«Holografía: arte, ciencia y tecnología con la luz» por Augusto Beléndez (@aubeva)

Hologramas del Tesoro de Villena (1983) realizados en la UA, por J. A. Quintana. Cortesía de Augusto Beléndez.

Hologramas del Tesoro de Villena (1983) realizados en la UA, por J. A. Quintana. Cortesía de Augusto Beléndez.

“Es la intersección de arte, ciencia y tecnología lo que hace la holografía tan interesante” Stephen Benton

Ha pasado mucho tiempo pero todavía recuerdo la impresión que me produjo, a los cinco años, aquel colgante. En un principio, al abrir la caja, pensé que se trataba de un bonito adorno pero al tomarlo entre los dedos para ponérmelo, mi corazón se aceleró. Dentro de aquel cristal veía una pequeña pirámide ¡en tres dimensiones!. Una pirámide que, por mucho que girase el cristal desconcertada, no estaba allí dentro. Aquello me impresionó más que cualquier espectáculo de magia. Con aquel regalo, mi padre me mostraba, una vez más, lo apasionante y bella que es la ciencia. Aquellos meses, visitamos varias exposiciones de holografía y me explicó que se trataba de un fenómeno óptico. Pero os confieso que, aún así, no entendía con claridad como se creaban los hologramas y no dejaba de mirar, con cierto recelo, la parte trasera de las obras expuestas. Todo aquello me resultaba increíble y fascinante.

Con el fin de transmitiros, en la medida de lo posible, mi pasión por la holografía, quiero compartir con vosotros la excelente conferencia “Holografía: arte, ciencia y tecnología con la luz” que impartió el Profesor Augusto Beléndez Vázquez, el pasado 14 de mayo de 2015, en la Sede de Alicante de la Universidad de Alicante. Esta se enmarca dentro del ciclo de conferencias organizadas,  con motivo del “Año Internacional de la Luz y de las Tecnologías basadas en la Luz”, por la Sección de Alicante de la Real Sociedad Española de Física, la Sociedad Española de Óptica, la Universidad de Alicante y la Universidad Miguel Hernández de Elche.

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Augusto Beléndez Vázquez es Catedrático de Física Aplicada en el Departamento de Física, Ingeniería de Sistemas y Teoría de la Señal de la Universidad de Alicante y director del Instituto Universitario de Física Aplicada a las Ciencias y las Tecnologías de esta universidad. Su labor investigadora se desarrolla en torno a la holografía, la ciencia no lineal y la enseñanza de la Física, respondiendo esta última a la importancia que le confiere a la transmisión de la Física. Augusto Beléndez es muy consciente de que esta ciencia, no sólo le ha enriquecido a nivel intelectual sino que le ha proporcionado grandes momento de diversión y por ello, tanto en sus clases como en sus actividades divulgativas, trata de comunicar a los demás que se puede disfrutar con la Física. Este esfuerzo por generar interés al prójimo, en el caso de los alumnos, se vio recompensado en 2009 con el “Premio a la Excelencia Docente” de su universidad. Ese año también fue especial como divulgador ya que comenzó el blog  “Física para tod@s” que ya lleva cinco años regalándonos grandes entradas. Aparte, su divulgación también incluye conferencias como la presente y múltiples artículos. Augusto desarrolla con maestría las tres actividades que, en mi opinión, debería practicar todo Profesor universitario: investigación, formación y divulgación.

La charla “Holografía: arte, ciencia y tecnología con la luz” se inicia dando a conocer los fundamentos físicos de la holografía para pasar a describir, a continuación, los procesos involucrados en el registro y reconstrucción de un holograma. Tras esto, se emprende un viaje a través de la historia de sus orígenes y posterior desarrollo poniendo especial énfasis en las contribuciones de los tres principales protagonistas Gabor, Denisyuk y Leith. Finalmente, en la última parte de la exposición se describen algunas de las aplicaciones más importantes de la holografía en la ciencia, la tecnología y el arte.

Enlace a la conferencia: Vértice: Holografía: arte, ciencia y tecnología con la luz.

Para completar la conferencia, os enlazo el texto completo de la Lección inaugural que impartió Augusto, en el Solemne Acto de Apertura del curso académico 2007-08 de la Universidad de Alicante, sobre holografía.

Agradezco, de corazón, a mi amigo Augusto y a la Universidad de Alicante, la gentileza de permitirme publicar esta charla.

P.D. El próximo viernes 12 de junio de 2015, en un acto organizado por la Asociación de Divulgación Científica de Elche,  Augusto Beléndez impartirá la conferencia «James Clerk Maxwell: el hombre que lo cambió todo» a las 19:30, en la Tetería Adarve situada en la Calle Mayor del Raval, nº4 de Elche.

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Fin de curso “podcastero” de las Tertulias Literarias de Ciencia

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El pasado dos de mayo, Dolores Bueno (la alma máter de las tertulias, junto a Juan Carlos Bayona) escribió la última entrada sobre el libro Mala Ciencia de Goldacre y antes de acabar de leerla ya sentía nostalgia. Supe que echaría de menos lo mejor de las Tertulias Literarias de Ciencia, el intercambio de opiniones con quienes ya considero unos buenos amigos. Sus comentarios me han llevado a reflexionar sobre la mejor forma de acercar la ciencia a la gente, sobre el daño que causan las pseudociencias a la sociedad y sobre la responsabilidad que tiene todo aquel que las apoya o permite su existencia.

El intercambio de pareceres que ha generado el libro, me ha resultado mucho más enriquecedor que la propia obra de Goldacre. Leyéndolos he aprendido muchísimo y me he replanteado algunas cosas. Me ha resultado muy beneficioso hacer autocrítica sobre la forma en la que, en ocasiones, presentamos la ciencia o nos enfrentamos a las pseudociencias.

Mis impresiones sobre el libro de Goldacre y esta tercera edición de las tertulias, junto a las de otros tertulianos, podéis escucharlas en el podcast final. Como sabéis, este año estrenamos este formato y no queríamos acabar “el curso” sin un último capítulo, sin el colofón final de las tertulias.

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Gracias a todos los que de una u otra forma habéis apoyado esta iniciativa. Espero que en la próxima edición seamos muchos más quienes podamos disfrutar de la experiencia y que regresen aquellos tertulianos que no han podido seguir esta edición. Se les ha echado mucho de menos.

Volvemos a leernos muy pronto

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¡Radiación!: Nuestra temible aliada en «La Fábrica de la Ciencia» de @jonsulve

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El pasado jueves tuve el honor de estrenarme como colaboradora en el excelente programa La fábrica de la Cienciade Jorge Onsulve Orellana. Me hizo muchísima ilusión porque soy una fiel seguidora del programa.  Me encanta la forma de entrevistar de Jorge, las preguntas que hace, el clima de coordialidad que crea con el invitado y transmite al oyente. Estoy muy agradecida de que cuente conmigo, de formar parte de esta fabulosa fábrica de ciencia que ha creado.

Jorge es un apasionado de la divulgación científica, a la que dedica, de forma altruista, gran parte de su tiempo. Nació dos meses antes del lanzamiento del Apollo XIII y su infancia estuvo marcada por la curiosidad que experimentaba por todo aquello que podría encontrarse bajo tierra. Esta inquietud, potenciada por los restos encontrados en el solar trasero de su casa y la proliferación de yacimientos arqueológicos en el pueblo donde siempre ha vivido, Gavà, le condujo hacia la historia y la arqueología. Como resultado, cursó la  licenciatura en Humanidades en la Universitat Oberta de Catalunya, un Máster en Egiptología en el Instituto de Estudios del Próximo Oriente Antiguo (IEPOA) de la Universitat Autònoma de Barcelona y un posgrado en Arqueología en la UOC. Pero su anhelo de conocimiento iba más allá  y su afición a la astronomía y los fósiles, despertaron su interés por la física, la paleontología y otras especialidades científicas.

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Pese a que su formación académica esté relacionada con la historia y la arqueología, nunca se ha dedicado profesionalmente a estas especialidades, si bien cabe señalar que en la actualidad está llevando a cabo una investigación toponímica del Término de la Baronía de Eramprunyà y ha colaborado en diferentes campañas arqueológicas.

Por lo que respecta al programa de radio, Jorge es quien mejor puede presentarlo:

“El programa de la Fábrica de la Ciencia en sus inicios estaba destinado a tratar temas relacionados con las humanidades y a entrevistar a personajes del mundo de la historia, antropología, arqueología, etc, Ni siquiera el nombre inicial era el actual, pero gracias a la intervención de algunos amigos, cambié definitivamente el nombre y los temas se ampliaron a otros campos de la ciencia. 

Aún recuerdo el primer programa que en aquella época estaba incluido dentro del espacio matinal,  Amb G de Gavà de Ràdio Gavà ¡¡Qué nervios!!. Pronto decidí desvincularme del magazine matinal y crear un espacio propio ubicado en la franja horaria actual de 9:00-10:00 am. Y en este momento comencé mis andaduras por los colegios y, grabadora en mano, me presentaba en los diferentes centros educativos explicándoles mi proyecto. Hasta la fecha he colaborado con cuatro colegios y para el curso que viene se sumarán otros cuatro más. 

El programa se me quedaba corto con una emisión semanal, así que tuve que ampliarlo a dos emisiones semanales. Pero ocasionalmente, incluso emito tres programas a la semana, cuando se trata de especiales con los más pequeños. 

Y un día, el 05/04/2015, la Fábrica de la Ciencia fue galardonada con el premio a la Calidad Educativa por la Xarxa  Gavà Educa. Un día muy emotivo sin duda para mí personalmente, pero sobre todo para la Fábrica de la Ciencia!! 

En el futuro seguiré con interesantes entrevistas a científicos de los diferentes campos, colaborando con los colegios y otras sorpresas!!” Jorge Onsulve 

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En mi primera participación en «La fábrica de la ciencia», tratamos el tema de las radiaciones ionizantes. Presentamos sus fundamentos físicos, las magnitudes y unidades de medida, los efectos que produce su interacción con el mundo biológico, su presencia en los rayos cósmicos y en la corteza terrestre y sus diferentes aplicaciones. Nos quedó pendiente la explicación sobre la Radioterapia, que  tendrá que esperar a próximos programas. Si estáis interesados en profundizar sobre esta temática, os recomiendo que visitéis el magnífico blog de física médica Desayuno con fotones. Os dejos con el audio de la entrevista, espero que os guste. Para mí fue un verdadero placer.

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John Bardeen, un genio olvidado (versión extendida del platito de @buhardilla)

0509_GUIDE1John Bardeen es uno de los mejores físicos de todos los tiempos, uno de los científicos más destacados del siglo XX. Es la única persona galardonada con dos Premio Nobel de Física y ambos concedidos por dos contribuciones estelares en la historia de la ciencia como fueron la invención del transistor y la formulación de la teoría BCS de la superconductividad.

Me resulta inexplicable y tremendamente injusto que personas como él permanezcan en el olvido, que no se dé la notoriedad que merece a alguien cuyos logros han cambiado nuestro día a día, al padre de la “era de la información”. Según la historiadora Lillian Hoddeson, autora de su biografía “True Genius”, esto se debe a que él se diferenciaba radicalmente de la imagen popular de genio. Era un hombre tranquilo, familiar y amistoso que prefería ir de picnic con su familia o trabajar tranquilamente en su oficina que hablar en público. No tenía pretensiones y le costaba la comunicación verbal. Hablaba poco y con moderación, apenas abría la boca al hacerlo. Sus estudiantes le llamaban “John el susurrador” por la forma en la que daba sus conferencias. Su personaje no resultaba atractivo para los periodistas ya que no sentía ningún interés en mostrar un comportamiento excéntrico, fuera de lo normal.

También se diferenciaba del prototipo de genio en otros sentidos. No fue autodidacta ni trabajó en soledad. Dedicó gran parte de su vida al estudio de la física hasta adquirir un legendario conocimiento enciclopédico de la misma. Aprendió de grandes de la física moderna, como Van Vleck, Wigner, Paul AM Dirac, Percy W. Bridgman, y Peter Debye, cómo reconocer y resolver los problemas que estaban suficientemente maduros y cómo encontrar el mejor equipo de teóricos y experimentalistas para estudiarlos. Sus descubrimientos no fueron fruto de inspiraciones repentinas ni de ideas felices, fueron producto de años de arduo esfuerzo en los que analizaba los diversos aspectos de un problema hasta poder comprenderlo y tratarlo en su conjunto. John Bardeen con su perseverancia, motivación, pasión, talento, confianza, resolución, capacidad de dirección y capacidad de trabajo se asemejaba a los verdaderos genios de la historia.

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John Bardeen nació el 23 de mayo de 1908 en Madison (Wisconsin), en el seno de una familia intelectual que fomentaba el valor del trabajo duro, la educación y el servicio a la sociedad y la nación. Su abuelo Charles William Bardeen, que a los catorce años se había alistado como un abolicionista en la Guerra Civil, creó y consolidó la School Bulletin Publications en la que, durante cincuenta años, expresó sus puntos de vista progresistas respecto a la educación. Su padre Charles Russell Bardeen, licenciado en la primera promoción de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, fundó y fue decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Wisconsin. La madre, Althea, había estudiado arte en Nueva York y Chicago y enseñó economía doméstica en el instituto progresista de la Universidad de Chicago, establecido por John Dewey. En el momento en el que conoció y se casó con Charles Russell, llevaba adelante un pequeño negocio de decoración de interiores en Chicago.

John pudo saltarse varios cursos en la escuela terminando octavo grado antes de los nueve años. A esa edad ingresó en el instituto de secundaria de la Universidad de Wisconsin, cuya filosofía progresista era similar a la de la Escuela Dewey, donde había enseñado su madre. Charles Russell, por su parte, alentaba la educación científica de su hijo planteándole problemas de matemáticas y comprando productos químicos con los que padre e hijo experimentaban en el laboratorio del sótano.

En abril de 1920, cuando John aún no había cumplido los doce, su madre murió de cáncer de mama. Por el bien de los niños el matrimonio decidió que Althea pasase sus últimos días en casa de unos amigos y John no fue consciente de la gravedad del estado de su madre. Su muerte le cogió por sorpresa y fue muy duro afrontar la adolescencia sin ella. Su padre no se veía capaz de cuidar a sus hijos pero meses después contrajo matrimonio con su secretaria Ruth Hames, a quien los niños ya conocían. Al año tuvieron otra hermana y Ruth puso orden al caos en el que se había convertido el hogar.

John terminó el instituto a los trece pero pospuso su entrada en la Universidad de Wisconsin para hacer cursos adicionales de matemáticas, ciencias y literatura en el Madison Central High School que no ofrecían en su instituto.

En la Universidad de Wisconsin se unió a algunas de las principales fraternidades y entró a formar parte de los equipos de natación y waterpolo. Se especializó en ingeniería eléctrica porque había oído que se usaban muchas matemáticas pero pronto se dio cuenta de que las matemáticas que daban le aburrían y empezó a estudiar cálculo por su cuenta. En ese periodo le entusiasmó el curso de mecánica cuántica que dio el matemático John Van Vleck durante dos semestres. Fue su primer contacto con dicha materia y le resultó tan fascinante que también se apuntó al curso de investigación que Van Vleck impartía sobre el libro “Quantum Principle and Line Spectra”. Van Vleck le animó a que considerase estudiar la carrera de física pero Bardeen no estaba todavía preparado para hacerlo. Creía que la única salida que había si estudiaba física o matemáticas era enseñar en la universidad y esto era lo último que deseaba. Sin embargo, al acabar la tesis del master sobre prospección eléctrica para el petróleo en 1929, pensó en cambiar de campo de estudio a la física y presentó una solicitud para una beca de investigación en el Trinity College de Cambridge. Pero a pesar de contar con muy buenas referencias se quedó sin ella y aceptó una plaza de profesor agregado con Edward Bennett, el jefe del departamento de ingeniería de Wisconsin. Poco después recibió una oferta para trabajar como geofísico en la compañía Gulf.

En su tercer año en Gulf, mientras reflexionaba sobre su futuro profesional, asistió, fuera de sus horas de trabajo, a un seminario de investigación en física moderna que se impartía en la Universidad de Pittsburgh. En él se plantearon los problemas que existían en la física por aquel entonces y Bardeen encontró las discusiones mucho más estimulantes que su trabajo como ingeniero. Se dio cuenta que debía cambiar la orientación de su vida.

Así que en 1933, durante la Gran Depresión, solicitó una plaza en la Universidad de Princeton que le fue concedida sin apoyo económico. Esto complicaba su voluntad de renunciar a su posición segura en Gulf. Tenía veinticinco años y la decisión era muy arriesgada. Había poco trabajo y nada le aseguraba que fuese a encontrar otro más adelante. Sin embargo, no podía seguir resistiéndose a cumplir el deseo de seguir los pasos académicos de su padre. Su madre a su edad también había asumido un gran riesgo dejando a su familia para estudiar arte en Nueva York. La noche antes de abandonar Pittsburgh acudió a una pequeña fiesta que organizaba un colega y conoció a Jane Maxwell quien, tras cinco años de noviazgo, se convertiría en su esposa. Ambos disfrutaron de cincuenta y tres años de feliz matrimonio.

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Ya en Princeton, Bardeen fue el segundo estudiante de posgrado de P. Wigner, uno de los pioneros de la física teórica del Estado Sólido. Con él aprendió que debía atacar los problemas descomponiéndolos en sus partes esenciales y que un investigador debía sumergirse en la literatura de su campo de estudio. Bardeen lo hizo, se acostumbró a pasar horas y horas en la biblioteca documentándose sobre física del Estado Sólido hasta conseguir, con los años, un vasto conocimiento sobre la materia.

Cuando empezaba a escribir su tesis doctoral se enteró de que la Universidad de Harvard estaba valorando incluirle en su junta. Para conseguir su prestigiosa beca de investigación tuvo que superar una entrevista con los socios de la universidad. Desde Princenton, entretanto, temerosos de perder a Bardeen, le ofrecieron una beca en matemáticas. Pero Bardeen tenía las ideas claras, la beca de Harvard era de Física y le garantizaba ingresos económicos durante tres años. Sólo faltaba un último requisito para alcanzar su objetivo: acabar el doctorado. Debía entrar como investigador en la prestigiosa universidad con el título en mano. Pero, por el momento, la tesis tuvo que esperar. En mayo de 1935 se desplazó a Madison para acompañar a su padre que estaba muriéndose de cáncer y no fue hasta la muerte de éste que volvió a trabajar en ella. Le dedicó a la tesis días y noches pero aún así, no le fue posible terminar los cálculos durante el verano. Con todo, Harvard hizo una excepción y permitió que la completase durante el primer semestre. Recibió el doctorado en enero de 1936.

En Harvard, permaneció como becario desde 1936 hasta el 38, trabajando con el premio Nobel y físico teórico de Estado Sóido Van Vleck y con el premio Nobel y físico experimental de Estado Sólido Percy Bridgman. Este último había llevado a cabo medidas para sólidos en condiciones de alta presión, pero no lograba justificar los resultados. Fue Bardeen quien construyó una teoría semiemprírica que permitió predecirlos con exactitud. Esta colaboración en equipo con Bridgman estableció un modelo de alto rendimiento entre un teórico y un experimentalista que siempre trataría de emular en años posteriores. Situado en los alrededores de Harvard, Bardeen visitaba el MIT a menudo. Allí intercambiaba impresiones con el Jefe del departamento de Física John Slater y el doctorando de éste William Shockley. Bardeen admiraba la inteligencia, imaginación y confianza en sí mismo de Shockley. Durante el segundo semestre Shockley recibió una oferta de los Bell Telephone Laboratories, el brazo de investigación y desarrollo de la American Telephone and Telegraph Company.

Uno de los temas que fascinaron a Bardeen en Harvard fue el fenómeno de la superconductividad, descubierto por Heike Kamerlingh Onnes en 1911. Este consiste en la pérdida completa de resistencia eléctrica de ciertos metales y aleaciones cuando su temperatura es inferior a una temperatura crítica de transición. En el estado superconductor se puede conducir corriente sin pérdida de energía y originar corrientes persistentes, algo tan extraordinario para los físicos como difícil de interpretar. Pero eso no es todo, en 1933, Walther Meissner y Robert Ochsenfeld descubrieron que los metales a una temperatura inferior a la crítica forman corrientes superficiales que crean un campo magnético que compensa el campo externo, cancelándolo. Se sucedían las teorías propuestas para explicar el comportamiento de los superconductores pero todas ellas fracasaban.

Mientras tanto, Bardeen se casó con Jane Maxwell en junio de 1938, poco después de que el Departamento de Física de la Universidad de Minnesota le ofreciese su primer puesto docente. Un año más tarde nació su hijo James Maxwell Bardeen. En el nacimiento de su segundo hijo William Allan Bardeen en 1941, la familia se había trasladado a Washington DC para servir al país en el laboratorio de investigación de la Marina. Allí, Bardeen, pronto se sintió a disgusto. El trabajo de ingeniería militar le desviaba de su investigación en física y la burocracia resultaba inflexible y caótica. Tan pronto como terminó la guerra, regresó a la física fundamental y tuvo lugar un hecho decisivo.

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Bardeen fue contratado para trabajar en la división de investigación de física de Estado Sólido de los Laboratorios Bell que había creado su vicepresidente ejecutivo Mervin Kelly. El grupo, encabezado por Shockley, contaba también con dos físicos experimentales, Walter Brattain y Gerald Pearson, un químico, Robert Gibney, y un experto en circuitos, Hilbert Moore. El objetivo, estipulado por Kelly, consistía en “obtener nuevos conocimientos que pudiesen ser usados en el desarrollo de componentes totalmente nuevos y mejores para sistemas de comunicaciones.”

Uno de los retos que abordaron y que condujo al descubrimiento del transistor, fue la búsqueda de un sustituto para los amplificadores basados en válvulas termoiónicas que se empleaban en muchos aparatos. Estos componentes tenían un tamaño considerable, eran muy delicados y su consumo era elevado. Para encontrar un dispositivo de estado sólido que hiciese sus funciones emplearon los semiconductores que mejor conocían y podían fabricar: el silicio y el germanio. En esta línea, Shockley, seis meses antes de incorporarse Bardeen, había diseñado un amplificador basado en silicio que no había logrado hacer funcionar, así que le pidió a Bardeen que encontrase el motivo del fracaso. Obtuvo la respuesta cinco meses después gracias al desarrollo de una teoría sobre los estados de la superficie de un sólido. Los electrones del dispositivo de Shocley quedaban confinados en las superficies de los materiales que lo constituían.

Durante las investigaciones que llevaron al deseado invento, Bardeen y Brattain formaban el equipo perfecto, Bardeen era «el cerebro» y Brattain «las manos». Ambos probaron diversos electrolitos y posibles configuraciones hasta que, finalmente, durante el conocido como “Mes milagroso” de 1947, lograron amplificar la corriente eléctrica de forma controlada y reproducible. El objetivo se había cumplido, el transistor de punta de contacto ya era una realidad. Bardeen, al llegar a casa por la noche le susurró a su esposa un escueto «Descubrimos algo hoy». Nunca hasta entonces le había hecho ningún comentario sobre el trabajo así que Jane supo que había sido un día especial.

El dispositivo estaba compuesto de dos púas de metal (oro) que presionaban sobre la superficie de material semiconductor (germanio) en posiciones muy próximas entre sí. Su fecha de nacimiento suele datarse el 23 de diciembre, día en el que Brattain y H. R. Moore, hicieron una demostración del transistor a sus colegas de los Laboratorios Bell. Shockely no había intervenido en el invento pero supo sacar partido de su posición como líder del grupo. A diferencia de Bardeen, intuyendo la relevancia del hallazgo, decidió apartar a Bardeen y a Brattain de la investigación y desarrolló por su cuenta el transistor de unión con la geometría que se conoce en la actualidad. Esto provocó un gran malestar entre los científicos. Brattain fue asignado a otro grupo y Bardeen abandonó los Laboratorios Bell en 1951 para ocupar un puesto de profesor de Física en la Universidad de Illinois donde permaneció hasta su jubilación.

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Una vez instalado en la universidad, se sumergió de lleno en el problema de la superconductividad buscando teorías que pudiesen describir las interacciones entre los electrones en los superconductores. Para hacerlo invitó a su alumno graduado Bohm David Pines a trabajar con él y ambos desarrollaron un formalismo para tratar el acoplamiento de los electrones a las vibraciones de la red. Determinaron que en los casos en que la transferencia de energía era pequeña, los electrones vencían la repulsión coulombiana y se atraían entre ellos. Tras aquello Bardeen se dedicó a examinar toda la obra existente sobre superconductividad y elaboró un artículo extenso y completo sobre el tema que se publicó en 1956 en el Handbuch der Physik.

Entretanto, en 1953, J. Robert Schrieffer, se unió al programa de física de posgrado de Illinois eligiendo como asesor de tesis a Bardeen y como tema la superconductividad. Pines, por su parte, aceptó un puesto de profesor en Princenton y Bardeen invitó al joven teórico Leon Cooper a unirse al equipo. A finales de 1955, Cooper mostró que las interacciones con la red cristalina podían hacer que electrones con espines opuestos se combinasen para formar fuertes pares correlacionados cuyo movimiento podía explicar la forma en la que los electrones fluían sin resistencia en un superconductor. Los pares de Cooper se formaban a bajas temperaturas. Añadiéndoles energía se rompían y el material volvía a presentar un estado normal no-superconductor.

En 1956, en pleno estudio de la superconductividad, Bardeen se vio sorprendido por la concesión del Premio Nobel de Física, junto a Brattain y Shockley “por sus investigaciones sobre los semiconductores y el descubrimiento del efecto transistor”. Tuvo dudas acerca de la conveniencia de viajar a Estocolmo a recoger el Premio. Por un lado, no quería dejar colgado el trabajo que estaba haciendo con Cooper y Schrieffer y, por el otro, no estaba muy seguro de que el transistor fuese un invento merecedor de un Nobel. Le avergonzaba ser premiado antes de que lo fuesen científicos tan brillantes como sus profesores Wigner y Van Vleck. Finalmente asistió a la ceremonia y, durante la misma, el rey Gustavo VI Adolfo de Suecia le preguntó a por su familia. Bardeen le respondió que dos de sus hijos no habían podido asistir porque no quería que interrumpiesen sus estudios en la Universidad de Harvard por algo así y el rey, asombrado, le hizo prometer que si volvían a coincidir traería a toda su familia. No imaginaba el científico que tendría que cumplir dicha promesa.

Poco después de su regreso de Estocolmo, Schrieffer dio un paso definitivo. Mientras iba en el metro de Nueva Jersey, de camino a una reunión anual de la APS, pensó que el conjunto de pares de Cooper del semiconductor en su estado fundamental, podían describirse con una única función de onda que garabateó allí mismo. Más tarde, al mostrársela a Bardeen, iniciaron un periodo de trabajo febril en el que emplearon la función de onda para calcular todas las cantidades experimentales pertinentes. Todo cuadraba, Bardeen, Cooper y Scrieffer se dieron cuenta de que habían resuelto el problema que llevaba cuatro décadas dejando perplejos a los mejores físicos del mundo.

En abril de ese año, Bardeen, Cooper y Schieffer publicaron un pequeño artículo en Physical Review titulado “Teoría microscópica de la Superconductividad” y, en julio de 1957, presentaron el informe completo de los resultados bajo el título “Teoría de la Superconductividad” a la misma revista que lo publicó en diciembre.

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En 1965, el presidente Lyndon Johnson le entregó la Medalla Nacional de la Ciencia, el premio más alto de la nación para el logro científico. Pero Bardeen pensaba en otro reconocimiento. Temía que la Academia Sueca de Ciencias mantuviese la tradición de no otorgar a una persona dos Premio Nobel en el mismo campo y que Schrieffer y Cooper se quedasen sin un honor muy merecido. Afortunadamente, dicha recompensa llegó en 1972. El Comité Nobel rompió precedentes y otorgó el Premio Nobel de Física a los tres investigadores “por su desarrollo de la teoría de la superconductividad, conocida como teoría BCS”. Gran parte del dinero que consiguió Bardeen con el galardón, lo donó a organizaciones destinadas al avance de la ciencia. También tuvo que cumplir con la promesa que le había hecho al rey y llevó a todos sus hijos a la ceremonia de entrega.

Durante su estancia en Illinois, Bardeen, tratando de asumir la responsabilidad social que implicaba su posición como científico, formó parte de algunos grupos consultivos nacionales como la Oficina de Investigación Naval (ONR) o el Comité Asesor de Ciencia del Presidente (PSAC), desde 1959 hasta 1962 con Dwight D. Eisenhower y después John F. Kennedy. En 1968, fue elegido presidente de la Sociedad Americana de Física (APS), un honor que, sin poder sospecharlo, le condujo a afrontar una difícil situación. La sociedad tenía que celebrar su reunión anual en Chicago en 1970 y, debido a la brutalidad de las acciones policiales durante la protesta contra la guerra de Vietnam, un número importante de sociedades profesionales decidieron cancelar sus reuniones. Muchos de los miembros de la APS querían hacer lo mismo, mientras que otros, en cambio, creían que la cancelación implicaba usar la APS para fines que, aun siendo importantes, no concernían a los objetivos para los que se había constituido la sociedad. Bardeem tuvo que mediar en el conflicto y adoptó una posición neutral. Intentó que quienes defendían la reubicación de la reunión comprendiesen que a aquellas alturas ya no era posible encontrar otro emplazamiento para 10000 personas. Cuando acabó su mandato como presidente, sintió verdadero alivio. En 1981, fue invitado a servir en el Consejo Científico de la Casa Blanca del Presidente Ronald Reagan (WHSC). En un principio se resistió porque era contrario a la política irresponsable y militarista del presidente pero su amigo Charles Slichter acabó convenciéndole. Como miembro del consejo apoyó la fundación de centros de investigación multidisciplinar y expuso la necesidad de incrementar el desarrollo tecnológico a largo plazo y evitar que la urgencia por obtener beneficios rápidos arruinase interesantes proyectos de futuro. En su primer año, pese a que la Casa Blanca no respaldó todas sus iniciativas, quedó satisfecho de la labor que había desarrollado. Pero la situación cambió radicalmente cuando Reagan y Keyworth pusieron en marcha el programa de defensa antimisiles o Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI) (conocido popularmente, como Star Wars), al que Bardeen se opuso desde el principio. No se limitó a dimitir del Consejo sino que redactó diversos artículos en los que expuso los peligros que conllevaba el programa.

Menos de dos años después de la concesión del segundo Nobel, Bardeen se retiró de la enseñanza pero continuó investigando como profesor emérito. Su capacidad intelectual y su agilidad mental no se vieron mermadas con el paso de los años. A los setenta, el premio Nobel se volcó en el estudio de una nueva teoría de la mecánica cuántica que interpretase el comportamiento de los electrones en las ondas de densidad de carga. Estas ondas se producen en ciertos metales, cuando los electrones forman patrones cristalinos que se mueven al unísono y responden de manera característica a los voltajes aplicados. Bardeen creía que se trataba de un fenómeno cuántico colectivo cuyo elemento esencial era el efecto túnel cuántico pero muchos físicos se mostraron reticentes. La oposición de sus colegas produjo un gran desasosiego en el físico que estaba convencido de la veracidad de la teoría. Sólo la amistad de Holonyak y los partidos de golf paliaron, en parte, esta amargura.

A finales de la década de 1980 su salud ya estaba muy deteriorada. Padecía gota en las piernas y degeneración macular. Sin embargo, eso no impidió que en 1987, tras el descubrimiento de la superconductividad a alta temperatura, se lanzase a la búsqueda de una teoría que dilucidase el fenómeno. En diciembre de 1990 publicó su último artículo, sobre las ondas de densidad de carga, en el Physics Today. El cáncer se había extendido y la cirugía estaba descartada. Ni siquiera hubo tiempo de administrarle radiación. Murió de un ataque al corazón el 30 de enero de 1991. Sus restos, junto a los de Jane, descansan en el Forest Hill Cementery de Madison, Wisconsin. Su hijo William diseñó una sola lápida de piedra en la que los nombres de sus padres se acompañan de símbolos que reflejan sus intereses, el mundo natural, los dos Premios Nobel.

EN LA BUHARDILLA 2.0

Para acceder al platito del día de John Bardeen en La Buhardilla 2.0 pulsad sobre este enlace.

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Blas Cabrera, físico, humanista y profesor

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En la fotografía aparecen dos hombres recorriendo las calles de Madrid. Uno de ellos es el  célebre Premio Nobel de Física Albert Einstein, al otro, por desgracia, nos cuesta identificarlo. Nos resulta difícil reconocer a Blas Cabrera, el padre de la Física Moderna en España. Un gran científico que, durante la primera mitad del siglo XX, contribuyó a la ciencia con importantes aportaciones propias, llevó a cabo una prolífica labor divulgativa de la Relatividad y la Mecánica Cuántica y logró que las investigaciones en Física y Química que desarrollaban en el territorio español despertasen interés a nivel mundial. Una persona cuya historia forma parte de la cultura científica, cuyo recuerdo debería permanecer.

Blas Cabrera Felipe, el primer hijo del abogado y notario Blas Cabrera Topham y de Antonia Felipe Cabrera, nació en Arrecife el 20 de mayo de 1878. Todavía era un niño que correteaba por las calles del lugar cuando la familia se trasladó a Tenerife. Los motivos del cambio de residencia se desconocen. Pudo ser debido a una mejora en las condiciones laborales del cabeza de familia, a una mayor proximidad a los centros de enseñanza secundaria y a las Universidades de La Laguna, dónde algún día podrían ir a estudiar sus hijos, o por razones derivadas de asuntos políticos. En cualquier caso, el ambiente cultural de Blas mejoró en la mudanza. Inició su aprendizaje en una de las dos escuelas de primaria de Arrecife aunque, debido al traslado y a la pésima situación de la educación pública, se formó, principalmente, con profesores privados. La posición social y económica de su familia se lo podía permitir.

Blas era inquieto y revoltoso y no sentía especial interés por los estudios. Prefería salir a jugar a la plaza que someterse a la disciplina de las aulas o encerrarse en casa. Aún así, continuó su formación completando la Enseñanza Secundaria, a los 16 años, con un expediente destacable. Sin embargo, los comentarios de sus profesores, que acompañaban el documento, señalaban la poca atención que prestaba en las clases. Sólo el profesor de Física y Química resaltaba la especial afición e interés de Blas por sus materias. Subrayaba también,  la meticulosidad de su trabajo en el laboratorio. Esto último, no deja de ser remarcable puesto que, años más tarde, realizaría todos sus hallazgos en base a resultados experimentales. Pero en aquel entonces, sus padres, esperanzados con que su hijo siguiese la carrera familiar y se hiciese notario, no percibieron la atracción del joven por la experimentación. Pero no fue la única pasión que descubrió en el instituto. Allí también conoció al amor de su vida y su futura esposa María Sánchez Real. Por fin, el 17 de septiembre de 1894, obtuvo el Título de Bachiller y se trasladó a Madrid a cumplir el sueño paterno.

Allí, mientas iniciaba la carrera de Derecho, entró en contacto con el ambiente científico de Ramón y Cajal. La asistencia a sus tertulias cultural-científicas del Café Suizo le hizo cambiar su interés por el estudio de las leyes jurídico-sociales por el de las naturales. Abandonó la carrera de Derecho para matricularse en Física y, cuatro años más tarde, se licenció en Ciencias Físico Matemáticas por la Universidad Central de Madrid. En 1901 se doctoró en Ciencias Físicas con la tesis: «Sobre la variación Diurna de la Componente Horizontal del Viento», que fue calificada de Sobresaliente y dotada con el Premio Extraordinario. Ese mismo año sacó la plaza de profesor ayudante de Electricidad en la Facultad de Ciencias y en 1905 la de catedrático de Electridad y Magnetismo en la Universidad de Madrid. Para entonces ya había publicado numerosos estudios científicos en la Revista de la Sociedad Española de Física y Química, de la que fue socio fundador en 1903. Sus trabajos se centraron en la investigación de las propiedades de los electrólitos, la variación de la resistencia de los metales en el interior de los campos magnéticos y las propiedades magnéticas de la materia.

Don Blas Cabrera y Felipe Catedrático de Física Teórica y Experimental - Foto Oficial de la Facultad de Ciencias

Foto Oficial de la Facultad de Ciencias

En 1910 ingresó en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, leyendo el 17 de abril, el discurso: “El éter y sus relaciones con la materia en reposo”. Desde entonces empezó a publicar trabajos, sobre el principio de la relatividad. Un año más tarde, consiguió su primer  cargo de responsabilidad al ser nombrado Director del Laboratorio de Investigaciones Físicas creado por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas y en 1912, pensionado por la misma Junta , viajó a Zurich para aprender del mayor experto en magnetismo de la época, Pierre Weiss. De aquel encuentro surgió una buena amistad entre ambos científicos y las investigaciones de Cabrera pasaron a orientarse hacia el campo de la Magnetoquímica.

En 1915 recorrió Sudamérica, en compañía del Ministro de Instrucción Fernando de los Ríos, como mensajero cultural de España. Durante el viaje ofreció conferencias científicas en un gran número de países como México, Perú, Colombia o Argentina y obtuvo diversas distinciones.  Fue nombrado Doctor Honoris Causa en varias universidades, Profesor Honorario en las de México y Buenos Aires y miembro de las Academias de Ciencias de Lima y Bogotá. Su prestigio como científico iba en constante aumento. En 1916 se convirtió en Presidente de la Sociedad Española de Física y Química e inauguró en México el Instituto Hispanoamericano, como Profesor Extraordinario. Dos años más tarde la Universidad de Estraburgo le nombró Doctor Honoris Causa y en 1921 pasó a ser miembro del Comité Internacional de Pesos y Medidas, con sede en París. Ese mismo año, en el discurso de apertura del curso 1921-1922 de la Real Academia de Ciencias de Madrid denominado “Sobre el estado actual de la Física”, mostró su total aceptación de la teoría de la relatividad. A diferencia de lo expresado en conferencias de años anteriores, asumió, por fin, la desaparición del éter como hipótesis.

El año 1923 fue uno de los años más importantes en la vida de Blas Cabrera. Einstein llegó a Madrid el 1 de marzo y Blas Cabrera ejerció de anfitrión durante toda su visita a la capital. La presentación oficial tuvo lugar el día 4 en la Real Academia de Ciencias. Allí, ante la presencia del rey Alfonso XIII, Cabrera expuso el trabajo del premio Nobel de Física ante los allí presentes. La precisión con que lo hizo conmovió al genio de la relatividad: “Vuestras palabras han llegado a lo más hondo de mi corazón porque demuestran la forma consciente y cariñosa con que habéis estudiado el trabajo de mi vida haciéndoos eco de la frase del poeta: Queremos recibir menos alabanzas, y, en cambio, que se nos lea con aplicación”.

Einstein estaba en lo cierto, Cabrera había estudiado concienzudamente la teoría de la relatividad, convirtiéndose en el introductor de la misma en el territorio español. Su libro Principio de relatividad, editado por la Residencia de Estudiantes, puede considerarse uno de los mejores libros escritos sobre relatividad en esa época y el más completo publicado en España hasta entonces. Una obra compleja con una clara voluntad pedagógica, que entrelazaba los aspectos históricos con los conceptuales. La finalidad del libro consistía, en palabras de su autor, en “… llevar al ánimo de mis oyentes y lectores la convicción de que las alteraciones impuestas por el principio de relatividad en los conceptos fundamentales de la Filosofía natural están impuestas por la observación y la experiencia, y vienen a depurar nuestro conocimiento positivo de ciertos postulados que subrepticiamente se introdujeron en él.” Es decir, pretendía demostrar que el principio de relatividad debe ser un postulado necesario de la Filosofía natural. Fue su gran contribución a esta teoría puesto que a partir de entonces se limitó a elaborar artículos de carácter divulgativo y a impartir cursos.

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Por lo que respecta a su faceta como investigador, uno de sus trabajos más significativos fue el de las medidas de los momentos magnéticos de los iones de las Tierras Raras. La  interpretación teórica del experimento,  fue desarrollada por Van Vleck, que se refería a Cabrera como “el físico que hizo el experimento adecuado en el momento oportuno”. Por aquel entonces, nuestro físico también investigaba otros problemas como el mecanismo de la disociación electrolítica, la resistencia eléctrica de los metales ferromagnéticos, la génesis de los elementos químicos, etc.

El refrendo social de la física en España que supuso la visita de Einstein, condujo a que, tres años más tarde, la Fundación Rockefeller decidiese donar créditos al Estado español para la creación de un Instituto que albergase las investigaciones que se desarrollaban en el ‘viejo’ laboratorio que dirigía Cabrera. Este último se encargó de conseguir las instalaciones idóneas para el nuevo Instituto Nacional de Física y Química que fue inaugurado el 8 de febrero de 1932 por Fernández de los Ríos. Su organización se dividió en 6 secciones distribuidas entre la Física y la Química: Electricidad, Rayos X, Química Física, Espectroscopía, Química orgánica y Electroquímica y supuso una gran contribución en el  avance del estudio de la Física y Química experimental en España.

Blas Cabrera se había ganado una merecida reputación en la comunidad científica española pero no fue hasta la publicación de «El Átomo y sus propiedades electromagnéticas» , en 1927, que contó con una verdadera proyección internacional, convirtiéndose en uno de los físicos más brillantes de la época. Buena prueba de ello es su elección como Académico de Ciencias de París en 1928 y su posterior nombramiento como miembro del Comité Científico de la VI Conferencia Solvay de FísicaDicho comité estaba formado por 9 destacadas personalidades del campo de la Física y su candidatura había sido propuesta por los premios Nobel Marie Curie y Albert Einstein. Blas Cabrera participó en la VI Conferencia Solvay sobre Magnetismo con el tema “Las propiedades magnéticas de la materia”, se mantuvo en el Comité durante la preparación de la VII Conferencia que tuvo lugar en 1933 para estudiar la “Estructura y propiedades de los núcleos atómicos” y participó en la organización de la VIII Conferencia bajo el tema “Partículas elementales y sus interacciones” que debía celebrarse en 1939, pero que fue suspendida a causa de la Segunda Guerra Mundial.

Congreso de Solvay 1930

Congreso de Solvay 1930. Blas Cabrera es el tercero, empezando por la derecha, de la primera fila.

Congreso de Solvay 1933

Congreso de Solvay 1933

En esa época también recibió otros cargos y responsabilidades de alto nivel como el puesto de Secretario del Comité Internacional de Pesos y Medidas, el de Presidente de la Academia de Ciencias de Madrid o el ingreso en la Real Academia Española, ocupando el sillón de Don Santiago Ramón y Cajal.

La insurrección de 1936 le sorprendió durante su rectorado en la Universidad Internacional de Verano de Santander, de la que había sido uno de sus fundadores. La creación de la misma en 1933, generó un brote de actividad intelectual que se prolongaría hasta la Guerra Civil. Cabrera tuvo que pasar por Francia para poder regresar a la zona de Madrid. Pero un año después decidió exiliarse a París donde permaneció hasta 1941. Mientras tanto, el bando franquista, mediante Orden Ministerial, le depuró como catedrático “por su pertinaz política antinacionalista y antiespañola en los tiempos precedentes al Glorioso Movimiento Nacional” e hizo presión para que abandonase el Comité Internacional de Pesos y Medidas. Esta situación dejó a Cabrera moralmente hundido y decidió tomar rumbo a México.

En la capital azteca, recibió una calurosa acogida en la Universidad Nacional Autónoma de México donde ejerció de Profesor de Física Atómica y de Historia de la Física. Allí siguió con sus investigaciones científicas al lado del profesor Vallarta, un joven físico mejicano especialista en el estudio de la radiación cósmica. En 1944, la institución Cultural Española de Buenos Aires publicó su último libro, El Magnetismo de la Materia y, un año después,  el 1 de agosto de 1945, falleció a consecuencia de la enfermedad de Parkinson.

Blas Cabrera, que tanto había contribuido en mejorar la situación de la ciencia española y darla a conocer a nivel internacional, murió sin ver cumplido el deseo de volver a su país.

Esta entrada participa en la edición LXI del Carnaval de la Física cuyo blog anfitrión es Hight Ability Dimension.

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«Personas con Papeles», mi colaboración en La Buhardilla 2.0 (@buhardilla)

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Me hace muchísima ilusión anunciaros que hoy me he estrenado como narradora de la sección Personas con Papeles de La Buhardilla 2.0. Soy una admiradora incondicional del programa desde que lo descubrí hará dos años y estos últimos meses, ha sido un gran honor poder contribuir en él con algún platito del día.

La colaboración en Personas con Papeles es mucho más de lo que podía imaginar. Entre nosotros, nunca hubiese soñado que iba a tener mi rinconcito semanal en el pograma y se agradezco infinitamente a Kike, Abraham, Javi y Álvaro que hayan confiado en mí. Me siento feliz y emocionada. Sé que estoy en parvulario de podcaster y que, al igual que en el caso de Pa ciència, la nostra, no merezco colaborar en los mejores programas de divulgación científica. Pero significa demasiado para mí y no voy a perder esta oportunidad. Voy a hacer todo lo posible por mejorar, por no defraudarles y por ofreceros lo mejor de mí misma.

La sección, como supondréis los habituales del blog, me interesa de forma especial puesto que uno de mis objetivos al divulgar es dar a conocer el lado humano de la ciencia. Hacer visibles a aquellos científicos que, injustamente, han caído en el olvido. La historia de la ciencia se ha tejido con muchos nombres, “Personas con papeles” pretende recordarlos y otorgarles el reconocimiento que merecen.

Finalmente quiero dar un agradecimiento especial, por confiar en mí, a aquellos oyentes buhardilleros que pidieron que me ocupase de la sección o que me han dado su cariño y apoyo cuando he participado en el programa. Estas muestras de afecto se llevan muy dentro.

PARA COLABORAR EN LA SECCIÓN «PERSONAS CON PAPELES»

Para sugerir personas con papeles que os parezcan interesantes y queréis escuchar, así como para mandar textos, podéis dirigiros a la dirección de correo personasconpapeles@gmail.com

Los textos deben tener una extensión de unas 500 palabras.

¡¡Nos escuchamos los sábados!!

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Láser naranja por Álvaro Peralta (@ribap)

Conocí personalmente al Doctor en Física Álvaro Peralta en la primera edición del evento de Ciencia Jot Down y me reencontré con él, ese mismo día, en la celebración del Pograma 100 de La Buhardilla 2.0. Álvaro, es una persona increïble, un gran científico que siente pasión por lo que hace y te la transmite cuando conversas con él. Es un viajero incansable que se licenció en Física en la Universidad de Sevilla, se doctoró en Universidad de Kaiserslautern (Alemania) y ha vivido en Atenas, Creta, Bilbao y, actualmente, en Salamanca dónde comparte la aventura del Centro de Láseres Pulsados (CLPU). Todo su trabajo ha girado en torno a los láseres y cuando habla o escribe sobre ellos se nota que le fascinan. Es un gran investigador que también cuenta con mucho talento para divulgar y expresar todo lo que sabe. Buena prueba de ello son sus colaboraciones en blogs tan importantes como Desayuno con Fotones o Cuentos Cuánticos. Como comprenderéis, para mí es un verdadero lujazo que haya querido participar en Los Mundos de Brana. Muchísimas gracias, Láserman.

Hace unos dos meses salió una noticia en prensa sobre el uso de un láser de color naranja para mejorar las capacidades del observatorio del Teide en Tenerife. De una forma bastante rimbombante se describía como usando este láser se podrían crear “estrellas artificiales” que ayudarían a mejorar las resolución de los grandes telescopios. “¿Estrellas artificiales? ¿Láseres y grandes telescopios?” me preguntaba yo mientras leía un tanto confundido la noticia en los medios generalistas. En esos momentos el superhéroe que llevo dentro, Laserman, decidió que debía pasar a la acción y poner un poco de orden entre tanto batiburrillo de ideas y explicaciones a medias. ¡Vamos a ello!

Lo primero que tenemos que tener claro es el problema al que se enfrentan los telescopios terrestres. La luz emitida por una estrella al pasar por la atmosfera terrestre se “deforma” produciendo una imagen menos nítida en el telescopio de la que debería. En términos técnicos, la atmosfera produce una deformación del frente de ondas, definiéndose el frente de ondas como el conjunto de puntos de un medio que son alcanzados en el mismo instante por una onda.

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Esta deformación del frente de ondas produce una perdida muy significativa en la calidad de las imágenes que se pueden obtener. No es difícil imaginar que esta es una de las ventajas, ¡y de las grandes!, del telescopio espacial Hubble ya que al estar fuera de la atmósfera elimina la fuente más importante de deformación del frente de onda.

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Galaxia NGC7469

Pero no desesperemos que como casi todo en esta vida el problema tiene solución. La solución viene dada por la óptica adaptativa. De una forma sencilla la óptica adaptativa se podría definir como aquel conjunto de técnicas que corrigen las posibles deformaciones en un frente de ondas producidas por la propagación de este.

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Uno de los elementos más usados en óptica adaptativa son los espejos deformables. Estos espejos contienen una serie de actuadores, a mayor densidad de actuadores mayor calidad y por supuesto mayor precio, que deforman la superficie reflectante del espejo para así poder contrarrestar las distorsiones que contenga el frente de ondas que queremos observar.  De hecho para óptica de gran tamaño estos elementos son fundamentales para compensar la deformación que la gravedad produce en el espejo. Tenemos que pensar que la precisión necesarias es del orden de micras o incluso sub-micras.

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Espejo deformable

La forma habitual de trabajar es usar un “loop” entre las observación en el telescopio y el elemento adaptativo para poder maximizar la calidad de las observaciones. Como podemos observar la mejor en la calidad de las imágenes sorprendente.

La galaxia NGC 7469, observada sin, y con óptica adaptativa.

La galaxia NGC 7469, observada sin, y con óptica adaptativa.

Hasta aquí todo claro, pero ¿cómo podríamos mejorar la capacidad de los elementos de óptica adaptativa? ¿cómo podríamos saber a priori la deformación producida por la atmósfera en el frente de ondas? La respuesta parece clara: necesitamos conseguir un fuente de luz adicional. Y aquí es donde entran en juego los láseres.

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Para conseguir esa fuente de luz adicional (esas “estrellas” de las que se hablaba en la prensa) se excitan los átomos de sodio de la mesosfera a unos 90 kilómetros de altura mediante un láser de fibra de alta potencia con una longitud de onda de 589 nm (naranja).  Los átomos de sodio excitados al desembarazarse de la energía proporcionada por el láser, es decir al relajarse al estado fundamental, emiten luz por fluorescencia. Es precisamente esta luz la que se utiliza para poder conocer a priori la influencia de la atmósfera en las observaciones astronómicas. ¡Hasta otra!

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Lista de Podcasts de Ciencia

podcastcienciaGracias a los podcasts podemos disfrutar de contenidos interesantes dónde y cuándo nos apetece. Su escucha nos acompaña en los viajes y en los paseos, nos hace más amenas esas faenas del hogar que nos resultan antipáticas. Siempre que necesitamos pasar un buen rato están a nuestra disposición. Forman ya parte de nuestro quehacer cotidiano, de nuestro día a día.

Los podcasts pueden aportarte información sobre temáticas que te gustan y despertarte interés por otras a las que no prestabas atención. La excelencia de los podcasts de Ciencia los convierte en una herramienta eficaz para demostrar que los temas científicos son divertidos y atrayentes. Además, la gran diversidad que hay en cuanto a la forma de presentar los contenidos consigue que cualquiera pueda encontrar un programa “a su manera”.  Lo único que puede impedir que esto ocurra es que se desconozca la existencia de los mismos.

Por ello, la Tertulia Media2ciencia: Podcasts de Ciencia de Luis Quevedo, que tuvo lugar por Hangouts el jueves 14 de mayo a las 22h de la noche, fue muy interesante. En ella se analizó la situación actual del podcasting en castellano, se dieron consejos para quienes deseen empezar un podcast y se estudiaron las posibles opciones que existen para hacer de este un proyecto viable y sostenible. La tertulia contó con podcasters de la talla de Kike Silva [La Buhardilla 2.0], Carles Fernández [GeoNaufragos], Óscar Hernández [UniversoParalelo] y Antonio Martínez Ron [Catástrofe Ultravioleta]. El hashtag para seguirla en tuiter fue #m2podcast

La mesa redonda sobre divulgación de la ciencia a través de los podcasts que tuvo lugar en Ciencia Jot Down 2016, es otra pieza indispensable para acercarse a los podcasts científicos. Moderada por el director de Sevilla Web Radio, Álvaro Martín, contó con la participación de  Kike Silva [La Buhardilla 2.0], Alberto Márquez [Los 3 chanchitos], Julius [El noveno planeta], Susana Escudero [El Radioscopio] y Antonio Martínez Ron [Catástrofe Ultravioleta].

Con el fin de dar mayor visibilidad a los podcasts de ciencia, le pedí a Martin (@misteriodelacie) que me ayudase a elaborar una lista de todos los podcast científicos en castellano.  No se trata de una selección, los que no están es porque se nos han olvidado y os pido por favor que me los comuniquéis para que pueda añadirlos. Cada uno de ellos cuenta con el enlace a su blog o a su página de ivoox. Os invito a que los escuchéis, y descubráis el gran trabajo que se está haciendo en este formato.

¡Que la Ciencia invada las ondas!

LISTA DE PODCASTS DE CIENCIA

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Celebrando el 25 aniversario del Hubble en @Buhardilla

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El pasado sábado me colé en La Buhardilla 2.0 para asistir a la celebración del 25 aniversario del Hubble, analizar los resultados de la VII Encuesta de Percepción Social de la Ciencia del FECYT y hablar con el gran Alfred López, más conocido como el “Listo que todo lo sabe”. Os puedo asegurar que ya sé con quién no voy a jugar nunca al Trivial.

Por lo que a la encuesta se refiere, creo que es necesaria para tomar cartas en el asunto. Por ello, me gustaría que en dicho informe, se detallasen y valorasen las actuaciones que se han realizado tras la anterior consulta y se expusiesen nuevas líneas de actuación. Es imprescindible seguir fomentando a diario el interés por la ciencia y estudiar nuevos métodos para llevarlo a cabo. Está claro que queda mucho por hacer y creo que, precisamente La Buhardilla 2.0, es un ejemplo magnífico de cómo se puede atraer a la ciencia y ofrecer contenidos rigurosos al mismo tiempo. Para mí es un placer que me dejen participar en el programa.

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El platito del día fue un exquisito pastel de cumpleaños de Álvaro para el telescopio Hubble. Cocinó la historia desde el inicio, cuando el Hubble era sólo un proyecto. El camino que hubo que recorrer para hacerlo realidad fue toda una Odisea y sus primeros pasos en el espacio casi acaban con la mismísima NASA. No os lo perdáis, fue toda una aventura.

En la entrevista, me concedieron el honor de presentar a Alfred, un gran curioso que desde niño se ha interesado por descubrir el porqué de todo cuanto le rodea y posee un talento excepcional para comunicarlo a los demás. Durante el ratito que pasamos con él nos desveló algunas de las curiosidades de su segundo libro “Vuelve el listo que todo lo sabe” e hizo una gran revelación. Pero no os preocupéis, no os la voy a explicar, no quiero haceros un spoiler del programa.

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La pregunta 137 para esta semana es: El gato de Schrödinger, ¿Está vivo o muerto? Recordaos de añadir la etiqueta #pregunta137 a la respuesta. Para mí está clara teniendo en cuenta que Schrödinger murió en 1961.

Para acceder al audio y leer con más detalles todos los contenidos del programa os enlazo a la entrada del Pograma 137 del blog de La Buhardilla 2.0

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«La poderosa belleza de lo inalcanzable» por Antonio Lorenzo (@last_ulfhedinn)

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Para celebrar que el telescopio Hubble lleva 25 años observando el Universo tengo el honor de contar con Antonio Lorenzo, un buen amigo que pertenece a la Asociación Astronómica del Bierzo, en Ponferrada. Durante este mes de mayo, la Asociación organiza una exposición con motivo del aniversario del telescopio en la que muestran diversas fotografías tomadas por el Hubble y un par de videos. Además, de cara a los más pequeños, todos los viernes de mayo ofrecen una actividad para colegios que consta de una pequeña charla sobre el Hubble y una observación solar.

Antonio ha realizado uno de los videos de la exposición y me ha concedido el deseo de presentarlo en el blog. Os dejo con sus palabras, con su forma de mostrar la poesía del Universo:

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Han pasado 25 años y nuestras preguntas siguen sin respuesta. Lejos de eso, las preguntas son cada vez más numerosas.

Cada vez que veo una imagen tomada por el Hubble, me imagino en caída libre hacia el fondo del conjunto de Mandelbrot, con sus paredes forradas de interrogantes.

El Hubble nos ha puesto ante los ojos pruebas convincentes de nuestro carácter infinitesimal, al menos cuantitativamente hablando, con respecto a la vastedad del universo conocido. Pero, ¿cómo podemos incorporar ese hecho a nuestro pensamiento?. ¿En qué medida afecta o debería afectar a nuestro comportamiento como especie y a nuestra relación con el entorno?. Veo una enorme distancia entre el hecho de ser infinitesimales y el que consigamos reconocérnoslo explícitamente a nosotros mismos.

Es indudable, por ejemplo, que hay un cambio climático y que nuestra especie tiene un papel innegable en el aceleramiento de los patrones de dicho cambio. Pero, en las escalas en las que nos empezamos a mover, ¿es esto motivo suficiente para considerar reprobable nuestro comportamiento como especie?. Porque se podría tener en consideración también que somos la única especie con capacidad suficiente para alterar todo nuestro contexto. De hecho, que yo sepa, somos la única especie capaz de atribuirnos un contexto.

Somos capaces de almacenar ingentes cantidades de conocimiento, pero nos mostramos más limitados a la hora de asimilarlo.

Con frecuencia, el ser humano se muestra cruel, descarnado y falto de aquellas características que le otorgan dicha condición. Pero también nos podemos mostrar magnánimos o implacables a la hora de juzgarnos a nosotros mismos. Lo que nos devuelve la condición de humanos.

Puede que en el camino que nos queda por recorrer como civilización tengamos que efectuar algún salto al vacío. Nos resultará extremadamente complicado porque este salto se opondrá diametralmente a todo lo que intentamos conseguir a través del conocimiento adquirido con nuestra capacidad de exploración, y que también creo que no es otra cosa que intentar pisar siempre sobre seguro. Pero no debemos perder de vista que ahí afuera, aparte de un vacío aterrador, existe una belleza que sólo nosotros somos capaces de apreciar.

Tras 25 años en órbita alrededor de nuestra casa, el Hubble nos ha dejado imágenes memorables. Me he permitido la libertad de recopilar algunos vídeos e imágenes y confeccionar un pequeño vídeo para conmemorar este aniversario. Os dejo con él y espero que lo disfrutéis.

 

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