de extrañar que el porcentaje de mujeres en el Instituto del Radio fuese especialmente alto. Además, la forma en la que Steven Meyer dirigía la institución también constituía un buen motivo para sentirse atraída. Meyer trataba a sus investigadores como aliados en la búsqueda del conocimiento. Luchaba por ellos y sus necesidades. Creó un ambiente casi familiar, logrando la colaboración armónica entre todos los participantes que se ayudaban de forma activa en sus diferentes estudios. Una atmósfera de apoyo mutuo que contrastaba con otras áreas de la universidad donde el antisemitismo se estaba incrementando después de la Primera Guerra Mundial.

Instituto del Radio de Viena

Instituto del Radio de Viena

Por aquel entonces, llegó al instituto el científico Hans Pettersson, para medir la radiactividad del lodo en aguas marinas profundas, pero pronto se interesó por el estudio de las desintegraciones atómicas. Petter y su colaborador G. Kirsh buscaron una técnica fiable de detección de las partículas emitidas en las reacciones nucleares y le pidieron a Blau que investigase si la interacción de radiación ionizante en una emulsión fotográfica podría ser utilizada para su detección. En 1925 Blau publicó la respuesta en un primer artículo al que seguirían muchos otros sobre el efecto fotográfico y su cuantificación para protones y partículas alfa. El principal objetivo era distinguir entre las huellas de ambos tipos de partículas.

Durante el año académico 1932/33 Blau consiguió una beca internacional de la Asociación de Academias Austríacas para estudiar cristalografía en Gotinga, con el profesor Pohl. Allí, enseguida se sintió a gusto y participó activamente en los seminarios y debates. Conoció a físicos famosos como Eduard G. Steinke que había construido cámaras de ionización para la detección de rayos cósmicos y compartió con ella las características del método fotográfico. La próxima parada fue el Instituto del Radio de París, donde trabajó con Marie Curie y Fréderic Joliot.

Sus planes eran regresar al Instituto Pohl después de su estancia en Francia pero no pudieron cumplirse. Hitler se había convertido en Reichskanzler en enero de 1933 y era más seguro volver directamente a su Viena. La situación política de Austria había cambiado completamente. El gobierno conservador de Dollfuss había disuelto el parlamento y se había establecido una autocracia perfilada a semejanza del estado fascista de Musolini.

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Pero Blau siguió adelante con su investigación junto a Hertha Wambacher, que primero había sido su alumna y luego su estrecha colaboradora, sobre un método basado en la detección y determinación de la energía de las partículas alfa, a partir de la adaptación de las emulsiones fotográficas a las necesidades de la física nuclear. Por sus estudios sobre los efectos fotográficos, en 1937, ambas recibieron el galardón más prestigioso de la ciencia en Austria, el Premio Ignaz L. Lieben.

En el desarrollo posterior del método fotográfico, Blau encontró que, para captar la mayor cantidad posible de trazas de ionización de partículas de alta energía, había que aumentar el espesor de la capa de emulsión, lo cual requirió a su vez, nuevos métodos de revelado. Había intentado detectar partículas de radiación cósmica con emulsiones fotográficas desde 1932 y para seguir con la investigación, en 1937, ella y Wambacher recurrieron al descubridor de los rayos cósmicos Viktor Hess. El Profesor de la Universidad de Insbruck contaba con un observatorio en Hafelekar, una montaña de 2300 metros de altura situada al norte de Innsbruck. Allí, tras exponer sus placas fotográficas durante varios meses descubrieron que las reacciones nucleares que inducían los rayos cósmicos en los núcleos de las emulsiones, creaban un nuevo patrón de trazas cuyas trayectorias partían de un centro común. Su forma les sugirió el nombre de «estrellas de desintegración». Blau y Wambacher publicaron sus resultados en Nature y se dirigieron al profesor Erich Regener, director del Instituto de Investigación de Física de la Estratosfera de la Sociedad Kaiser Wilhelm, para solicitar que se les permitiera llevar placas fotográficas en una ascensión en globo a la estratosfera. No hubo suerte. Regener no se lo concedió porque, al parecer, uno de sus colaboradores ya había publicado un estudio similar.

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Pero Marietta no se rindió y en septiembre de ese mismo año, preguntó a Friedrich A. Planeth, que trabajaba en el Imperial College en Londres, si podría, dentro de sus experimentos durante ascensiones en globo, mandar un paquete de placas fotográficas a la estratosfera para registrar trazas de partículas de radiación cósmica en las emulsiones. Planeth mostró mucho interés en el tema y Stefan Meyer intervino para que los ascensos se financiasen por el fondo de la Academia de Ciencias. Pero, desgraciadamente, todo se suspendió debido a la anexión de Austria por Alemania el 14 de febrero de 1938. Antes de que esta tuviese lugar, el clima político para los científicos de origen judío en Austria ya se estaba volviendo tenso. La relación de Marietta con su joven colaboradora Wambacher, simpatizante del partido nazi, estaba muy deteriorada. Por esta razón, Albert Einstein intervino para encontrarle una posición más estable fuera de Europa. En respuesta a una invitación para participar en una escuela de verano en México, recomendó que el dinero destinado a su visita se emplease para contratar a Marietta Blau como miembro permanente: «en Viena la Dra. Marietta Blau, cuenta con un talento excepcional en el campo de la radiactividad, es la principal experta. Por motivos políticos conocidos, tendrá que dejar su país natal, tarde o temprano. Ella es conocida en el mundo científico por el método fotográfico… Si lográis traer a esta científica a la ciudad de México, haréis un excelente servicio al desarrollo de la ciencia de allí».

Y esta no fue la única carta que escribió Einstein. El 14 de febrero se dirigió a su médico y amigo Gustav Bucky que esperaba la visita de Gustav Peter, un médico que residía en México.

Le ruego averiguar por conducto de su amigo Peter si en México puede encontrarse algún empleo para una doctora en física, de talento extraordinario, que tiene que salir de Viena por ser judía. Está especializada en radiactividad experimental, y las tesis que aparecen en este campo son dirigidas por ella (…). No se trata aquí de un caso común, sino de una persona verdaderamente valiosa que sería bien capaz de despertar vida científica en cualquier lugar con modestos recursos. Le ruego que consulte a su amigo si tal vez en México existe una oportunidad para la señorita Blau.

Marietta después de aplazar una y otra vez su huida de Viena, tomó la decisión de aceptar la invitación del químico noruego Ellen Gleditsch de ir a Oslo, consciente de que no podría regresar. En el Instituto del Radio de Viena, todas las personas de ascendencia judía fueron expulsadas inmediatamente después de la anexión, lo cual abrió oportunidades para las personas como Georg Stetter o Hertha Wambacher, que habían sido nazis durante mucho tiempo.

Einstein, por su parte seguía buscando un trabajo adecuado para Marietta. En abril de 1938 contactó con la Asociación Americana de Mujeres Universitarias y con otras instituciones para encontrarle un puesto en Estados Unidos, pero los trámites no fueron exitosos. Finalmente, en verano de 1938, Blau, como resultado de la recomendación de Einstein, recibió una invitación para enseñar en el Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), un departamento del recién creado Instituto Politécnico Nacional (IPN). Aceptó la oferta y se trasladó a México con su madre, pero pronto se sintió decepcionada al comprobar que en la ESIME no tenía oportunidad alguna de desarrollar un trabajo científico. En consecuencia, viendo que no podía dedicarse a su campo de investigación, estudió el efecto de la radiación solar en México, una población que vive a gran altitud en una zona tropical, y la radioactividad en minerales y manantiales de diversas zonas del país. Marietta desconocía que mientras estaba en México alejada de los centros de investigación nuclear, su método fotográfico había servido para llevar a cabo nuevos descubrimientos en física nuclear.

Marietta Blau con los miembros del ESIME

Marietta Blau con los miembros del ESIME

Su amigo Einstein, consciente de su situación, seguía sin rendirse y en 1941, volvió a escribir al gobierno mexicano para exponer las condiciones en las que se encontraba Blau «Aunque trabaja en México como profesora desde hace tres años, no ha conseguido aún las condiciones necesarias para realizar sus investigaciones” y para solicitar “algunas condiciones más favorables para la realización de su trabajo, que podía ser de invaluable servicio al país».

Como respuesta, el entonces rector Victoriano Anguiano propuso a la austriaca entrar a la Universidad Michoacana como profesora a tiempo completo para dirigir el laboratorio de Física de la universidad. Pero, por desgracia, la incorporación se frustró debido a un conflicto surgido en la Casa de Hidalgo a principios de 1943 y Blau, tal como manifestó a Einstein por carta, se sintió abatida: «Me hubiese gustado aceptar el puesto, ya que en Morelia era la única física y no hubiese tenido la competencia que tiene que sufrir todo extranjero. Pero al ocupar la plaza, me percaté de que todo el material del laboratorio se encontraba en las casas de empeño de la ciudad».

Tras la muerte de su madre en 1944, Marietta emigró a los Estados Unidos donde empezó a trabajar en el departamento de investigación de una empresa industrial. En su nueva ocupación desarrolló varios dispositivos para el uso de isótopos y solicitó la patente para alguno de ellos. Pero estaba a disgusto en esta clase de trabajo y, después del traslado de la empresa al pueblo de Janesville, la cosa fue a peor. Se sentía completamente aislada y emprendió la búsqueda de una nueva colocación. Por fin, la Universidad de Columbia la fichó como miembro de su personal científico para desarrollar un programa de investigación, basado en su método de detección fotográfica, que analizase las partículas producidas por reactores de fisión. Dos años después, consiguió un puesto en el Laboratorio Nacional de Brookhaven, donde pudo poner en práctica el programa desarrollado.

Pero la década que permaneció apartada del mundo científico le pasó factura. En 1950, Cecil Powell fue galardonado con el Premio Nobel por el perfeccionamiento de la técnica de emulsión fotográfica que Blau había iniciado. Powel había descubierto el pión con la ayuda del método fotográfico y él mismo reconoció en su autobiografía que comenzó a utilizar este método para las investigaciones que le valieron el Premio Nobel después de conocer por Walter Heitler, las publicaciones de Blau y de Wambacher.

En 1956, dejó Brookhaven para ser profesora asociada en una pequeña universidad privada de Miami. Allí estableció con éxito un laboratorio de física de partículas y pudo continuar con sus investigaciones motivando a los jóvenes físicos a colaborar con ella.

Pero cuatro años más tarde, los frecuentes problemas de salud y la nostalgia la llevaron de vuelta a Viena donde el regreso le reportó luces y sombras. Fue recompensada con una serie de premios oficiales como el premio de Schrödinger de la Academia de Ciencias, pero quedó muy decepcionada al ver que personas que ocuparon cargos en el Instituto del Radio al amparo de los nazis, volvían a ser catedráticos, mientras su cargo seguía sin ser remunerado. En sus últimos años, mientras su salud era cada vez más frágil, mantuvo poca relación personal con sus antiguos colegas, dedicándose a guiar a los estudiantes en sus disertaciones en física de altas energías. Murió en un hospital en enero de 1970 y su contacto de emergencia era su conserje. No apareció ningún obituario en ningún periódico que hiciese referencia a su muerte.

La labor de Marietta Blau fue fundamental para la física del siglo XX, pero ser mujer, judía y soltera dificultaron su reconocimiento en un mundo en que la ciencia era “cosa de hombres”. Al igual que las trazas que veía en las placas fotográficas, Marietta fue también una estrella. Merece que la recordemos como tal.

BIBLIOGRAFÍA

Marietta Blau. Estrellas de Desintegración. Biografía de una pionera de la física de partículas, Brigitte Strohmaier y Robert Rosner (eds)

Esta entrada participa en la edición LXXII (junio-julio de 2015) del Carnaval de la Física cuyo blog anfitrión es La Aventura de la Ciencia.

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Imagen del calendario de Físicas Nucleares creado por la UB

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Mi participación en Trending Podcast: #PlutoFlyby

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Hoy, 14 de julio de 2015, el día en el que la humanidad, gracias a la ciencia, ha iniciado la exploración de los confines del Sistema Solar, he tenido el honor de ser invitada por Tamara León a Trending Podcast.

Los podcasters que hacen y han pasado por Trending Podcast son excelentes y cada día me conectan al mundo. Siempre dan un toque humano al trending topic más relevante del día y, en muchas ocasiones, logran que reflexione y mire las cosas desde otro punto de vista. Siento gran admiración por ellos y por eso, me daba mucho respeto participar siendo una novata. Pero no he podido negarme. Al igual que en otras ocasiones, la oferta era demasiado buena para ser rechazada. Imaginaos, Tamara me daba la oportunidad de poder firmar el trending podcast del sobrevuelo de Plutón. Todavía se me pone la carne de gallina.

Grabar esta participación ha sido un verdadero regalo y me hace mucha ilusión compartirlo con vosotros.

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¡Bienvenida ardillita! (concurso La Ardilla de Oro)

Ya has llegado al sexto árbol del camino. Si todo va bien y no te has despistado en el bosque, has empezado el concurso en el blog Metros por Segundo (con la primera pregunta) y ya has estado en las ramas de La Aventura de la Ciencia, El Tercer Precog,  Cuadernos de Física y  De todo un poco… y algo más (desde el que has saltado hasta aquí)

Espero que estés disfrutando del concurso y tu formulario cuente con cinco respuestas correctas. Me encantaría ser una buena anfitriona e invitarte a pasar un rato agradable en este árbol, pero sabes como yo que no puede ser. Sois muchas las ardillas dispuestas a ganar y no puedes relajarte, tienes que convertirte en La Ardilla de Oro.

Toma aliento, resuelve la pregunta que te planteo en tu formulario (NO EN LOS COMENTARIOS) y brinca feliz a  Acelerando la Ciencia.

¡Mucha suerte!

PREGUNTA

“Mi deber es aportaros los fundamentos necesarios y permitir que vuestros pensamientos se estructuren libremente. Es preferible que cada individuo piense por sí mismo a instarle a adoptar la mentalidad de otra persona so pretexto de estudiar ciencias “

Esta frase tan sabia fue pronunciada por un científico, cuyo trabajo, en palabras de Einstein, “cambió el mundo para siempre”; un niño que fue apodado en la escuela “Dafty” (aturdido) por sus extravagantes vestimentas y sus comentarios irónicos; un joven que contribuyó a la creación de la escuela de obreros en Cambridge y convenció a los empresarios para terminar la jornada laboral más pronto para que los trabajadores pudiesen asistir a clase; un poeta que planteaba problemas de física en verso; una mente privilegiada que, hace 150 años, publicó uno de los artículos más importantes de la historia de la ciencia; un investigador que ganó el Premio Adams con una memoria calificada como  “una de las más brillantes aplicaciones de las Matemáticas a la Física que haya visto jamás”.

La pregunta que te lanzo es  esta: ¿a qué cuerpo celeste hacía referencia el estudio desarrollado en dicha memoria?

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Vuestro GPS es la página de información de Metros por segundo donde se incluye la ruta del concurso con todas las bitácoras enlazadas.

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«La Ardilla de Oro» un juego de divulgación científica para TODOS

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Aludiendo al antiguo dicho de que “una ardilla podía recorrer la Península Ibérica de rama en rama, sin tocar el suelo.” el blog Metros por Segundo ha creado el juego de cultura científica La Ardilla de Oro. En este, cada concursante irá saltando de blog en blog, contestando una pregunta en cada bitácora. La primera de las ardillas que llegue al último árbol habiendo respondido correctamente a cada una de las cuestiones será coronada como La Ardilla de Oro.

El juego se inicia el 13 de julio en el blog Metros por segundo, con la primera de las preguntas. Una vez acertada, el concursante recibirá los datos necesarios para continuar su camino.

Para participar en la La Ardilla de Oro como concursante o como blog anfitrión, simplemente debéis completar el formulario de Metros por segundo (haciéndoos primero subscriptores del blog). Los blogs de divulgación, tenéis hasta el miércoles 8 de julio para apuntaros.

Como ya habréis adivinado, Los Mundos de Brana será uno de los anfitriones del concurso porque, en mi opinión, divulgar es mucho más que ofrecer contenidos propios, es apoyar a todo aquel que emprende con ilusión un proyecto que vale la pena.

El éxito del concurso depende, en gran parte, del número de blogs anfitriones que se sumen al mismo. Un gran número de ramas, hará que el viaje de las ardillas sea mucho más divertido e interesante.

¡Os espero el 13 de julio!

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«Hasta el infinito y más allá», un viaje inolvidable de la mano de Manuel Seara Valero

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Voy a proponeros un viaje fascinante que no podréis rechazar. Una ruta para la cual no será necesario llevar equipaje ni billetes, tan sólo ganas de aprender y maravillarse.

A través de las páginas de “Hasta el infinito y más allá” recorreréis la historia de la Astronomía, la Astrofísica y la Cosmología poco a poco, contemplando su inconmensurable belleza. Caminaréis por la senda que han trazado con su esfuerzo, pasión y tenacidad muchos científicos que tendréis ocasión de conocer mejor. El relato de sus vivencias os trasladará junto a ellos, os permitirá sentir su latido ante el inminente descubrimiento, su emoción tras formular una hipótesis, su nerviosismo al ponerla a prueba.

Habrá vistas que os resultarán más espectaculares que otras pero, conforme vayáis avanzando por las palabras de Manuel Seara Valero, comprenderéis que no se trata de un camino formado a partir de la unión de diferentes momentos estelares de la física, sino que cada paso es excitante y responde a un interés común: conocer el mundo que nos rodea. La ciencia no es estática ni dogmática, la ciencia es la búsqueda continua de respuestas.

En el libro, descubriréis algunas de las cosas extraordinarias que nosotros, los humanos, hemos averiguado durante esta travesía y seréis conscientes de lo mucho que nos queda por hallar. Conoceréis también algunos de los proyectos que están en marcha actualmente para investigar los secretos del Universo. La ciencia es un continuo aprendizaje sin fin que nunca dejará de sorprendernos, el principal mecanismo de progreso de la humanidad.

Los contenidos y el ritmo narrativo del libro lo convierten en una pieza clave en el acercamiento de los valores de la cultura científica a la sociedad. Muestra su esencia y sus virtudes dejando atrás esa visión fría y metódica tan alejada de la realidad. Su autor, Manuel Seara Valero, licenciado en Ciencias Biológicas y Máster General de Radio por la Universidad Complutense de Madrid, cuenta con un talento especial para acercar la ciencia a todos los públicos con calidad y rigor. Todos los temas, incluso los más complejos, se exponen de forma didáctica y clara permitiendo que cualquier persona pueda seguirlos sin dificultad y entenderlos.

“Hacia el infinito y más allá” es un libro que disfrutarán las personas que se sienten atraídas por la ciencia y logrará que se enamoren de ella quienes se sienten más alejados de la misma. Una obra que ya puede considerarse de referencia en el campo de la divulgación científica.

No os entretengo más, ya es hora de partir. ¡Buen viaje!

“Para conocer lo que sabemos sobre el Universo e –incluso- para ser conscientes de todo lo que ignoramos, la ciencia ha tenido que recorrer un largo y sinuoso camino. Recorrerlo contigo, querido lector, es el objetivo de este libro que tienes en tus manos.”

Manuel Seara Valero

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Nada tan práctico como una buena teoría

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Al microscopio

la belleza escondida

se magnifica

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El príncipe Louis Victor Pierre Raymond de Broglie nació el 15 de agosto de 1892 en el seno de una de las principales familias aristocráticas de Francia que llevaba sirviendo a la monarquía  desde mediados del siglo XVII. Como reconocimiento a los servicios prestados, en 1742, Luis XV otorgó el título hereditario de duque a su antecesor François Marie de Broglie. Pero los galones de la familia originaria de Piamonte no acabaron ahí. El heroico papel del hijo del duque, Victor François, en la batalla de Bergen le valió el nombramiento como Príncipe del Sacro Imperio Romano Germánico por parte del Emperador Francisco I. A partir de entonces, todos los miembros más jóvenes de la familia de Broglie llevarían el título de príncipe, mientras que el cabeza de familia ostentaría el de duque.

Nuestro príncipe, Louis, como correspondía a su elevada posición social, fue educado por tutores privados. Ajeno al comportamiento de los demás niños de su edad, se divertía dando conferencias sobre los reportajes políticos que leía en los periódicos. Todo parecía conducirle al prometedor futuro como hombre de Estado que presagiaba su familia. Pero no fue así. La muerte de su padre en 1906 cambió su historia. El nuevo cabeza de familia, su hermano mayor Maurice, le educó con mucha más libertad de lo que lo hubiese hecho su progenitor.

Maurice, como buen primogénito, se había graduado en la escuela naval e ingresado en la Marina Francesa. Allí, pronto descubrió su interés por la ciencia y dio muestras de su talento estableciendo un sistema seguro de comunicación inalámbrica. Escribió su primer artículo sobre “ondas electromagnéticas” en 1902 y dos años después y tras nueve de servicio, desafió a su familia abandonando la marina para dedicar su vida a la investigación científica. En 1906, convertido en sexto duque de Broglie, compaginaba sus nuevas responsabilidades con el estudio de la carrera de Física en el Collège de France.

El joven, que había experimentado en sus carnes los inconvenientes de obligar a alguien a estudiar, se abstuvo de orientar la formación de su hermano en uno u otro sentido. Louis no contaba con una especial inclinación hacia las letras o las ciencias y, a diferencia de su hermano, optó por seguir una carrera más tradicional y estudiar historia medieval en la Universidad de París. Pero muy pronto se dio cuenta de que no le interesaba en absoluto, de que las horas que compartía en el laboratorio con su hermano le resultaban mucho más excitantes.

En octubre de 1911, Maurice, que por entonces ya era un respetable científico en la física de los rayos X fue invitado a ser uno de los dos secretarios del primer Congreso Solvay. Aceptó sin pensárselo dos veces y le propuso a su hermano que le acompañase. Se trataba de una sencilla tarea administrativa pero a Maurice le brindaba la oportunidad de discutir la teoría cuántica con Planck, Einstein y Lorentz. Francia contaba con unos representantes de lujo como  Curie, Poincaré, Perrin y Langevin, que había sido su tutor de tesis.

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Louis se mantuvo a cierta distancia de los participantes mientras sentía un interés creciente por la nueva física. Tanto es así que cambió los libros de historia por los de física graduándose en 1913. Al año siguiente tuvo que interrumpir sus estudios para hacer el servicio militar obligatorio. Lo que no podía suponer es que la llegada de la Primera Guerra Mundial prolongaría ese periodo seis años. Entró como soldado raso pero gracias a su hermano fue transferido al servicio de comunicación inalámbrica donde trabajó como ingeniero de radio en una emisora ubicada debajo de la torre Eiffel.

Finalmente, se licenció en agosto de 1919, convencido del camino que quería seguir. En el laboratorio de su hermano, donde había descubierto su pasión por la ciencia, estudió y escribió artículos sobre la absorción de los rayos X por la materia. Ambos hermanos se preguntaban por la verdadera naturaleza de la radiación electromagnética ya que de los descubrimientos que se habían hecho hasta el momento, no podía asegurarse la primacía de la teoría corpuscular o la ondulatoria. Al fin y al cabo, ninguna de ellas podía explicar al mismo tiempo los fenómenos de interferencia, la difracción y el efecto fotoeléctrico.

Pero Louis De Broglie parecía haber asumido sin mucho problema la extraña dualidad de la luz. En 1922, tras una conferencia que pronunció Einstein en París, escribió un artículo respaldando de forma explícita “la hipótesis del cuanto de luz”. La pregunta lógica y reveladora surgió un año después: “¿Podrán, si las ondas luminosas pueden comportarse como partículas, partículas como los electrones, por ejemplo, comportarse como ondas luminosas?”. La respuesta parecía afirmativa ya que De Broglie descubrió que asociándole una onda al electrón el modelo cuántico de Bohr quedaba justificado. Este postulaba que las  órbitas de los electrones en los átomos debían ser múltiplos enteros de la longitud de onda del electrón.  Además, asociando al electrón la naturaleza ondulatoria este no se comportaba como una partícula girando alrededor del núcleo, no se aceleraba y, en consecuencia, no perdía energía por emisión de radiación precipitándose hasta el núcleo.

De Broglie desarrolló todas estas ideas en su tesis doctoral que, si bien finalizó en la primavera de 1924, no pudo defender hasta el 25 de noviembre debido a las formalidades académicas. Como examinadores contaba con tres profesores de la Sorbona: Jean Perrin, Charles Mauguin y Elie Cartan y con Paul Langevin como examinador externo. De Broglie, consciente de que Langevin era el único que entendía de cuántica y relatividad, le pidió que echara un vistazo a las conclusiones de la tesis antes de enviarla de forma oficial. Langevin accedió y, a pesar de parecerle rocambolesca, le mandó una copia a Einstein para conocer su opinión. La respuesta de Einstein, “Ha levantado una de las esquinas del gran velo”, bastó a todos los miembros del tribunal que acabaron felicitando a De Broglie por “la notable maestría que ha demostrado en la superación de las dificultades en que se encuentran los físicos.”

El príncipe convertido en doctor gracias a Albert Einstein, era muy consciente de que tenía que demostrar el contenido de su tesis. Para hacerlo pensó que, si la materia poseía propiedades ondulatorias tenía que sufrir efectos propios de las ondas como, por ejemplo, la difracción. Es decir, que un haz de electrones al atravesar una abertura de dimensiones similares a su longitud de onda debería dispersarse. Sólo tenía que convencer a los experimentalistas que trabajaban en el laboratorio privado de Maurice para que lo llevasen a cabo. Desafortunadamente, no lo consiguió, tenían otras tareas y creyeron que eran experimentos demasiado complicados. Así que Louis, por no forzar la situación, abandonó el tema.

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Pero el asunto era demasiado goloso como para caer en saco roto y otros físicos experimentales sí estaban dispuestos a comprobarlo. El joven Walter Elsasser de la Universidad de Gotinga muy pronto se dio cuenta de que si la hipótesis de De Broglie era cierta, un haz de electrones se difractaría en un sólido cristalino puesto que el espacio entre átomos adyacentes del cristal era del orden de la longitud de onda del electrón. Y así lo hizo aunque demasiado tarde. Otros dos físicos se le habían adelantado.

Clinton Davisson, que trabajaba en los laboratorios de la Western Electric Company de Nueva York, posteriormente conocidos como Bell Telephone Laboratories, había estado investigando qué ocurría al lanzar un haz de electrones contra varios blancos metálicos. Un día de abril de 1925, un incidente cambió los resultados. La explosión accidental de una botella de aire líquido en su laboratorio rompió el tubo de vacío que contenía la diana de níquel que se oxidó en contacto con el aire. Después de limpiar el blanco calentándolo de manera prolongada, descubrió que había aumentado el tamaño de los cristales. Al seguir con el experimento, encontró que los ángulos de dispersión de los electrones eran completamente diferentes a los anteriores. En un inicio, atribuyó el cambio al modo diferente en que el blanco reflejaba los electrones, pero tras su asistencia al congreso de la British Association for the Advancement of Science, supo que debía buscar más allá. Allí oyó hablar por primera vez de la hipótesis de Louis de Broglie. De hecho, muy pocas personas conocían los tres artículos que De Broglie había publicado en la revista francesa Compte Rendu y todavía menos las que habían leído su tesis doctoral. De regreso a su laboratorio, Davisson, junto a su colega Lester Halbert Germer,  se aprestaron a tratar de verificar la difracción de los electrones. Finalmente, en enero de 1927, Davisson comprobó que las longitudes de onda de los electrones difractados en los nuevos experimentos coincidían con las establecidas en la teoría de la dualidad onda-partícula de De Broglie. El príncipe estaba en lo cierto, su hipótesis “Toda la materia presenta características tanto ondulatorias como corpusculares comportándose de uno u otro modo dependiendo del experimento específico” había sido confirmada experimentalmente por lo que recibió el premio Nobel de Física en 1929 y su fórmula, que relaciona la masa de una partícula con la longitud de onda asociada fue aceptada por la comunidad de físicos. Esta ecuación es extremadamente simple: λ = h/m·v donde λ es la longitud de la onda asociada a la partícula de masa m que se mueve a una velocidad v, y h es la constante de Planck. El producto m·v es la cantidad de movimiento de la partícula.

La importancia teórica de la tesis de De Broglie fue espectacular. En primer lugar, zanjó de un plumazo la vieja y a veces agria polémica entre los partidarios del carácter ondulatorio de la luz y los defensores de la hipótesis corpuscular. La solución de De Broglie permitía explicar todos los experimentos al establecer que la materia se comporta según sea la naturaleza del ensayo realizado. Otra implicación muy valiosa fue, como ya se ha apuntado, la explicación del modelo atómico orbital de Bohr.

En el aspecto práctico, las aplicaciones han sido numerosas e importantes. Probablemente la más conocida es el microscopio electrónico.

El microscopio óptico tradicional se basa en el fenómeno de refracción, el cambio en la dirección  de la luz que se produce cuando el rayo incide oblicuamente en la frontera entre dos medios en los cuales su velocidad es diferente. Ello permite construir lentes, fabricadas con materiales transparentes como el cristal, capaces de proporcionarnos una imagen ampliada de los objetos. El aparato más simple para magnificar el tamaño de la imagen es la lupa, constituida por una sola lente convergente. Ya en 1608 Zacharias Jansen construyó un microscopio compuesto con dos lentes convergentes, llamadas objetivo y ocular separadas por una notable distancia, consiguiendo un aumento mucho mayor. Con el paso de los años, el microscopio fue perfeccionándose a fin de eliminar las imperfecciones (aberraciones) de la imagen y mejorar la iluminación del objeto, alcanzando un elevado grado de ampliación.

Por desgracia, la propia naturaleza ondulatoria de la luz limita la resolución espacial (mínima distancia entre dos puntos del espécimen que pueden verse separados). Aproximadamente, dicha distancia no puede ser menor que la mitad de la longitud de onda de la luz que ilumina un objeto. Es decir que el poder separador del microscopio será mayor cuando se ilumina con luz azul (400 nm) que cuando se hace con verde (550 nm) o con roja (680 nm). En la práctica, en condiciones óptimas y empleando objetivos y técnicas convencionales se alcanza a resolver detalles de 200 nm, lo que significa un aumento del orden de 2000. En cambio, en el caso de la iluminación con electrones, la resolución espacial es mucho mayor. La longitud de onda asociada a un electrón sometido a una diferencia de potencial de 50kV es de 0,0055 nm, es decir, unas 100000 veces inferior a la de la luz verde.

El primer microscopio electrónico, basado en las ideas de De Broglie, fue diseñado por el físico Ernst Ruska y el ingeniero eléctrico Max Knoll, entre 1925 y 1930. El primer prototipo vio la luz en 1931 y dos años después, Ruska consiguió construir un modelo con un poder resolutivo superior al de los ópticos.

En función de su sistema de iluminación, podemos diferenciar entre dos tipos de microscopios: el microscopio de transmisión, en el que la muestra es transparente o suficientemente delgada para ser atravesada por el haz de fotones/electrones y el de reflexión, empleado para objetos opacos que reflejan el haz incidente.

Conceptualmente, el microscopio electrónico de transmisión es muy parecido al microscopio óptico convencional, la diferencia esencial consiste en la naturaleza de las lentes. El cristal es totalmente opaco al paso de los electrones y por tanto las lentes deben sustituirse por otros dispositivos que permitan modificar la trayectoria de estos, permitiendo enfocar como si de fotones se tratase. Dado que los electrones son sensibles a los campos eléctricos y magnéticos, las llamadas lentes electromagnéticas son la respuesta.

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Una lente electromagnética consiste en una bobina de hilo de cobre (B) rodeada por una armadura   toroidal con unas piezas polares que, al paso de corriente, crean un fuerte campo magnético no uniforme que sirve para hacer converger el haz de electrones. Difieren de las ópticas en que están fijas, tienen una distancia focal variable que depende de la intensidad que circula por la bobina, sólo pueden ser convergentes y su apertura numérica (que es un número adimensional que caracteriza el rango de ángulos para los cuales el sistema acepta luz)  es muy inferior al de las lentes ópticas. Este último hecho resulta especialmente desfavorable porque el poder resolutivo no es función sólo de la longitud de onda de la iluminación, sino también de la apertura de la lente, lo cual reduce, en parte, las ventajas obtenidas empleando electrones.

Al inicio de su uso en microscopía, las características de las lentes electromagnéticas tenían unas propiedades claramente inferiores a las de cristal. Pero a medida que se progresó en su estudio teórico y en las técnicas de fabricación, se pudo gozar de las ventajas de la reducción de la longitud de onda de la “luz” asociada a los electrones. En la actualidad, el microscopio electrónico tiene un aumento máximo superior a un millón y un poder resolutivo inferior a un nanómetro, habiéndose extendido su uso a una gran diversidad de campos de aplicación.

No olvidemos que esta aportación que ha contribuido y contribuye de forma notoria en el avance de la ciencia y la tecnología, tiene su origen en una hipótesis teórica que cambió radicalmente los principios en que se asentaba el estudio de la luz y de la materia en la física clásica.

La historia del Dr. Louis de Broglie resulta una brillante aportación a la polémica sobre la utilidad de la investigación más fundamental. En palabras de Kurt Lewin:

“There is nothing as practical as a good theroy.” (Nada tan práctico como una buena teoría)

 Esta entrada participa en la edición LXXII (junio-julio de 2015) del Carnaval de la Física cuyo blog anfitrión es La Aventura de la Ciencia.

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Especial Año de la Luz en Next (@next_ciencia)

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Durante junio y julio, Next, la sección de Ciencia de Vozpopuli.com, dedicará una serie de artículos al Año Internacional de la Luz y las Tecnologías basadas en la Luz. Su redactor jefe, el excelente periodista y divulgador científico Antonio Martínez Ron ha decidido concienciar a los lectores de la importancia de la Luz y sus tecnologías derivadas a través de los testimonios de diversos científicos que trabajan en alguna de sus múltiples aplicaciones.

Las diferentes aportaciones respetan el carácter informativo, riguroso y ameno que caracteriza la sección Next. Carecen de tecnicismos siendo didácticas y cercanas. El objetivo de todas ellas es común: mostrar hasta qué punto el conocimiento de la luz ha contribuido en el avance de la humanidad.

Personalmente, me siento muy agradecida por haber sido invitada a poner mi granito de arena en este especial organizado por Antonio. Es todo un honor haber publicado en una sección que considero de referencia.

Fotografía de mi publicación en el Especial Año de la Luz

Fotografía de mi publicación en el Especial Año de la Luz

Podéis disfrutar de todos los artículos del Especial Año de la Luz en Next a través de este enlace. Estoy segura de que os gustarán, son una delicia.

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Irène y Frédéric Joliot-Curie: Radiactividad a la carta

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Entrada original publicada en el blog Desayuno con fotones

Tras la muerte de Pierre, Irène parecía designada por Marie a ocupar el vacío dejado por éste y convertirse, con los años, en su confidente y colaboradora. A los once años ya estudiaba matemáticas avanzadas y con trece viajaba sola y pasaba largas temporadas en casa de los amigos íntimos de Marie mientras esta pronunciaba conferencias en diferentes universidades o se aislaba en el laboratorio. En el instituto de enseñanza de Sevigné, sobresalía tanto en matemáticas y en física que se le permitió enseñar estas materias a sus compañeros. A los catorce aprobó la primera etapa de bachillerato con un año y medio de adelanto y matrícula de honor. Tres años más tarde, en el inicio de la Primera Guerra Mundial, ingresó en la Sorbona para estudiar matemáticas y física, al tiempo que se matriculaba a un curso de enfermería. Para entonces, Marie ya se refería a ella como “su compañera y amiga” y la llevó al frente  donde había desplegado una flota de sesenta unidades portátiles de rayos X, conocidas como “las pequeñas Curie”. En pocos meses, la dejó a cargo de una instalación radiológica de campaña en Hoogstade, donde, sola y sin ayuda, radiografiaba a los heridos y llevaba a cabo un cálculo geométrico para indicar al cirujano la localización de las balas y la metralla. Cumplió la mayoría de edad formando a enfermeras para que ocuparan su lugar cuando se trasladara a otra posición del campo de batalla. El siguiente destino fue Amiens. Allí aprendió por su cuenta a reparar los aparatos de rayos X, obteniendo una notable experiencia técnica. Regresó a París en 1916 para impartir un curso de rayos X en el nuevo Hospital Eith Cavell y volvió a matricularse en la Sorbona licenciándose con matrícula de honor en Física y Matemáticas. En 1920 entró a trabajar como ayudante en el laboratorio Curie del Instituto del Radio de la Universidad de París, dedicado a las investigaciones y enseñanza de la radiactividad. Centró sus  primeras investigaciones en fenómenos atómicos y basó su tesis doctoral en el estudio de las partículas alfa (núcleos de helio-4) emitidas por una fuente de polonio. La presentó en 1925 bajo el título: “Recherches sur les rayons alfa du polonium, oscillation de parcours, vitesse d’émission, pouvoir ionisant.”

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Ese mismo año, un joven e inquieto Frédéric Joliot, que todavía no había acabado el servicio militar, se presentó ante la que había sido la heroína de su infancia para pedirle un empleo en el laboratorio Curie. Venía muy recomendado por Paul Langevin y Marie le propuso empezar al día siguiente. Para ello consiguió que el coronel le dejase concluir antes las milicias. Frédéric, tras la muerte de su padre, se había matriculado en la École de physique et de chimie industrielles de París, donde Pierre Curie había enseñado antes de traspasar su puesto a Paul Langevin. Extrovertido y apuesto, Frédéric estaba acostumbrado a hacer amistades con facilidad. Sin embargo, le costó adaptarse al ambiente serio y silencioso del laboratorio Curie. Se sentía solo y evitaba a Irène, la ayudante preferida de la jefa que ni siquiera le daba los buenos días. Sin embargo, con el paso del tiempo empezó a sentirse más y más atraído por su inteligencia. Ambos disfrutaban conversando y dando largos paseos. Se enamoraron y decidieron comprometerse. Cuando Irène se lo comunicó a Marie, esta no encajó bien la noticia. Temía que se tratase de un matrimonio de conveniencia, que Joliot quisiese aprovecharse del apellido Curie. Al igual que otras personas, no podía imaginar a la taciturna y austera Irène con el alegre y elegante Frédéric. Su hija era tres años mayor que él, había declarado que nunca se casaría y no le daba importancia ninguna a la apariencia. Cuando no llevaba la bata de laboratorio con sus zapatos de enfermera, vestía sencillos vestidos de colores oscuros. Frédéric, en cambio, era todo un donjuán y un fumador empedernido. Era tal la desconfianza de Marie en la futura pareja que trató de disuadir a su hija e insistió para que llegaran a un acuerdo que anulase la ley francesa en virtud de la cual los maridos controlaban las propiedades de sus esposas. Necesitaba asegurarse que Irène sería la única que heredaría las substancias radiactivas del Instituto Curie.

Pero su hija, hizo caso omiso de los consejos maternos y se casó con Frédéric el 26 de octubre de 1926. Lo cual no impidió que Marie, durante años, siguiese presentándolo como “el hombre que se casó con Irène”. Frédéric, sin embargo, sentía una gran admiración por su suegra y no dudó en aceptar su petición cuando le insistió para que siguiese adelante con sus estudios. Mientras continuaba sus tareas en el Instituto, se licenció en la Sorbona doctorándose en 1930 con una tesis sobre la electroquímica de radioelementos: “Électrochimique des radioeléments. Applications diverses.” Langevin había acertado de lleno, vio en él al gran científico en el que se iba a convertir.

En 1927, tres años antes de que Frédéric leyese su tesis, tuvieron a Hélène y poco después Irène contrajo tuberculosis. El médico le advirtió de que no tuviese otro hijo y disminuyese su ritmo de trabajo. Pero aquello era superior a ella. La tuberculosis no la llevaría a renunciar a aquello que le hacía sentir completa, a ser investigadora y madre.  A la semana siguiente, combatiendo contra una enfermedad que volvería a padecer a lo largo de su vida, ya estaba de vuelta al laboratorio y cinco años más tarde su otro deseo se hizo realidad, dio a luz a Pierre.

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La colaboración científica entre ambos se centró en el estudio de las emisiones radiactivas. Les atraían las investigaciones que el grupo de Rutherford estaba desarrollando en el laboratorio Cavendish y disponían de 200 milicurios de Polonio, la fuente más poderosa de rayos alfa, para llevarlas a cabo. El primer paso era analizar la radiación neutra y muy penetrante que habían detectado Walther Bothe y Herbert Becker al bombardear berilio con partículas alfa provenientes de una muestra de polonio. Los Joliot-Curie repitieron los experimentos y publicaron sus hallazgos el 18 de enero de 1932. Habían observado que la potente radiación de Bothe era capaz de provocar la emisión de protones de una capa de parafina. Postularon que se trataba de una radiación electromagnética de alta frecuencia pero no supieron interpretar los resultados.

James Chadwick, asistente de director de investigación en Cavendish, informó del artículo a Rutherford y de las conclusiones de ambos investigadores. Rutherford se limitó a pronunciar un escueto “No lo creo”, una expresión que dejó perplejo a Chadwick que nunca le había visto reaccionar de esta forma. Viendo que el tema prometía y que muy pronto otros físicos se lanzarían a investigarlo, se puso manos a la obra y descubrió la presencia en el núcleo de partículas con cargas neutras, los neutrones. En 1932 transmitió a Nature una breve nota titulada: “Possible existence of a neutron” a la cual le seguiría el artículo más extenso en los Proceedings of the Royal Society titulado “The existence of neutron”.

Los Joliot-Curie habían tenido “en sus manos” el neutrón y no supieron reconocerlo. Y, por desgracia, no fue el único premio Nobel que vieron pasar delante de sus narices. En sus trabajos con una cámara de niebla que, mediante un campo magnético creado por un electroimán, curva la trayectoria de las partículas cargadas, observaron que algunos de los supuestos electrones producidos en el experimento se desviaban en sentido contrario. No se dieron cuenta de que se trataba de un nuevo tipo de partícula como el electrón pero con carga positiva que ya había sido propuesto en 1931, el positrón y que fue descubierto ese mismo año por Carl David Anderson.

Por fortuna, en su caso la expresión “a la tercera va la vencida” no pudo ser más cierta. Corría el año 1933 y el éxito estaba a punto de llamar a su puerta. Por aquel entonces, el matrimonio estaba centrado en el estudio de las desintegraciones del polonio. Sabían que era un emisor de partículas alfa y se preguntaban si, al igual que otros átomos radiactivos, también emitía radiación beta (electrones). Para comprobarlo, colocaron una lámina de aluminio que detuviese las partículas alfa antes de llegar al detector. Este último consistía en una cámara de niebla que, mediante un campo magnético creado por un electroimán, curvaría la trayectoria de las partículas beta, posibilitando su identificación. La primera experiencia dio resultados sorprendentes: no sólo detectaron electrones, sino que también aparecieron  protones y positrones. La presencia de protones podía explicarse sin dificultad a través de una reacción conocida, la transmutación del aluminio en silicio. La partícula alfa absorbida por el aluminio-27 produce silicio-30 más un protón. Lo que no sabían era qué hacían allí los positrones y para averiguarlo empezaron sustituyendo el material empleado como absorbente de partículas alfa. Observaron que al interponer una lámina de parafina, plata o litio, no detectaban positrones, mientras que en el caso del boro sí lo hacían. Por tanto, el origen de los positrones no se encontraba en el polonio, se hallaban ante un fenómeno que sólo se daba en ciertos absorbentes.  La primera hipótesis fue pensar que la transmutación de aluminio en silicio, aparte del citado positrón, también podía dar como resultado la emisión de un neutrón y un positrón. En ambos casos se conservaba la carga eléctrica. Para verificar la segunda posibilidad, modificaron el dispositivo de manera que permitiese la detección simultánea del neutrón y el positrón.

La primera prueba pareció confirmar su planteamiento pero la segunda aportó nueva información. Se percataron que al disminuir la energía de las partículas alfa dejaban de detectarse neutrones, quedando únicamente los positrones. Estaban equivocados y, tras reflexionar plantearon la nueva hipótesis: quizás el absorbente se volvía radiactivo al interaccionar con las partículas alfa emitidas por la fuente. Para comprobar si estaban en lo cierto situaron un contador Geiger junto al material absorbente, tras retirar la fuente de polonio. El Geiger “cantaba”, el material se había vuelto radiactivo y la emisión de radiación decaía exponencialmente como en el caso de la radiactividad ordinaria. Anunciaron su hallazgo en dos artículos, uno escrito en francés, con Irène como primer firmante y presentado el 15 de enero de 1933, y otro en inglés, con Frédéric encabezando la lista de autores.

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La radiactividad “artificial” había nacido y el matrimonio Joliot-Curie fue galardonado en 1935 con el premio Nobel de Química. La dotación económica del premio les permitió instalarse en Sceaux, donde recibían a sus amigos los domingos por la tarde. Irène, a diferencia de Marie, siempre antepuso sus obligaciones como madre a todo lo demás, creía que la maternidad era la experiencia más increíble que había vivido. En 1936, como consecuencia del premio, Irène fue nombrada subsecretaria de Estado para la Investigación Científica y, al año siguiente, accedió a una cátedra en la Sorbona. Frédéric, por su parte, fue elegido como catedrático en el Collège de France en 1937 y abandonó el laboratorio del Instituto del Radio para formar su propio laboratorio, en donde construyó el primer ciclotrón de Europa occidental.

Descubrir que la radiactividad artificial podía ser producida por el hombre supuso un avance fundamental en las aplicaciones médicas de las radiaciones ionizantes. Los Joliot-Curie, tal y como se desprende de su discurso de recepción del premio Nobel, ya aventuraron las posibilidades de su descubrimiento en el campo de la Medicina:

“La diversidad de las naturalezas químicas, la diversidad de las vidas medias de estos radioelementos sintéticos, permitirán sin duda investigaciones nuevas en biología y en físicoquímica.”

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